Eventos en: Llutxent
Actualment no hi ha esdeveniments en Llutxent.
No obstant, et convidem a visitar i estimar Llutxent i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.
Llutxent, el pueblo de la Vall d’Albaida donde Jaume I perdió una batalla
Llutxent es un municipio de la Vall d’Albaida con un patrimonio diverso: un castillo-palacio gótico, un monasterio levantado a raíz de un milagro eucarístico de 1239, una de las fortificaciones almohades mejor conservadas del País Valenciano y un episodio bélico de 1276 que marcó para siempre su historia. Además, es un pueblo de senderismo, con el alcornocal del Surar como joya natural.
El castillo de Xiu y el Barranquet de la Sang
En el término se conserva el castillo de Xiu (o Xió), una fortaleza almohade del siglo XII, una de las mejores muestras de fortificación islámica que se conservan en el territorio valenciano, con planta triangular, aljibe propio y doble muralla. Desde allí se dominaba un amplio territorio entre el Benicadell y el puerto de Xàtiva. En 1276, en plena segunda revuelta mudéjar comandada por Al-Azraq, los sarracenos tomaron el castillo de Xiu, y en junio de ese mismo año las tropas cristianas de Jaume I -unos 500 caballeros y 3.000 infantes- fueron derrotadas en Llutxent por los sublevados, exasperados por la muerte de su caudillo. El pueblo fue arrasado tras la revuelta, un episodio que forma parte de la raíz histórica de las fiestas de Moros y Cristianos que todavía hoy se celebran en tantas poblaciones valencianas. La memoria de aquel día está escrita en el mapa: el lugar de la batalla se llama, desde entonces, el Barranquet de la Sang (el barranquito de la Sangre), y hoy hay un pequeño jardín a la salida del pueblo, camino de Pinet, que lo recuerda.
El Milagro de los Corporales, el origen del monasterio
Treinta y siete años antes de esa derrota, el mismo castillo de Xiu había sido escenario de otro episodio que marcaría para siempre Llutxent. El 23 de febrero de 1239, un ejército de caballeros cristianos asediaba la fortaleza para liberar a uno de los suyos, Pere d’Alcalà, sobrino del gran maestre de la Orden del Temple. En un contraataque musulmán, el clérigo Mateu Martínez, que acababa de consagrar unas hostias para la eucaristía, tuvo que esconderlas dentro de unos corporales (los paños litúrgicos del altar). Terminada la batalla, cuando el presbítero volvió a por ellas, las encontró empapadas de sangre. El hecho, conocido como el Milagro de los Corporales, hizo de Llutxent lugar de peregrinación y motivó, en el siglo XV, la fundación por los dominicos del monasterio del Corpus Christi, hoy uno de los conjuntos monásticos más importantes de la Vall d’Albaida.
El castillo-palacio y la ermita de la Consolació
El castillo-palacio de Llutxent, de origen gótico (siglo XIV), ha sido restaurado y es hoy uno de los referentes patrimoniales del pueblo, junto con la iglesia parroquial de la Asunción, del siglo XIX. A poca distancia, la ermita de la Mare de Déu de la Consolació (siglo XVIII) guarda en sus muros un ciclo de azulejos de Manises que narran, precisamente, el Milagro de los Corporales. A sus pies vela un almez venerable que Joan Pellicer incluyó entre los árboles más queridos del territorio diánico:
El sumptuós lledoner de l’encisadora ermita de la Consolació de Llutxent, aqueix petit i polit poema amb versos d’austera calç i rims de rutilants manisetes.
Pellicer documenta otro ejemplar venerable en el mismo pueblo, el algarrobo de la iglesia de Sant Domènec, y recoge entre sus informantes de Llutxent a un herbolario, Juanito Valencieta, y a un versador nacido en 1921, Remigio Català García, “cavador i versador”, señal de que la palabra dicha y cantada -como el cant d’albaes que todavía resuena en las fiestas valencianas- ha tenido siempre buen caldo de cultivo en este pueblo.
Las fiestas: los Moros y Cristianos del Crist del Conhort
A diferencia de la mayoría de pueblos de alrededor, Llutxent no hace la fiesta grande en verano: los Moros y Cristianos se celebran en primavera, hacia finales de abril, bajo la advocación del Crist del Conhort, y los organiza la Hermandad de Moros y Cristianos, que agrupa a todas las filaes del pueblo. La Entrada de Moros y Cristianos es el acto más esperado del calendario local. De la fiesta vieja, Pellicer recogió un detalle que se ha perdido: «la murta s’ha gastat sempre per a enllocar els carrers i les portes de les festeres, però hui enramen la mata» —la misma costumbre que se hacía en Llocnou de Sant Jeroni y en Castellonet de la Conquesta.
