Eventos en: Ondara
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No obstant, et convidem a visitar i estimar Ondara i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.
Ondara, el pueblo que nació una segunda vez con carta puebla
Ondara es un municipio de la Marina, en la cuenca baja del río Girona, que tuvo que refundarse prácticamente de la nada tras la expulsión de los moriscos. De su antiguo castillo-palacio gótico solo quedan trazas escondidas entre las paredes de las casas, pero su identidad de pueblo repoblado se mantiene bien viva.
De dónde viene el nombre: el arenal
El nombre de Ondara no es de raíz árabe, como el de tantos pueblos vecinos, sino mucho más antiguo. El filólogo Manuel Sanchis Guarner lo relaciona con la palabra vasca ondar, ‘el arenal’, el suelo arenoso —un testimonio de aquel sustrato prerromano que dejó topónimos esparcidos por todo el País Valenciano. Tiene todo el sentido en un pueblo asentado en la llanura aluvial del río Girona, hecho de las tierras que el río ha ido dejando riada tras riada.
Una villa cristiana mixta
Con la llegada de los cristianos y la conquista de Jaume I, Ondara se convirtió, junto con Benissa y Murla, en una de las únicas tres poblaciones mixtas de toda la Marina Alta, con población cristiana y musulmana conviviendo en el mismo término. En el pueblo hubo un castillo-palacio de los siglos XIV-XV, de estilo gótico civil valenciano, que según la tradición tenía cuatro torres en los extremos, parecido al castillo de Forna. Hoy solo queda en pie la Torre del Rellotge, una construcción militar medieval y la única de las cuatro torres defensivas originales que ha sobrevivido, integrada entre las casas de la calle.
La carta puebla de 1611
La expulsión de los moriscos en 1609 supuso una pérdida demográfica brutal: solo quedaron 13 vecinos cristianos viejos en todo Ondara. El 8 de agosto de 1611 se firmó la carta de poblamiento que posibilitó una repoblación mixta, con los cristianos viejos que quedaban y la llegada de gente de Dénia, Xàbia, Teulada y Oliva, y también de mallorquines de Manacor (como los Cabrera) y de Muro d’Alcoi (como los Pons) -unos apellidos que todavía hoy se reconocen en el pueblo.
Senderismo: la Serra de Segària y la Ruta dels Riuraus
La Serra de Segària, el macizo que domina la llanura, se sube por el PR-CV 415, una ruta circular de unos 9,7 km que arranca en Ondara y enlaza con el Verger, con vistas panorámicas sobre la costa y la Marjal de Pego-Oliva. De camino pasa por la Penya Roja, los restos de un poblado íbero, el Pou de les Bassetes y la Cova Fosca, un complejo kárstico en el Morro de les Coves. En el casco urbano, la Ruta de l’Arquitectura d’Ondara permite descubrir el patrimonio civil del pueblo, mientras que la Ruta dels Riuraus recuerda el legado de la pasa, otra de las señas de identidad agrícola de toda la comarca.
Al río, de usted
Ondara vive a la orilla del río Girona, y eso significa vivir con un vecino que gasta pocas bromas: el cauce baja seco casi todo el año y, cuando llueve de valiente en la Marina, llega de golpe. Las riadas forman parte de la memoria colectiva del pueblo tanto como las fiestas, y el material que conserva el Archivo Histórico Municipal —fotografías, actas, crónicas familiares como los dietarios de los Miralles (1849-1924)— es una de las mejores ventanas que hay para entender cómo era la vida de un pueblo de la Marina antes y después de cada avenida. Todo eso está catalogado y accesible en el portal Ondara en la història.
La Passió en la calle, en valenciano
La tradición festiva más singular de Ondara no es de verano, sino de primavera. La Passió d’Ondara nació en 1992 como una representación de los últimos momentos de la vida de Jesucristo dentro de un recinto cerrado, el antiguo cine Victòria -hoy Auditorio Municipal-, y en 1994 dio el paso decisivo: salir a la calle. Desde entonces se escenifica al aire libre, íntegramente en valenciano, en siete escenas que van saltando de plaza en plaza por el pueblo -el Prado, la Placeta de les Escoles, la Plaça Major-, con cientos de vecinos implicados entre actores, vestuario y montaje. En 2024 cumplió treinta años en la calle ante un millar de personas.
Font d’Ondara, un pelotari a recuperar
Ondara tiene una tradición pelotari viva -hoy hay equipos profesionales que llevan el nombre del pueblo y una escuela municipal con campeones autonómicos-, pero la figura que mejor la resume es una de medio siglo atrás: Josep Font, “Font d’Ondara”, uno de los grandes nombres de la pilota valenciana de mediados del siglo XX, rescatado del olvido por el historiador local Vicent Ortuño en un artículo de la revista Aguaits (núm. 46) titulado, precisamente, «un pilotari a recuperar». La pelota ondarense conecta así con la de otros pueblos del territorio, como el Murla de Nel, el hombre a quien se atribuye la invención de la escala i corda.
Feria y fiestas de otoño
La Feria de Ondara empieza a mediados de octubre con la presentación de las reinas y cortes de honor, y la semana festiva mayor, la última de octubre, honra al Santísimo Salvador, la Mare de Déu de l’Esperança y Sant Roc con una gran procesión acompañada de la banda de música Unió Musical Santa Cecília. En enero, Sant Antoni Abat aporta la hoguera, la bendición de animales y el reparto de los rollos benditos en la plaza del Pla.
Curiosidades: la albahaca de la ventana y la lengua de mujer
El etnobotánico Joan Pellicer recogió en Ondara la costumbre, compartida con otros pueblos de la Marina, de tener siempre una maceta de albahaca en la ventana para espantar los mosquitos y alegrar la casa con su olor:
L’amfàbiga és la planta preferida del meu home.
Un informante local, Blai Giner Pérez, vendedor ambulante de fruta y verdura, aportó también buena parte del vocabulario popular de la fruta y la huerta que Pellicer documenta para toda la comarca. De aquel trabajo de campo salen unas cuantas palabras ondarenses que valen por sí solas:
- Llengua de dona (‘lengua de mujer’): así le llaman en Ondara al rusco, «perquè té una punxa enmig» (‘porque tiene un pincho en medio’). El nombre también se ha recogido en Palmera.
- Monges i ueles: las palomitas de maíz, que en cada pueblo tienen nombre propio -en Montitxelvo son «roses i uelos», en el Grau de Gandia «monges i uelos», en Simat «monges i uelets».
- Polsim: la lluvia fina que ni moja ni para. «Hui fa un polsim desagradós», decían en Ondara.
- Caienes: las guindillas más pequeñas y redondas, y las más picantes de todas.
- Y una comparación que ya no se oye: «Eres més bord que la caüla», dicha de una mala hierba que sale donde no la siembran.
También hay recogida en Ondara la creencia -compartida con Gata, Altea y Cocentaina– de que el lagarto, cuando se pelea con una serpiente y esta le muerde, se revuelca sobre los pinchos del cardo corredor «per a llevar-se el verí» (‘para quitarse el veneno’).
Más información, en la web del Ayuntamiento de Ondara.
