Eventos en: Beniarrés
Actualment no hi ha esdeveniments en Beniarrés.
No obstant, et convidem a visitar i estimar Beniarrés i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.
Beniarrés, el pantano y la Cova de l’Or
En el flanco meridional del Benicadell, la Cova de l’Or de Beniarrés acogió hace siete mil años a los primeros agricultores y ganaderos del Mediterráneo; hoy, el pueblo se mira en el embalse que lleva su nombre, construido en 1971 sobre el río de Alcoi.
¿Qué visitar en Beniarrés?
La Cova de l’Or es uno de los yacimientos neolíticos más importantes del País Valenciano, y su Centro de Interpretación muestra réplicas y objetos originales hallados en las distintas excavaciones. El pantano de Beniarrés, junto con la desembocadura del barranc de l’Encantà, forma uno de los paisajes fluviales más bonitos de la Comunitat Valenciana. El término guarda también la microreserva de flora del Alt de Senabre, el paisaje protegido de la Solana de Benicadell y el paraje protegido del Serpis, atravesado por la Vía Verde.
De Benafarrez a Beniarrés
El nombre del pueblo aparece escrito por primera vez el 5 de abril de 1259, en una orden de Jaume I referida a la alquería de Benafarrez, entonces dentro del término del castillo de Planes. Dieciséis años después, el 25 de abril de 1275, el señor del lugar, Ramon de Riusec, otorgó la carta de población de Benefarez para pobladores cristianos: el documento que marca el inicio del Beniarrés que conocemos. Las dos fechas las documenta el recopilatorio de historia local Beniarrés, viatge al llarg dels temps, que todavía conserva el viejo nombre árabe en la cabecera.
Senderismo en Beniarrés
La Vía Verde del Serpis une Beniarrés y Vilallonga aprovechando la antigua vía del tren Alcoi-Gandia, el mismo trazado que evoca hoy el Museu del Ferrocarril d’Almoines. Los más aventureros pueden hacer la ruta circular que pasa por el pantano, la Cova dels Nou Forats, el Molí de Ros y el barranc de l’Encantà, o la que llega hasta el Castell de Perputxent siguiendo el río Serpis hacia l’Orxa.
La leyenda de la mora encantada
El barranc de l’Encantà nace cerca de Beniaia, en la Vall d’Alcalà, y es en el término vecino de Planes donde abre sus estrechos más espectaculares y donde todavía resta el molí de l’Encantà; después va a morir al Serpis dentro del término de Beniarrés, aguas arriba del pantano. Su nombre viene de una leyenda antigua que ya en 1797 recogió el botánico Antoni Josep Cavanilles: en el paso más cerrado del barranco, una piedra circular de unos cinco pies de diámetro, encajada como una ventana cerrada por encima del agua y en un lugar casi inaccesible, hacía imaginar al pueblo la entrada de una mina encantada:
Allí imaginà el poble la boca d’una mina on els moros amagaren els seus tresors, i deixaren encantada una donzella que cada cent anys ix per a tornar a entrar el mateix dia.
Cavanilles, hombre ilustrado, lo desmentía como fábulas «indignas de hombres sensatos», pero dejó constancia de un detalle revelador: sobre la piedra alguien había grabado dos cruces y el año 1573, señal de que la leyenda ya corría antes de la expulsión de los moriscos de 1609. La historia de la mora encantada ha inspirado después novelas y pinturas, y es un buen pretexto para caminar el barranco desde Planes hasta su desembocadura en Beniarrés.
Un pueblo de quinientos motes
En Beniarrés casi nadie se ha conocido nunca por su apellido. El recopilatorio de historia local del pueblo ha reunido cerca de quinientos motes, espigados de la memoria de los vecinos y de los papeles del archivo municipal y parroquial, donde empiezan a aparecer de manera sistemática en el siglo XVIII, sobre todo en las listas del reparto de la sal. Los hay de oficio (tejedor, panadero, carnicero, arriero, carretero, picapedrero), de rasgo físico y, los más bonitos para quien mira el mapa, los de procedencia: lorxano para quien venía de l’Orxa, salemera para quien venía de Salem, faxeca de Fageca, turballos de Turballos. Un censo entero de matrimonios, migraciones y caminos de herradura escondido dentro de una lista de apodos.
Fiestas en Beniarrés
Las fiestas patronales, de jueves a lunes a mediados de agosto, honran sucesivamente la Asunción de la Mare de Déu (15 de agosto), Sant Roc (16 de agosto) y el Santíssim Crist del Remei (17 de agosto), antes de acabar con la gran procesión de la patrona, la Mare de Déu de la Santa Cova, acompañada por la Unió Musical de Beniarrés y un castillo de fuegos artificiales.
La Rodà de les Aixames, la noche de Navidad
Hay otra fecha marcada a fuego en el calendario de Beniarrés, y la palabra es literal. La noche del 24 de diciembre, el pueblo es uno de los once de Diània que todavía salen a la calle con antorchas encendidas para recibir el solsticio de invierno: aixames, fatxos o xamel·les, según el pueblo, hechas de esparto —o, en la Vall de Seta, de espliego seco atado con cordel—.
Se preparan los días previos, con talleres y salidas a la montaña, y el gesto es siempre el mismo: encenderlas y hacerlas girar en círculo hasta que lanzan una lluvia de chispas que recuerda un enjambre de abejas, de donde muy probablemente viene el nombre de aixames. El etnobotánico Daniel Climent lo resume así: «és un cant pagà al creixement del sol».
Beniarrés se incorporó a la lista junto con Fageca, Benimassot y Millena, a los que hay que sumar Tibi, Xixona, Onil, Relleu, la Torre de les Maçanes, l’Orxa y Gaianes. Todos los detalles, en la Rodà de les Aixames de Diània.
Curiosidades de Beniarrés
El etnobotánico Joan Pellicer, en su tesis sobre el territorio diánico, documentó la figura de Miquel Jordà Castanyer, tallador de madera que bajaba troncos por el río Serpis desde Alcoi hasta l’Orxa, testimonio de un oficio fluvial ligado al mismo río que hoy recorre la Vía Verde. De su trabajo de campo viene también otra estampa de la vida rural: en Beniarrés se segaba en verano la «raspallera vera» para atar cepillos y escobas con que barrer la era a la hora de trillar el trigo. Y todavía una observación de buscador de setas: aquí tenían claro que la jara blanca —que en el pueblo llaman también femetera— «és molt criadora d’esclata-sangs, en cria quasi sempre».
Pellicer también recogió el secreto de cocinar los cúdols (espárragos silvestres) como los hacían en el pueblo, en una receta que llevaba su propia superstición incorporada:
El cúdol tendret per a fer “tortilletes” o fregir-ho en ou: i és mel, de categoria. S’han de fer sense respirar, sinós es trenquen, i és de veres en no res es trenquen.
Más información en la web del Ayuntamiento de Beniarrés.
