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No obstant, et convidem a visitar i estimar Llíber i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Llíber, viñas de piedra seca entre montañas

Llíber es un pueblo de la Marina con un centro histórico bien conservado, rodeado de montañas y de viñas de moscatel plantadas con la técnica de la piedra seca, reconocida por la UNESCO como patrimonio inmaterial de la humanidad.

En el fondo de la Vall de Pop, entre el río Xaló y la Serra del Castell de la Solana, Llíber es uno de esos pueblos que caben en una mirada: cuatro calles de casas blancas, un campanario y, todo alrededor, el mosaico de bancales de moscatel sostenidos por muros de piedra colocada sin mortero. Pero detrás de esa postal hay una historia poco corriente: la de un pueblo que murió del todo en 1609 y que volvió a nacer dos años después con gente venida del otro lado del mar.

El castillo de Aixa

El castillo de Aixa corona la Serra del Castell de la Solana, la montaña más alta que se reparten los términos de Llíber, Xaló, Gata de Gorgos y Pedreguer. La vieja demarcación del castillo de Aixa —un hisn andalusí— se partió en dos señoríos que dieron origen a las baronías de Alcalalí-Mosquera y de Xaló-Llíber. El PR-CV 53 sube al castillo desde la misma plaza Mayor de Llíber -donde hay un panel informativo del itinerario-, pasando primero por la iglesia de los Santos Cosme y Damián y después por la depuradora del río Xaló, antes de encarar la subida final hasta el antiguo poblado ibérico y la fortaleza, con vistas que llegan hasta el mar. Desde aquí se entiende de un vistazo la Vall de Pop entera, con Parcent, Murla y Benigembla esparcidos valle arriba.

Una loncha de Llucmajor en la Marina

La expulsión de los moriscos de 1609 dejó Llíber -que entonces tenía unas veinticinco casas moriscas y era anexo de Xaló- completamente despoblado. El 12 de septiembre de 1611, el señor don Pere de Montagut i d’Híxar otorgó la carta de poblamiento del valle de Xaló a veintisiete cabezas de familia que, según el propio documento, «al present són pobres y gent menesterosa». No decía su procedencia; la han reconstruido los historiadores Antoni Mas Forners y Joan-Lluís Monjo Mascaró a partir del archivo parroquial de Xaló: diecisiete de ellos eran de Llucmajor, tres de Santa Margalida y uno, probablemente, de Manacor. Todos, mallorquines.

No és freqüent trobar un poble on pràcticament la totalitat dels seus repobladors siga d’un mateix punt d’origen; com si haguérem tallat una llenca del poble mallorquí i l’haguérem posat a les terres de la Marina.

De aquella loncha vienen los apellidos que todavía hoy están bien vivos en el pueblo —Mas, Monjo, Montserrat, Oliver, Femenia, Avellà, Cirerol, Fullana, Puigserver— y todo un poso de mallorquinismos que pervive en el habla de Llíber y de Xaló, y que hermana el pueblo con los demás núcleos de repoblación balear de la montaña diánica: Tàrbena, Castell de Castells o la Vall d’Ebo. La documentación notarial de Llucmajor del siglo XVII todavía nombra, uno por uno, a los llucmajorenses establecidos «al regne de València»: Antoni Puigserver en 1613, Pere Morell en 1634, Pere-Joan Oliver y Mateu Catany en 1652.

Los pueblos que no volvieron

La repoblación de 1611 solo contemplaba volver a llenar dos núcleos del valle: el Ràfol —el actual Xaló, que con el tiempo tomaría el nombre del valle entero— y Llíber. Las demás alquerías moriscas del valle (Almassarof, Benibraim, el Cau, Marnes y la Murta) quedaron despobladas para siempre, y hoy solo quedan sus nombres en los mapas y alguna pared entre los bancales. Un detalle menudo, recogido por los mismos historiadores, dice mucho de cómo iban las cosas en aquellos primeros años: en 1622 Llíber ya tenía cementerio propio y Xaló todavía no.

Los riuraus y la escaldà de la pansa

Antes que el vino, el moscatel de Llíber se hacía pasa, y todavía hoy el pueblo conserva vivo ese ritual. Esparcidos por la falda de la montaña y por la partida de los Cairons, los riuraus —construcciones abiertas con arcadas donde se resguardaban los cañizos del rocío— forman un conjunto de gran valor paisajístico, testimonio de una época en que la pasa de la Marina Alta se exportaba a todas partes y movía la economía de toda la comarca. El proceso empieza con la escaldà: la uva se sumerge unos segundos en agua hirviendo con lejía casera y hierbas (botja rossa, jolivarda, tomillo) para que la piel se abra y se seque antes al sol sobre los cañizos. Cuando ya es pasa, se corta y se encaja en cajas de madera forradas con papeles de seda pintados a mano, las camisetes. La faena más delicada —cortar y encajar— era cosa de mujeres, que cantaban mientras trabajaban. En 2018 la escaldà de Llíber fue declarada Bien de Interés Cultural del Patrimonio Inmaterial Valenciano, y cada final de agosto el pueblo la recrea en la Fira del Llaurador, cuando doce capazos de la mejor uva bajan del riu-rau del Ganxo en carros tirados por caballos y mulas hasta el Fornet.

Curiosidades: gallets, monges i frares

En las Marinas cada pueblo tiene su nombre para las palomitas de maíz, y el mapa de esos nombres es una de las cosas más divertidas que recogió el médico y etnobotánico Joan Pellicer por el territorio diánico. En Llíber y en Xaló —y prácticamente solo aquí— las llaman gallets. Pero en el mismo pueblo convive la pareja más extendida por la Safor y la Marina: monges las que estallan y frares las que se quedan sin abrir. Valle arriba y montaña adentro el nombre cambia a cada recodo: xofes en Callosa d’en Sarrià y en el Castell de Guadalest, xofes i torrons en Benimantell, roses i quicos en Gata de Gorgos.

Enoturismo

Llíber es una parada obligada para los amantes del vino: Bodegas Jalón, a pocos minutos del pueblo, ofrece catas de mistela y vinos blancos de moscatel, junto con tintos de la zona. Casa Agrícola Pepe Mendoza, pionera en enoturismo sostenible en la Marina, ofrece visitas guiadas a viñas de piedra seca plantadas entre 1920 y 1970, de un valor patrimonial y paisajístico extraordinario, seguidas de una cata de vinos con queso y embutido ibérico. Bodegas Riko completa la oferta enoturística del pueblo.

El Pla de Llíber

El Pla de Llíber es un buen lugar para pasear y contemplar la atención que se pone en el cultivo de la viña, con un paisaje que cambia de color con las estaciones del año. En agosto, cuando se cosecha el moscatel, el aire huele a dulzor que se nota desde la carretera.

Más información, en la web oficial del Ayuntamiento de Llíber.