Eventos en: Benilloba

Actualment no hi ha esdeveniments en Benilloba.

No obstant, et convidem a visitar i estimar Benilloba i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Benilloba, el pueblo de la cascada y los molinos del Frainós

Una cascada de casi 20 metros precipita las aguas del río Frainós junto al Molí del Salt, el rincón más singular de Benilloba, pueblo del interior de El Comtat conocido también por sus fachadas con azulejos antiguos de los santos.

Qué visitar en Benilloba

La iglesia de Santa Maria de Benilloba, del siglo XVIII, y el palacio del Conde de Revillagigedo son los edificios más notables del casco antiguo, donde todavía se conservan retablos de azulejos del siglo XVIII que representan a los santos patrones de cada calle. El lavadero municipal, bien conservado junto a una acequia de riego, fue durante generaciones el punto de encuentro de las mujeres del pueblo.

Encajado entre cinco sierras

Benilloba se alza a 520 metros de altitud, en el corazón de un valle formado por las sierras de Mariola, l’Almudaina, l’Alfaro, la Serrella y la Serreta. Junto con Benasau y Alcoleja, forma la subcomarca conocida como el Frainós, un territorio con identidad geográfica e histórica propia dentro de El Comtat.

Senderismo en Benilloba

La ruta circular por el río Frainós recorre los restos de un acueducto de origen musulmán y dos antiguos molinos harineros, el del Salt y el de les Penyes del Salt —este último, de 1852, reconvertido más tarde en una pequeña central hidroeléctrica—, hasta llegar al Salt de Benilloba, una cascada de casi 20 metros de altura. Otra opción se interna por el barranco de Cuixot, donde se conservan un antiguo molino y un acueducto de 1794.

El Tossalet del Calvari esconde una sorpresa para quienes se acercan caminando: un bosque de cipreses centenarios desde donde se contempla una vista panorámica excepcional del pueblo y la comarca. Es uno de los caminos cortos y reconfortantes del término.

La Nit de l’Olla: unas fiestas que empiezan riendo

En Benilloba las fiestas no se entienden sin reír. Mientras otros pueblos abren los Moros y Cristianos con toda la solemnidad de las bandas y la pólvora, aquí el pistoletazo de salida lo da una parodia: la Nit de l’Olla, en la que los propios festeros salen a la calle disfrazados para reírse, con buen humor, de todo lo que ha pasado en el pueblo —y en el mundo— durante el año. A diferencia del carnaval, cada filà guarda en secreto el tema que «criticará» hasta el último momento.

La fiesta la hacen tres filaes que se reparten las calles y el castillo: los Cristians de la Palmera, los Moros de l’Arrabal (o del Raval) y los Moros del Castell. Y tiene raíces documentadas: ya en 1747 se hicieron fiestas de moros y cristianos para celebrar el centenario de la proclamación de Sant Joaquim —«Sant Xotxim» en el habla local— como patrón, a quien el pueblo se había encomendado contra la peste que asoló el Reino de Valencia en 1647. Podéis leer cómo es el ciclo completo de las fiestas, día a día, en Moros i Cristians de Benilloba: la Nit de l’Olla i Sant Xotxim.

El aguardiente de Benilloba

Benilloba tenía fama por su aguardiente, y esa fama cruzaba sierras: cuando Joan Pellicer recogió en l’Abdet, ya en término de Confrides, la receta de un herberet de quince hierbas de Aitana, el anisado que le servía de base era, precisamente, aguardiente de Benilloba. Es la única de todas las recetas que Pellicer recogió por Diània que cita el pueblo, y podéis leerla en «La recepta d’herberet», el capítulo final de la serie Herbero Diànic de Diània Televisió. En el pueblo, además, a la melisa se le llama tarongina, igual que en Penàguila o Benimassot.

Curiosidades de Benilloba

De la cocina de campo de Benilloba quedó una exclamación muy gustosa a propósito de los cüols —los brotes tiernos del ajo que se freían como espárragos silvestres:

Una tortilleta de cüols, que bona és!

Pellicer entrevistó también a vecinos como Joaquim Llinares Llinares, «Xinxilla», labrador nacido en 1930, y Rafael Verdú Verdú, criado en el mas de Cantó hasta los 24 años y habitante de Benilloba desde hace décadas.

Y hay un rasgo que acaba definiendo a los benilloberos: en el pueblo todo el mundo se conoce por el diminutivo. Lo ha explicado el cronista local del blog Benilloba, que creció siendo «Enriquito» y un día descubrió que no era una excepción sino la norma: Marieta i Mariueta, Pepiquet i Pepiqueta, Ximet, Rafelet, Isabeleta, Tonico, Guillemet, Remeiets… hasta los apodos se dicen en pequeño (Roiget, Barreta, Rollet). Lo que podría parecer no acabar de crecer nunca, concluye, es en realidad una manera de ser del pueblo.

La música tiene también raíces profundas: la banda de Benilloba, la Filharmònica Benillobense, arrastra casi siglo y medio de historia y es quien abre la Nit de l’Olla acompañando a la corporación municipal.

Pellicer anotó en el pueblo un uso de la franzilla —nombre local de la culantrillo de pozo— que iba más allá de los remedios humanos: «Molt bo per a les ovelles quan tenen el part malament; i per a les dones també, antigament. Tasses. Prou amb dos fulles. Bullir fins que comencé a fer-se l’aigua verda, durant prou més de dos minuts.»

Fiestas en Benilloba

Las fiestas mayores se celebran a mediados de agosto en honor a Sant Joaquim (Sant Xotxim), con los Moros y Cristianos y la Nit de l’Olla. Durante la primera semana de septiembre los quintos organizan Les Danses, que se celebran durante cuatro días seguidos en la plaza de l’Omet: un dolçainer y un tabaler tocan en directo desde un cadafal mientras todo el pueblo participa bailando. Una tradición que en el pueblo siempre se ha hecho al terminar la siega y la trilla.