El Surar, el alcornocal más meridional del País Valenciano
El área natural municipal del Surar es un alcornocal con rutas botánicas, un paisaje poco habitual en las comarcas centrales valencianas: se trata, de hecho, del bosque de alcornoques más meridional del País Valenciano. Llutxent lo comparte con el vecino Pinet —la balsa del Surar ya es término de Pinet— a través de una ruta temática propia. La sierra que separa Llutxent de Quatretonda y de Terrateig completa un espacio forestal continuo, ideal para quien quiera combinar varias etapas de senderismo en un mismo fin de semana.
El PR-CV 434: el Surar, la barraca de piedra seca y el Puig Agut
El sendero grande del término es el PR-CV 434, un circular de 18,4 km con 533 metros de desnivel acumulado y cerca de seis horas de marcha, que sale y vuelve al mismo pueblo y que enlaza con el GR-236, la Ruta de los Monasterios. Sube por el camino de la Serra, cruza el río de Pinet, remonta la Catalana y llega al Puig Agut, punto geodésico de más de 500 metros: desde arriba, y si sopla el poniente, se ven l’Alt de la Lletrera, el Montdúver, el Montgó e incluso la isla de Ibiza, el pico de la Safor y la Cuta, la Serrella y el Aitana, el Benicadell y el Montcabrer. En el Puig Agut hay también, catalogado por Pellicer, un olivar con su mojón encalado. La bajada se hace por la cuesta del Surar. El sendero tiene seis variantes señalizadas y varios desvíos: uno lleva al castillo de Xiu; otro, al Rafal, un poblado morisco abandonado con cuatro casetas en pie, un horno moruno, olivos centenarios y una fuentecita con abrevadero para los rebaños.
Un término escrito en piedra seca
Quien camine por la sierra de Llutxent ha de mirar abajo tanto como arriba. En el término se han localizado una cincuentena de hornos de cal y una treintena larga de corrales de ganadería, y sobre todo un rosario de barracas de piedra seca que aquí tienen nombre y apellido: la de Mingo Viola, camuflada por un algarrobo; la de Pepe Codi; la de Camilo el Xurro, donde caben dos personas justas; la de Saoro l’Alcaldot; y la de Toni l’Andalús, que los propios vecinos llaman «la capilla Sixtina de nuestras barracas de piedra». Los márgenes que sostienen los bancales de olivos se hicieron en tiempos de hambre por pura necesidad de subsistir, y acabaron siendo un oficio de exportación: muchas familias del pueblo encontraron trabajo haciendo márgenes de piedra seca en la Marina, en Xàbia y en Benissa. Hay incluso un horno que lleva el nombre de la fiesta: el horno de cal del Moro, bautizado así porque un año lo cocieron expresamente para poder hacer los Moros y Cristianos.
Curiosidades: orxanes, fafarenques y un mochuelo
Llutxent tiene nombres propios para las olivas: a la variedad gallinera la llaman orxanes, y a la alfafarenca, fafarenca. Pellicer anotó también una observación de labrador que vale por toda una estampa —«el mussol cria en els garrofers» (el mochuelo cría en los algarrobos)— y un recuerdo de escuela que ahora haría gracia a cualquiera: «quan érem xiquets i anàvem a escola, ho gastàvem per a ficar-ho dins dels llibres com a senyal», decían de la doradilla de pozo, aquel helechito de las paredes húmedas que servía de punto de libro. Y aún una escena de feria: «els de Benigànim venien a fer botges blanques per a fer raspalls, per a dur-los a la Fira de Xàtiva i vendre’ls per a agranar l’arròs al sequer».
De la misma sabiduría de montaña viene un remedio que en Llutxent se hacía con el cardo corredor —el panical de los bancales secos—: «si et picava l’alacrà, picaves l’arrel del panical i t’ho posaves damunt» (si te picaba el alacrán, machacabas la raíz del panical y te la ponías encima). Pellicer lo recogió, con variantes, en media docena de pueblos vecinos, señal de que el panical era el botiquín de campo contra el veneno de alacranes y avispas.
Cuentos, noches de Jaume I y un pueblo que se muestra
Llutxent es, desde hace años, cuna de iniciativas culturales comarcales: aquí nació el ciclo de narración oral Contes a la fresca, que ha llegado a reunir más de veinte pueblos de la Vall d’Albaida y la Safor, y el municipio participa también en las Nits de Jaume I, unas rutas teatralizadas nocturnas que recorren Albaida, Bocairent, Llutxent y Ontinyent. El vídeo promocional “Llutxent, pedra a pedra, sensacions per descobrir” repasa este patrimonio cultural, gastronómico y natural. Los dos monasterios de la ruta, el del Corpus Christi de Llutxent y el de la Valldigna en Simat de la Valldigna, están unidos precisamente por el GR-236 que pasa por la puerta del pueblo.
Más información turística, en la Oficina de Turismo del Ayuntamiento de Llutxent.
