Eventos en: Salem

Actualment no hi ha esdeveniments en Salem.

No obstant, et convidem a visitar i estimar Salem i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Salem, el pueblo del redolí de montañas

Salem es un pueblo pequeño de la Vall d’Albaida, de poco más de cuatrocientos habitantes, asentado en un valle redondeado y cerrado de montañas que se abre hacia la umbría del Benicadell. Los árabes llamaban a este redolí “Halqa” -el círculo-, nombre que todavía resuena en la fuente y el antiguo asentamiento de l’Elca.

Un redolí habitado desde hace milenios

Las tierras de Salem ya estaban habitadas en la primera edad de los metales, como demuestra el enterramiento colectivo hallado en la Cova del Frontó, en la vertiente noroeste del Benicadell. La parroquia actual está dedicada a Sant Miquel Arcàngel -un edificio postrenacentista del siglo XVII- y el pueblo conserva también su Calvario. A mediados del siglo XVII tenía solo una veintena de casas habitadas; a comienzos del siglo pasado llegó a rondar el millar de habitantes, y el censo de 2023 contaba 401. Los salemers viven a 350 metros de altitud, en un término de 8,6 kilómetros cuadrados rodeado de barrancos: el de l’Arca, el de Salem, el de les Coves y el de la Font, que bajan hacia el río Micena buscando el río de Albaida, con las fuentes de la Barchilla y la Font Seca por el medio.

Las fiestas: tres días de septiembre y una fiesta de jóvenes en julio

El calendario festivo de Salem tiene tres citas. En enero, Sant Antoni Abat, el 17. En la segunda quincena de julio, la Festa dels Jóvens a la Virgen de la Aurora, que en un pueblo de este tamaño es tanto una fiesta como un relevo generacional. Y en septiembre, las fiestas patronales de los días 12, 13 y 14, dedicadas al Crist de la Pau, a Sant Miquel -el patrón, a quien se dedica una procesión de acción de gracias por su milagro- y a Sant Roc: misas solemnes, procesiones por el casco antiguo, música, juegos, verbenas y cenas de vecindad. En un municipio de cuatrocientos vecinos, las fiestas no son un acto más: son el día que vuelve todo el pueblo esparcido.

Senderismo: la fuente y balsa de l’Elca, y los olivos milenarios

El PR-CV 213, que atraviesa el Paraje Natural de la Ombria del Benicadell, pasa por el antiguo asentamiento de l’Elca y llega hasta su fuente y balsa, uno de los rincones más frescos del valle. La ruta se puede combinar con el tramo PR-CV 213.4 que sale del vecino Ràfol de Salem hacia la Casa Forestal de les Planisses, formando uno de los itinerarios más completos de toda la umbría del Benicadell. Por el camino, Joan Pellicer, en su investigación etnobotánica, documentó dos grupos de olivos de cerca de mil años: los del Hort de la Creu, en el primer bancal a mano izquierda del camino principal que va a la fuente de l’Elca, y los del mismo bancal de la Bassa de la fuente, testimonios vivos de siglos de cultivo en este redolí de montañas.

Las mayores alturas del término -el pico Marchalets, l’Alt de la Quilla, l’Alt de Serrella y la Nevera- quedan hacia el sur, ya haciendo linde con Beniarrés y l’Orxa, en el Comtat: Salem es, de hecho, uno de los pueblos bisagra entre la Vall d’Albaida y la montaña contestana, y limita también con Beniatjar y Castelló de Rugat.

El algarrobo macho: una lección de campo

De las conversaciones que Joan Pellicer tuvo con los labradores de Salem sale una explicación que resume siglos de observación agrícola. Al algarrobo que no da fruto -el que en otros pueblos llaman “garrofer judeo”- aquí lo describen sin rodeos:

«El judeo és el mascle per al garrofer.» I s’empelta perquè «es desenrotlle la garrofa; si no, es quedaria curteta.»

Es exactamente la misma práctica que documentan en Castelló de Rugat, en Benimantell o en Sanet i els Negrals: polinización explicada con el vocabulario de la casa, mucho antes de que nadie les hablara de botánica.

La alfàbega de pastor, el perfume del armario

Entre las hierbas que Pellicer recogió en Salem hay una especialmente apreciada: la alfàbega de pastor, una matita olorosa y de flor pequeña que se cría escasa por la umbría. En Salem, como en medio territorio, las mujeres la guardaban dentro de los armarios para perfumar la ropa y mantener lejos la polilla:

«L’alfàbega de pastor és una planta molt olorosa, fa una olor molt especial. Se’n cria molt poqueta i fa una flor molt bonica. La posaven dins dels almaris.»

«Les dones la posaven en l’armari entre la roba per a guardar-la», remataba otro vecino: un ambientador de ribazo, antes de que nadie comprara ninguno.

Curiosidades de Salem

El mismo recopilatorio de Pellicer guarda tres estampas pequeñas del pueblo que valen por un álbum de fotos:

  • La verruga y el ajo. «Gra cru d’all partit de través i passar-lo i refregar-lo per la barruga, i després el colgues en una maceta de terra seca sense regar, i quan es seca l’all, se’n va la barruga.» Medio remedio, medio conjuro.
  • Las coronas de vedriera. «La vedriera, quan érem xicotetes, la colliem per a fer corones» -el mismo juego que en Balones, Benimassot o l’Abdet, a menudo para la noche de Sant Joan.
  • Los dátiles de raposa. Los frutos del palmito, que la raposa devora en otoño: «me’ls he menjat quan io anava a caçar; estan dolços i filosets».

Vecino de Ràfol de Salem

Salem comparte nombre e historia con el vecino Ràfol de Salem, la antigua alquería “Raff al-Gïbz” que administrativamente estuvo ligada a Salem durante siglos: dos pueblos gemelos, separados solo por unos pocos kilómetros de la umbría del Benicadell. De su cocina compartida quedan el aceite, las almendras, la miel y, sobre todo, el arrop i talladetes, el dulce de otoño de toda la Vall d’Albaida.

Más información, en la web del Ayuntamiento de Salem.