Eventos en: Montitxelvo

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No obstant, et convidem a visitar i estimar Montitxelvo i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Montitxelvo, el pueblo de la torre gótica y los reyezuelos del Benicadell

Montitxelvo es un pequeño municipio de la Vall d’Albaida que conserva, en lo alto de la calle Dalt, el eje medieval de lo que fue una alquería morisca y después un señorío feudal. Hoy es, sobre todo, un pueblo tranquilo a la sombra del Benicadell, lo bastante pequeño para que hasta sus pájaros tengan cancioncilla propia.

Un castillo hecho «en el lugar que mejor le parezca»

La documentación sitúa Montitxelvo en manos de Vidal de Vilanova ya el 21 de enero de 1301, cuando Jaime II vendía los castillos de Carbonera y Rugat a Joan de Bellvís y el lugar, junto con Terrateig, constaba como sede. Los Bellvís se lo fueron repartiendo por testamentos —en 1327, Guillem de Bellvís dejaba Montitxelvo y Terrateig a su hijo Bernat—, y en 1353 Pedro el Ceremonioso vendía a Vidal de Vilanova, tutor del joven Joan de Bellvís, la jurisdicción civil y criminal de Montitxelvo y Terrateig por tres mil sueldos. La fecha que interesa al visitante es, sin embargo, otra: el 25 de febrero de 1358, cuando el mismo rey le dio permiso para alzar un castillo en Montitxelvo, en el lugar que mejor le parezca. De aquella licencia tan abierta viene la torre que todavía corona el pueblo. (Fuente: base de datos de señoríos históricos valencianos de la Universitat de València.)

El resto de la cadena tiene episodios de novela. En 1388 el justicia de Valencia embargaba la baronía de Montitxelvo y las alquerías de Terrateig, Micrién y el Rafalet porque Vidal de Vilanova debía dinero de un préstamo a dos prestamistas judíos, uno de la morería de Xàtiva y otro de la judería de Valencia. En 1474 el señor de Terrateig denunciaba al de Montitxelvo ante el gobernador por haber acogido a unos cuantos vasallos mudéjares huidos de sus tierras. Y en 1504 los señores de los dos pueblos tuvieron que defenderse de la denuncia de la duquesa de Gandia, María Enríquez, por haber hecho un azud en el río Vernissa: el agua, aquí, siempre ha sido motivo de pleito.

De la alquería morisca a la carta de poblamiento

La alquería continuó poblada por musulmanes después de la conquista: en 1534 tenía 50 casas moriscas y se constituyó ese mismo año como parroquia independiente de la Pobla del Duc. En 1609 Montitxelvo todavía consta como «lugar de moriscos», con las aldeas de Micudient y el Rafalet incluidas en la baronía. La expulsión dejó el término vacío, y el 17 de agosto de 1611 el señor Diego Vives, caballero de Santiago, otorgaba mediante un procurador la carta de poblamiento que debía volver a llenar el pueblo. Aquellos dos lugarejos, Micudient y el Rafalet, ya no se recuperaron jamás: hoy solo son nombres de partida.

La torre del castillo-palacio y el casco antiguo

Del castillo-palacio de Montitxelvo se conserva una torre defensiva de dos plantas con nervaduras ojivales y un tramo de la muralla medieval, junto a la calle Dalt, que mantiene todavía el trazado urbano original. Completan el patrimonio del pueblo la iglesia de Santa Anna, la font de Baix, la plaza Cervantes, la ermita del Salvador y los retablos cerámicos tradicionales que se encuentran por las calles.

Los reyezuelos de Montitxelvo

Montitxelvo aparece en la cancioncilla popular que reparte los pájaros del Benicadell entre los pueblos de alrededor, una tradición oral compartida con Terrateig, Aielo de Rugat y Beniatjar:

“En Terrateig caderneres,
en Montitxelvo els reiets,
en Aielo els gafarrons,
en Rugat el paixarell
i en Beniatjar les gralles
en l’alt del Benicadell.”

