Eventos en: Gata de Gorgos
Actualment no hi ha esdeveniments en Gata de Gorgos.
No obstant, et convidem a visitar i estimar Gata de Gorgos i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.
Gata de Gorgos, el pueblo del mimbre
Gata de Gorgos es la capital de la artesanía del mimbre y el esparto en la Marina, un pueblo donde todavía se pueden ver manos expertas tejiendo cestas, sombreros y muebles con fibras naturales, tal como se ha hecho durante generaciones.
De la alquería del rey de Dénia al apellido «de Gorgos»
Gata nace como alquería musulmana hacia el año 1023, ligada directamente al rey de Dénia, Abu Muyàhid; no tuvo cadí islámico propio hasta el 1030. En 1075 vivían allí unas 300 personas, un número que fue menguando por una epidemia de cólera que empujó a muchos vecinos a emigrar hacia Alcoi. A finales del siglo XV el lugar pasó a manos de los Íxer, señores también de Xaló, y en 1535 se desmembró eclesiásticamente de Dénia para erigirse en parroquia propia.
El sobrenombre que le da nombre completo es mucho más reciente: se impuso por real decreto ya en el siglo XX, sencillamente para no confundirla con la otra Gata, la de Extremadura. El río Gorgos —el mismo Xaló— pasaba por aquí desde siempre; la única novedad fue ponerlo en el DNI. (Fuente: Ayuntamiento de Gata de Gorgos, a partir del fascículo Toponímia dels pobles valencians: Gata de Gorgos, de Joan Giner Monfort.)
La artesanía: mimbre, esparto y guitarras
En torno a la plaza de España y a ambos lados de la N-332 se concentran las tiendas de artesanía de Gata: cestas de palma, sombreros de paja, cestas de esparto, alfombras de fibras naturales y muebles de mimbre. Todavía hay abiertos en el pueblo talleres de zapatería y cestería y, sobre todo, una fábrica de guitarras donde se puede ver en directo el proceso de fabricación de estos instrumentos artesanales.
El trabajo de la palma y el comercio de la pasa están documentados en el pueblo desde el siglo XV, y han sido las dos industrias que lo han sostenido. La llata (el trenzado de palma), sin embargo, tenía manos concretas: la tejían las gateras, con el palmito del margalló blanqueado y secado. En los años sesenta del siglo pasado tanto la pasa como los objetos de llata quebraron, y las fábricas fueron cerrando o transformándose en empresas de muebles y de importación. Quizá por eso Gata no apostó por la construcción turística hasta el nuevo milenio, y ha conservado bastante bien el término y las tradiciones.
La palma que blanquea con el rocío de la luna
Antes de que haya cesta tiene que haber palma, y antes de que haya palma hay que subir a la montaña a coger ullols: los brotes tiernos del margalló, aún plegados y cubiertos de una pelusa blanquecina, que en Gata se cogen por junio. Joan Pellicer recogió en el pueblo el secreto de cómo aquella hoja verde se volvía de un blanco limpio, apta para deshilar y trenzar la llata:
L’ullol es cull en juny i es seca a l’ombra, si no es fan negres. Després les traus i les tens al camp, i vas girant-les, i de la rosà de la lluna de la nit es fan blanques.
Los masos, los riuraus y los que se fueron
El siglo XIX fue el de máximo auge de la pasa, y eso cambió la cara del término: se hicieron grandes masos —así llaman aquí a los abancalamientos de montaña— para plantar moscatel, y se levantaron riuraus por todas partes para proteger la pasa de la lluvia.
Pero el mismo siglo trajo la otra cara. Entre la segunda mitad del XIX y el principio del XX, la emigración vació casas enteras: hubo familias que se fueron a trabajar a la Ribera o a la vendimia a Francia, y muchas otras que marcharon a Argelia y, sobre todo, a Argentina, Cuba y los Estados Unidos. La misma historia que en Benigembla o en Pedreguer: la pasa dio de comer y, cuando falló, dio billetes de barco.
Qué visitar
Pasear por el centro permite descubrir calles con retablos cerámicos en las fachadas, la iglesia parroquial de Sant Miquel Arcàngel (siglo XVII) y casas señoriales del siglo XIX. El Museo Arqueológico y Etnográfico reúne hallazgos desde el Paleolítico hasta la Edad Media, mientras que la Colección Museográfica Permanente Solerbags muestra el talento artesano aún vivo en el municipio.
