Eventos en: Ròtova
Actualment no hi ha esdeveniments en Ròtova.
No obstant, et convidem a visitar i estimar Ròtova i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.
Ròtova, el pueblo que creció a la sombra de Cotalba
Ròtova es un pueblo de la Safor, en el valle del Vernissa, cuya historia es inseparable del monasterio de Sant Jeroni de Cotalba, en el vecino término de Alfauir. Un pueblo que, desde el siglo XV, ha vivido a la sombra -y al abrigo- de una de las joyas del gótico-mudéjar valenciano.
De señorío a posesión del monasterio
Ròtova tuvo diversos señores a lo largo de su historia, entre ellos Arnau de Sarina, que en 1424 cedió el pueblo al monasterio de Sant Jeroni de Cotalba, fundado por el duque de Gandia Alfons el Vell en 1388 y sede de la primera comunidad jerónima de la antigua Corona de Aragón. La fundación del monasterio supuso un gran impulso para Ròtova y para todo el valle del Vernissa, dinamizando su actividad económica y social durante siglos. Todavía hoy, el futuro del cenobio es una cuestión que moviliza la comarca: en 2026 se abrió una campaña de alegaciones contra el proyecto de convertirlo en un hotel termal de lujo.
Tres generaciones guardando Cotalba
Que el monasterio y el pueblo van unidos no es una frase hecha: hay familias de Ròtova que han hecho de la custodia de Cotalba un oficio hereditario. Joan Balbastre Polop, nacido en el propio convento el 29 de febrero de 1932, era ya la tercera generación de guardas de la familia cuando Joan Pellicer lo entrevistó para su investigación etnobotánica del territorio diánico:
«Ma uelo va ser qui va començar venint ací al convent; era el guarda de la finca. Ací va nàixer mon pare i vaig nàixer io. Io conesc totes les pedres. Vaig anar a l’escola de Ròtova i als 14 anys vaig començar a treballar, i he fet de tot.»
Su padre murió a los 92 años sin haberse movido nunca del lugar. La familia Balbastre se reparte por todo el valle: otro Balbastre, Vicent, nacido en Ròtova en 1933, acabó de cabrero, cazador y colombaire en el vecino Alfauir.
La Jota de Ròtova, de vuelta del archivo
A finales de los años ochenta, dos vecinas -Elena Morant Faus y Josefa Polop Tavallo- cantaron ante los micrófonos de los Tallers de Música Popular las tonadas que habían aprendido de niñas. Aquellas cintas quedaron dormidas en un archivo cuarenta años, hasta que la Associació La Vihuela las ha usado para reconstruir la Jota de Ròtova, en dos variantes de baile que ya se pueden escuchar en las plataformas digitales. El pueblo la volvió a bailar el día de Sant Bertomeu, en el pla de Missa, y no solo los grupos de danzas: cualquier vecino que se animara.
«Recuperar la nostra música és també recuperar una part de qui som.»
Las fiestas: cuatro días y cuatro devociones
Las fiestas patronales de Ròtova se reúnen a principios de septiembre y reparten los días entre cuatro colectivos de festeros, cada uno con su devoción: el Crist de la Fe, la Mare de Déu de la Salut -la patrona-, la Divina Aurora y Sant Bertomeu, que es la fiesta del Ayuntamiento y cierra el ciclo. Todo empieza con la presentación y coronación de la Reina de Fiestas.
De la semana quedan algunos momentos marca de la casa: el Rosario Cantado de las seis de la mañana el día de la patrona, el almuerzo popular en la plaza Mayor el día de la Aurora, la paella en la calle Comtes de Ròtova, los castillos de fuegos de cada noche y, el último día, la Muixeranga de la Safor haciendo torres por las calles antes de la procesión de Sant Bertomeu, y las partidas de raspall en la calle Sant Vicent Ferrer, con el alumnado de la escuela de pilota del Aulari.
El Porrat de Sant Macià
Ròtova cierra cada año los porrats de invierno con el Porrat de Sant Macià, una ferieta con más de cien años de historia que reúne gente venida sobre todo de la Vall d’Albaida y la Safor, con bailes tradicionales y una buena muestra de cultura valenciana.
La Noche de Sant Joan: coronas y farolillos de melón
Ròtova conserva en la memoria oral una de las tradiciones más vivas y sensoriales del solsticio de verano: la noche de Sant Joan, los niños del pueblo se coronaban con tiras de flores que les colgaban por la espalda y salían a dar vueltas por el pueblo con farolillos hechos de melones vaciados y encendidos por dentro, parándose en las casas de los joans y las joanes y de los batistes para que los invitaran. Una costumbre que Joan Pellicer documentó de boca de los propios vecinos en su investigación etnobotánica sobre el territorio diánico.
El olor de murta, el olor de fiesta
El mirto (la murta) ha sido desde siempre el arbusto de las fiestas en Ròtova: se esparcía por las calles en las comuniones, el Corpus y cualquier celebración. Un vecino del pueblo lo explicaba así a Pellicer:
«La tirem més que res per l’olor, per l’aroma, a part que no punxa i és bona de segar. En una paraula és l’olor, l’aroma quan la gent la xafa, i fa un contrast entre la pólvora de les traques i la música, que fa festa. Quan ixes al carrer i sents olor de murta, dius, ja estem en la festa!»
El mismo testimonio señala que en el vecino Alfauir hay todavía más mirto que en Ròtova, porque es un paraje más umbrío -por eso la partida se llama allí el Murtar.
Un remedio de la orilla del río
De la misma memoria etnobotánica viene un remedio bien humilde: en Ròtova se hervía hoja de caña para fortalecer la sangre, según le contó a Pellicer un vecino conocido como Paco de Ròtova. La caña, que crece al abrigo del agua del Vernissa, era un botiquín de la orilla del camino; en Gandia, con la misma intención, aprovechaban sus raíces para «rebaixar la sang» (rebajar la sangre).
Senderismo por el valle del Vernissa
El PR-CV 100 Ròtova, de unos 9,2 km y 3 horas y media, explora los paisajes variados del término, entre huerta y caminos agrícolas, y se puede enlazar con la ruta que atraviesa Alfauir hacia el valle de naranjos en flor. La Diputación ha impulsado una futura vía ciclopeatonal del Vernissa que unirá Alfauir, Ròtova, Almiserà y Llocnou de Sant Jeroni siguiendo el curso del río, y que en el futuro completará la llamada Ruta de los Monasterios hacia Ador y el Real de Gandia.
En los barrancos del término hay, además, un patrimonio vegetal que Joan Pellicer destacó expresamente: los madroños del barranc de Borró, que él calificaba de «preciosos» y el barranco de «riquísimo», entre los mejores de todo el territorio diánico. El madroño -el árbol de los madroños rojos, esféricos y granulosos, que tardan un año en madurar- es, decía, «l’arlequí dels nostres barrancs» (el arlequín de nuestros barrancos). Otro barranco del término, el barranc del Garrofer, se adentra en la sierra de Marxuquera hacia Gandia.
Más información, en la web del Ayuntamiento de Ròtova.
