Eventos en: Rugat
Actualment no hi ha esdeveniments en Rugat.
No obstant, et convidem a visitar i estimar Rugat i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.
Rugat, el cerro arrugado que dio nombre a tres pueblos
Rugat es uno de los municipios más pequeños de la Vall d’Albaida: 3,2 kilómetros cuadrados de término y menos de doscientos vecinos, al pie de la umbría del Benicadell y sobre el trazado del antiguo camino real de Albaida a Gandia. Un pueblo agrícola y ganadero que ha sido fundado dos veces y que lleva escrito su nombre en la piedra.
El nombre: unas arrugas de piedra vistas por los romanos
Sobre el pueblo se alza el Algebassó -del árabe al-Jabbasun, ‘los yeseros’, por el yeso y la arcilla que se han explotado durante siglos. Los romanos se fijaron en las arrugas de piedra que coronan el cerro y lo bautizaron Monte Rugato, ‘el cerro arrugado’: de ahí viene Rugat. En el propio Algebassó y en la Serreta afloran restos ibéricos, y en el núcleo urbano y en el Molló, romanos.
Un jardín fundado por uno de los primeros árabes de al-Ándalus
Pero quienes fundaron de veras el pueblo y la huerta -251 hanegadas regadas por las fuentes que nacen al pie de la sierra- fueron los musulmanes. El cronista palatino de Córdoba Ibn Hazm, entre los siglos X y XI, cuenta que Rugat fue fundado y ajardinado por Labîb al-Fihrí, uno de los primeros árabes que llegaron a al-Ándalus, establecido en Xàtiva en el siglo VIII. Pocas alquerías de Diània pueden presumir de una partida de nacimiento tan antigua y tan bien documentada.
«El fet de Rugat»: la emboscada de al-Àzraq
Con las primeras taifas y el tiempo del Cid tomó cuerpo el castillo de Rugat, que -como ocurre a menudo con los nombres de este valle- no está en el término de Rugat sino en el de Aielo de Rugat. Tras la conquista feudal de 1245 vino la guerra contra el caíd al-Àzraq, y de ahí viene el nombre con que la historiografía conoce uno de los episodios más tensos de aquella guerra: «el fet de Rugat».
Lo dejó escrito el propio rey Jaime I en su Llibre dels Feits. Acercándose de noche a un castillo que al-Àzraq todavía tenía, el monarca -que no llevaba más de treinta y cinco caballeros- cayó en una emboscada montada con siete partidas de moros:
«Cuydà’ns trayr, que nós no érem més de XXXV cavallers, e ell donà’ns celada ab VII celades de moros e ab gran brogit de corns e de anafils, e ballesters que y havia molts e ab adargues. E, si no fos que nostre Senyor nos ajudà d’ell, haguere’ns mort e confondut.»
En otro pasaje, el rey recuerda esta encerrona como la única vez que un sarraceno le quebró la palabra dada sobre la rendición de un castillo: «anch sarrahí no·ns trenchà fe que·ns hagués promesa […] de Aladrac enfora, en lo fet de Rogat». La ofensiva de respuesta acabó con el caudillo mudéjar exiliado en Granada.
El pueblo que hubo que fundar dos veces
La alquería islámica no estaba donde hoy está el pueblo, sino donde todavía dicen els Casals -un nombre que en todas partes delata un despoblado. La peste de 1439 diezmó el vecindario y arruinó el lugar, y el abad de la Valldigna encargó al barón de Castelló de Rugat, Jaume Romeu i Pertusa, que lo volviera a fundar en el emplazamiento actual: era el año 1449. Rugat tenía trece casas en 1476 y veinte en 1563, tras el saqueo de los agermanats (1521) y la conversión forzosa al cristianismo (1525). La expulsión de los moriscos de 1609 se llevó unas cincuenta familias y costó mucho repoblarlo.
Desde 1336 y hasta la disolución de los señoríos eclesiásticos en 1835, quien cobraba las rentas de Rugat era el monasterio de Santa María de la Valldigna, en Simat. La alta jurisdicción de la baronía, en cambio, fue a parar a los Borja, duques de Gandia, entre 1499 y 1837.
Una mezquita bajo la iglesia y un retablo venido de la Valldigna
La iglesia de la Mare de Déu de Gràcia conserva la planta, la disposición y los muros perimetrales de la antigua mezquita del siglo XV; el interior se remodeló entre 1727 y 1798, con altares barrocos, rococó y neoclásicos, y el campanario es de 1959. El altar mayor luce un retablo renacentista de la Virgen de Gracia obra de Nicolau Borràs, el pintor de Cocentaina: no se pintó para Rugat, sino para la capilla de Gràcia del monasterio de la Valldigna, y llegó aquí con la desamortización de 1835. Del patrimonio civil quedan la casa de la Señoría del Abad de la Valldigna (siglo XVI), el antiguo molino señorial, el lavadero público y unos cuantos riuraus y secaderos de pasa.
