Eventos en: La Vall de Gallinera

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No obstant, et convidem a visitar i estimar La Vall de Gallinera i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

La Vall de Gallinera, el corazón de Diània y sus ocho pueblos

La Vall de Gallinera es uno de los valles interiores más queridos de la Marina, de origen morisco, que reúne ocho núcleos pequeños -Benirrama, Benialí, Benissivà, Benitaia, la Carroja, Alpatró, Llombai y Benissili- a lo largo de un recorrido lineal de 14 a 16 kilómetros entre cerezos y almendros.

La Ruta de los Ocho Pueblos

Antes de la expulsión morisca, el valle llegaba a tener unas dieciocho alquerías; después quedaron unas once, y Benissivà no se repobló hasta finales del siglo XVII. Hoy, la Ruta de los Ocho Pueblos permite recorrer todo el valle a pie, descubriendo terrazas de cultivo, acequias y el paisaje que ha dado nombre a la comarca de Diània. En total, el valle ofrece una red de 14 rutas de senderismo señalizadas. Uno de los pueblos, Benitaia, conserva todavía la memoria de las cerezas del tío Tilau.

El castillo de Al-Azraq: la fortaleza de Benissili

En el extremo de poniente del valle, encaramado hacia los 730 metros sobre la Serra Foradà, se alza el Castillo de Alcalà de Gallinera, más conocido como Castillo de Benissili: la fortaleza que fue el hogar del visir andalusí Al-Azraq durante los años de lucha contra las tropas de Jaume I. Desde aquí, el visir vigilaba la entrada del valle por el lado del interior. La tradición le atribuye unas palabras que resumen el amor de estas tierras:

«No m’importa perdre un imperi en justa batalla, però només abandonar la Vall de Gallinera pot fer plorar un príncep de l’Islam.»

Cerca del castillo, una fuente guarda una inscripción en recuerdo de Joan Pellicer, el gran cantor del territorio diánico, con unos versos de Lao-Tse sobre el espíritu del valle que nunca muere.

La Penya Foradà, una de las Maravillas de Diània

La Penya Foradà, con su agujero natural en lo alto, es la imagen más reconocible de todo el valle y una de las Maravillas de Diània que reunió Joan Pellicer en su libro de paisajes: dos veces al año, el sol se alinea exactamente con la abertura de la roca, un fenómeno que ha dado lugar desde 1611 a una peregrinación de tradición popular. A su alrededor se conserva todavía patrimonio agrícola y ganadero de los siglos XVII y XVIII: bancales de piedra seca, eras de trillar trigo, corrales ganaderos y caminos de herradura empedrados.

El castillo y la Bassa de Benirrama

Al castillo de Benirrama, fortaleza musulmana del siglo XI, se llega por una ruta fácil desde el pueblo con vistas espectaculares sobre todo el valle. Muy cerca, la Bassa de Benirrama es una rareza dentro de estas montañas calcáreas: una balsa natural que se mantiene llena porque las arcillas impermeables del fondo no dejan filtrar el agua. Se accede a ella por el Passet de Benirrama, el camino empedrado que atraviesa los rincones más umbríos del valle y que comunica Gallinera con la vecina Vall d’Ebo. El Miserat, conocido como la montaña de los moriscos, es una excursión reservada para senderistas acostumbrados a mayores desniveles y recuerda que este valle fue, como sus vecinos, uno de los últimos reductos moriscos antes de la expulsión de 1609.

Del castillo de Benirrama habla también una de las leyendas más ingeniosas del valle: cuentan que, cuando en el pueblo ya solo quedaban cuatro vecinos y en el castillo los musulmanes cantaban victoria, el alcalde les hizo venir de noche con todas las cabras que tenían en casa. En cada cuerno ataron una antorcha encendida y empezaron a subir despacio hacia la fortaleza. El soldado de guardia, al ver aquel río de luces alargándose por el camino, gritó que acudía mucha gente a plantarles cara, y los defensores, asustados, huyeron hacia el castillo de Forna creyéndose vencidos.

Alpatró y el arte rupestre

En Alpatró se puede visitar la iglesia de la Asunción, un lavadero cubierto y un pequeño museo etnológico instalado en un antiguo molino de aceite, con herramientas agrícolas de la vida rural de otros tiempos. En el término del valle se conservan también más de dieciocho abrigos con pinturas rupestres de estilo levantino, esquemático y macroesquemático, y los primeros restos humanos se remontan al paleolítico medio, con presencia neandertal documentada en el nordeste del valle.

El despoblado de l’Alcúdia y las brujas de la montaña

Entre los cerezos se esconden todavía los despoblados moriscos del valle —l’Alcúdia, Benimarsoc y la Solana de Benissili—, alquerías que quedaron vacías tras la expulsión de 1609. L’Alcúdia, que ya aparece en el censo de 1369 y que llegó a tener catorce casas e iglesia propia, es el que ha dejado más rastro en la imaginación popular. El escritor Bernat Capó, en su libro dedicado a la Vall de Gallinera, Terra de cireres, recogió la creencia de que en aquel caserío abandonado se reunían las brujas de toda la comarca:

«Durant les fredes nits de l’hivern hi acudien les bruixes de tota la muntanya –des que es despoblà el llogaret– per fer els seus conjurs i ballar fins quedar capolades, algunes; d’altres s’hi estaven una estona més, dansant fins que apareguera, a l’horitzó, la primera claror del dia. Sens dubte, aquestes eren les més joves.»

Las hierbas del valle y el herberet de Benissili

La Vall de Gallinera es uno de los rincones mejor documentados de todo el territorio en lo que respecta a las hierbas del herbero. De Benissili es la receta que Maria Camps Massanet le dio a Joan Pellicer, corta y de montaña: alfábega de pastor, tomillo, romero, manzanilla y rabet de gat. La podéis leer en «La recepta d’herberet», el capítulo final de la serie Herbero Diànic de Diània Televisió.

Por los barrancos umbríos de la serra Foradà y en la fuente de la Mata de Benirrama se da la tarongina, y en Alpatró hay, como su nombre indica, la Font de l’Orenga, una de las fuentes de Diània bautizadas con el nombre de una hierba del herbero.

La floración de los cerezos, Fiesta de la Cereza y Fiesta del Aceite

En el mes de marzo, el valle se llena de visitantes que acuden a contemplar el espectáculo de la floración de los cerezos. La Fiesta de la Cereza, el segundo fin de semana de junio, y la Fiesta del Aceite, coincidiendo con la cosecha de la aceituna, son las citas festivas más esperadas de todo el año en la Vall de Gallinera.

Más información, en la web oficial del Ayuntamiento de La Vall de Gallinera.