La ermita del Calvario y las Coves Roges
La ermita del Santísimo Cristo del Calvario ofrece vistas privilegiadas sobre el pueblo, mientras que las Coves Roges, junto al río Gorgos, deben su nombre al color rojizo intenso de la roca —la oxidación ha vuelto roja la piedra caliza— y guardan pinturas y grabados del Paleolítico superior, protegidos por la UNESCO.
Las fiestas del Santísimo Cristo
El calendario de Gata gira en torno al Santísimo Cristo del Calvario. A finales de julio, la imagen baja en procesión desde el Calvario hasta la iglesia del pueblo, donde se queda durante todos los días de fiesta hasta que, el 6 de agosto, vuelve solemnemente arriba: es el acto más sentido del año. Por el medio, la presentación de la quintà —los jóvenes que cumplen los dieciocho años, acompañados de música por las calles—, la ofrenda floral del día 5 y el concierto de la Unió Musical de Gata en la plaza de la iglesia.
La pasa y el Calendario de las Cebollas
El pasado pasero de Gata no se llevó solo los riuraus: dejó también la memoria de las hierbas que daban color a la uva cuando se escaldaba. El etnobotánico Joan Pellicer recogió en Gata el uso de la botja pansera para teñir la pasa, e incluso el mapa mental de quien la recogía, camino de Calp y Benissa:
Talles dos rames i les poses dins de la caldera quan bull, i fa color. Saps on hi ha molta botja pansera? Allà als Fanàdixs, en tota la costa eixa cap a Calp es cria molta herba d’eixa.
El propio Pellicer dejó constancia de una tradición que él atribuye en exclusiva «al singular pueblo de Gata»: el Calendario de las Cebollas, un pronóstico casero del tiempo que se hacía la noche de Sant Joan y que predecía, mes a mes, cómo vendría el año:
La nit de Sant Joan es posen 12 clafolls de ceba, cadascun amb un paperet escrit baix amb el nom de cada mes de l’any, i es posa un pessic de sal dins de cada clafoll. Es deixa tota la nit a la serena. L’endemà, hi ha clafolls on la sal s’ha tornat aigua, que indica pluja, i segons que tinga més o menys aigua el mes serà més o menys plovedor. Els clafolls on la sal està seca indiquen que el mes corresponent serà eixut.
Hierbas, dichos y árboles con nombre
Del mismo archivo de voces de Gata salen dos joyas pequeñas. Una es un dicho que resume en pocas palabras por qué se tomaba la centaura: «centaura o santaura: dins de tres dies menges a taula», por aquello de recuperar el apetito. La otra es un aviso de abuela sobre la clemátide, que en el pueblo llaman tombadents:
Al meu poble li diuen tombadents, i quan era xicoteta ma uela em dia: «no toques eixa planta, que et cauran les dents».
Y quien quiera buscar árboles con nombre propio en el término, Pellicer catalogó tres: el formidable algarrobo de Pere dels Cireres, el esbelto garguller de la Font de la Mata —a los pies de dos lentiscos viejos y robustos— y el eucalipto del Pou de la Rana, que preside dos hileras de moreras antiguas.
Un dulce de Navidad: la Peruana
Entre los dulces que Joan Pellicer catalogó en Gata está la Peruana, un dulce de Navidad hecho con pasta de almendra molida, cabello de ángel y fruta confitada: un recordatorio de que, en el pueblo del mimbre, la pasa y la almendra también han endulzado siempre las fiestas.
Senderismo en Gata de Gorgos
La Ruta del Río Gorgos, de dificultad baja, sigue el curso fluvial que da nombre al pueblo y que baja hasta desembocar en Xàbia. La Ruta de la Serra de la Sella ofrece vistas panorámicas sobre buena parte de la Marina, mientras que la Ruta de la Ermita del Cristo combina senderismo y patrimonio histórico-cultural en un recorrido corto desde el mismo pueblo. Los riuraus del término se pueden recorrer con la Ruta dels Riuraus. Muy cerca, la guía de Pedreguer completa las caminatas por el interior de la comarca.
Más información, en la web oficial del Ayuntamiento de Gata de Gorgos.