El enviscador y el “llonge” del Benicadell

La relación de Montitxelvo con sus pajarillos no es solo literaria: el etnobotánico Joan Pellicer conoció aquí, a comienzos de los años 2000, a Batiste Faus Penalba, nacido en 1919 y que se definía como “obrero, labrador, boletaire, enviscador” —es decir, uno de los últimos que todavía sabían preparar el llonge, la liga casera para cazar pajarillos con los que repoblar las jaulas del pueblo. La planta, la Andryala ragusina, se recoge y se hierve con trementina y aceite hasta hacer una pasta pegajosa que se untaba en las ramas. En Montitxelvo, además, se le conocía un segundo uso bien curioso: aplicado sobre un grano o pústula, “el llonge… el xuplava”, es decir, ayudaba a hacerlo supurar.

El término conserva también la memoria de aquel oficio en la toponimia: la partida del Murteral, el barranco del Collado y la fuente de Ferri, donde aún crecen mirtos a la orilla del agua, tocando al barranco de la Font d’Aielo de Rugat.

Curiosidades: “roses i uelos”, “nyestos” y un cerraja con diminutivo

El propio catálogo de Pellicer deja otros rastros de cómo se habla aquí. En Montitxelvo, las palomitas de maíz son «roses i uelos», la versión local de un juego de nombres que recorre todo el territorio: en el valle de Guadalest las llaman xofes y uelets, en Llíber y Xaló gallets, y todavía hay quien dice monges i frares o roses i tostons —todo para nombrar el mismo grano de maíz reventado al fuego.

El aladierno, aquí, es el nyesto, el mismo nombre que en Barx, Otos, Parcent, Fageca o l’Abdet, y que en Margarida se vuelve nyestolera y en la Marina, soflama. Y hay un caso que es exclusivo del pueblo: la cerraja punzante, que la gente de Alcalà de la Jovada llama serralla, en Montitxelvo es el llicsó punxonoset, con diminutivo. En todo el catálogo diánico no hay ningún otro lugar que lo llame así.

Fiestas: cuatro días de mayo, cuatro advocaciones

A diferencia de la mayoría de pueblos de la comarca, Montitxelvo no hace fiesta grande en agosto. Las fiestas patronales empiezan el primer fin de semana de mayo y se alargan de sábado a martes, con el viernes de víspera. Cada día tiene su advocación —sábado, la Inmaculada; domingo, la Mare de Déu del Roser; lunes, el Cristo del Perdón; martes, la Divina Aurora— y, sobre todo, sus festeros: no siempre es una comisión, sino que los días grandes los representan los chicos y las chicas de una misma quinta (sábado y martes), y también pueden ser familias enteras o pandillas de amigos. Un pueblo de poco más de doscientos habitantes que se reparte la fiesta por generaciones. La banda propia del pueblo, la Unió Musical de Montitxelvo, pone la música.

Senderismo: el paraje de les Penyes Albes

Montitxelvo comparte con Terrateig y Aielo de Rugat el Paraje Natural Municipal de les Penyes Albes, un espacio protegido de alto valor botánico y paisajístico por el que discurre el PR-CV 390. La ruta circular sale del pueblo y pasa por la font de Baix, el acueducto del Planet, la bassa del Sastre, la fuente de Ferri y la font de l’Hedra —las mismas fuentes que aparecen documentadas en la tesis de Joan Pellicer como lugares de mirtales—, para subir hasta el coll de Martinent y el refugio forestal de la Planissa. Una manera excelente de recorrer, a pie, el mismo territorio que antes se conocía planta a planta y fuente a fuente.

El municipio participa también en el ciclo de narración oral Contes a la fresca, que recorre cada verano los pueblos de la Vall d’Albaida.

Más información, en la web del Ayuntamiento de Montitxelvo.