El tiempo de la pasa
Entre finales del ochocientos y mediados del siglo XX, Rugat vivió su momento de esplendor gracias a la uva moscatel y a la pasa, con una proliferación de riuraus que todavía se reconoce por el término -y que emparenta este pueblo de interior con la Marina y con toda la ruta de los riuraus. El máximo histórico de población se alcanzó en 1950, con 288 habitantes. Después vino la emigración; el censo de la Acadèmia Valenciana de la Llengua le contaba 179 en 2014, con la tendencia girándose de nuevo desde el cambio de milenio.
El Palacio de Rugat
El Palacio de Rugat, de estructura sencilla, con tejado de teja árabe y muros de mampostería, es el edificio más notable del casco antiguo: hoy habitado y en muy buen estado de conservación. Por las calles del pueblo todavía se reconoce el trazado del antiguo asentamiento morisco, testimonio de una época en que la alfarería marcaba la economía de buena parte de esta zona de la comarca.
Un nombre compartido, tres pueblos distintos
Rugat da nombre, junto con Aielo de Rugat y Castelló de Rugat, a tres municipios distintos de la comarca, cada uno con su propia identidad: el castillo medieval que a menudo se llama “de Rugat” pertenece en realidad al término de Aielo, y la tradición alfarera que da nombre a la comarca se liga a Castelló. Rugat, el más pequeño de los tres, mantiene un carácter propio, más discreto pero igual de arraigado a la tierra. Los tres pueblos comparten el acceso a la Ombria del Benicadell, un espacio natural protegido a los pies de la cresta caliza que corona a los 1.104 metros.
Las fiestas: San Bernardo a finales de julio
Rugat celebra sus fiestas mayores a finales de julio, en honor de San Bernardo, el Crist dels Prodigis y la Divina Aurora. La segunda cita del calendario festivo es el 22 de febrero, el día del Reservado del Santísimo Sacramento.
El paixarell de Rugat
Rugat aparece en la conocida cancioncilla popular que reparte los pájaros del Benicadell entre los pueblos del alrededor, junto con Terrateig, Montitxelvo, Aielo de Rugat y Beniatjar:
“En Terrateig caderneres,
en Montitxelvo els reiets,
en Aielo els gafarrons,
en Rugat el paixarell
i en Beniatjar les gralles
en l’alt del Benicadell.”
Senderismo: el camino real, la umbría y los barrancos de les Fonts
El término lo drenan los barrancos de les Fonts y de Llopis, que unidos forman el río de Nassiu o Vernissa -el mismo río que más abajo riega la huerta de Ròtova y Almiserà antes de llegar al llano de Gandia. Pasearlos es, literalmente, caminar por el nacimiento de un valle entero.
Los caminos históricos del término todavía se pueden hacer a pie y están recogidos uno a uno en el fascículo de toponimia de la AVL: el camino Real de Albaida a Gandia, que atraviesa el pueblo y que era la gran vía de conexión entre la Vall d’Albaida y la Safor; el camí de l’Ombria, que sube hacia la ladera norte del Benicadell; el camino del Barandano, hacia la loma del mismo nombre; y el camino de Aielo a Sarient. Desde cualquiera de ellos se accede a la cresta del Benicadell, compartida con Beniatjar, Otos, el Ràfol de Salem y Salem.
Joan Pellicer describió la senda que sube al castillo de Rugat como un camino que va “dalt dels transparents tolls del barranc plètoric de murteres i baladres”, e incluyó la Carrasqueta de Rugat en su lista de carrascales notables de Diània, junto al Carrascal de la Font Roja de Alcoi y la Carrasqueta de Xixona.
Curiosidad: los tres ajos del reúma
De la medicina popular recogida por Pellicer en el pueblo ha quedado un remedio bien concreto contra el reúma, de los que se hacían en casa y no en la farmacia:
«Prendre en dejú tres grans d’all trossejats, engolits a grapaets amb aigua; a la nit repetir o menjar-se els tres alls en l’ensalà.»
Un pueblo de paso para los escritores de la Montaña
Rugat ha sido también parada de las giras culturales que el escritor Just Sellés hace cada verano por Diània: la presentación de su novela “Amira, l’última flor de la muntanya” pasó por el pueblo junto con Margarida, Beniatjar, Quatretondeta y Carrícola.
Más información, en la web del Ayuntamiento de Rugat.
