Eventos en: Onil

Onil, la cuna de la muñeca valenciana

Onil es, junto con Ibi, el pueblo que convirtió l’Alcoià en la capital de la juguetería española. Desde finales del siglo XIX, la fabricación de muñecas ha marcado su economía, su identidad e incluso el orgullo local: aquí siguen naciendo muchas de las muñecas que se han vendido en toda España.

A sus vecinos no se les llama onilenses, sino colivencs, y tienen fama de festeros: la fiesta grande les dura diez días seguidos y arranca, como debe ser, prendiendo fuego.

De las primeras muñecas de barro al Museu de la Nina

A finales del siglo XIX, la fabricación artesanal de muñecas transformó la economía de Onil, que se convirtió en el centro productor de juguetes más importante de España. La Col·lecció Museogràfica de la Nina, instalada en la Casa de l’Hort, muestra más de 1.200 muñecas que repasan toda la historia de esta industria local, desde las primeras piezas de barro y cartón hasta las creaciones modernas de plástico y vinilo. El municipio forma parte, junto con Ibi, de la Ruta de la Vall del Joguet.

El Palau-Fortalesa: tres torres y un nombre equivocado

En la Plaça Major se alza el Palau-Fortalesa del Marqués de Dos Aigües, el edificio civil más importante del pueblo. Se empezó a construir hacia 1539 —en la torre del noreste todavía se lee la fecha en números romanos— y no se acabó hasta 1614, en estilo gótico-renacentista. En 1671 se alojó allí el obispo y vicario general Joseph Barberá, invitado por el duque de Béjar y Mandes, que entonces era señor de Onil.

El nombre, sin embargo, no dice la verdad: el palacio no lo mandó construir ningún marqués de Dos Aigües, sino Ramon de Vilanova, barón de la Foia de Castalla y señor de Onil y Fabanella. Y otra cosa que sorprende: tiene tres torres, no cuatro. La cuarta la completa, desde fuera, el campanario de la iglesia parroquial.

¿De dónde viene, entonces, el nombre? De más tarde. El señorío de Onil acabó en manos de los Rabassa de Perellós, que habían obtenido el título de marqueses de Dos Aigües en 1699: a mediados del siglo XVIII, en 1750, Giner Ramon Rabassa de Perellós —marqués de Dos Aigües, conde de Albatera y de Peralada, barón de Castalla— era señor de Onil, y también de Castalla, Tibi, la Font de la Figuera, Llutxent, Quatretonda y Pinet, entre otros. El pueblo le puso al palacio el nombre del último dueño, no el del que lo levantó: pasa más a menudo de lo que parece.

Se entra atravesando un foso exterior que da paso a un claustro interior, y es allí donde estaba la prisión de la jurisdicción señorial. Vale la pena fijarse bien, porque el palacio es una obra a medio hacer: al claustro y a los arcos les faltó mano de obra, las ventanas tienen los pedestales sin acabar y los techos de madera de las plantas grandes están sin trabajar. Hoy el edificio acoge el Ayuntamiento, el Museu de Festes y salas de exposiciones.

La Sala dels Reis Mags

En la planta baja del Palacio Municipal hay una exposición que un pueblo de juguetes no podía dejar de tener: la Sala dels Reis Mags. Se pueden ver los vestidos que Sus Majestades lucen en las cabalgatas de Onil, y otros elementos de la Navidad colivenca, como los fatxos o el belén, instalado en la torre.

Y hay un detalle que hace ilusión a los niños y también a los mayores: en el Palacio hay un buzón para dejar la carta a los Reyes Magos. No es el único del pueblo —también los hay en tres farmacias—, pero sí el que se visita con la exposición.

No es una tradición menor: la Cabalgata de los Reyes Magos y la del Heraldo de Onil tienen la distinción de Fiestas de Interés Turístico Autonómico. La sala se visita dentro de la visita guiada gratuita que organiza el Ayuntamiento de martes a domingo a las 13.15 h, y los sábados por la tarde a las 19.15 h (información en la Oficina de Turismo, 96 556 53 65 / 606 02 33 07).

Casa Tàpena: el jardín mediterráneo y el laberinto

En las afueras del pueblo hay una visita que no se puede dejar de hacer: Casa Tàpena, un espacio de más de 84.000 metros cuadrados que combina la casa, las zonas ajardinadas y, sobre todo, lo que le ha dado fama.

El laberinto vegetal ocupa más de 7.000 metros cuadrados y es uno de los más grandes de todo el Estado. Está formado sobre todo por cipreses, y en el centro lo preside un cedro: quien lo adivine desde dentro, ya sabe hacia dónde tirar. Al lado, el jardín mediterráneo reúne más de sesenta especies autóctonas, de modo que el paseo sirve también para poner nombre a las plantas que uno se encuentra después por la sierra.

Casa Tàpena es, además, un centro de educación ambiental —fue el primer espacio de la red donde se realizaron actividades ambientales para escuelas, y todavía se hacen—, con aula y sala de exposiciones. Tiene zona de esparcimiento con mesas, barbacoas, aseos y fuente de agua potable, y quiosco-bar los fines de semana y festivos: uno de los lugares donde mejor se pasa un domingo en toda la comarca.

Los orígenes: trece yacimientos

Los orígenes de Onil se remontan a la época romana y musulmana —el término conserva trece yacimientos arqueológicos, desde el paleolítico superior hasta la época romana—, aunque la configuración actual del pueblo se definió tras la conquista cristiana de Jaume I en el siglo XIII.

Senderismo en Onil

La Sierra de Onil, parte del sistema prebético, ofrece rutas como la subida al Alt de la Creu o el paseo hasta la Font de la Roja. El GR-330 conecta Onil con Banyeres de Mariola atravesando el Molí de l’Ombria, en la Serra de Mariola, y pasando también por Biar. El etnobotánico Joan Pellicer cita también el Pi d’Onil entre los pinos grandes y remarcables del territorio diànic, junto con los de Biar y Parcent.

El sueño de los tres regidores y la Moreneta de les Eres

La fiesta mayor de Onil nace de un episodio de peste y de un sueño compartido. Corría el año 1648 y la peste asolaba el pueblo. La noche del 22 de abril, tres regidores se despertaron diciendo que habían tenido el mismo sueño: que había que recurrir a la Mare de Déu que tenían casi olvidada en una ermita a las afueras, la que en el pueblo conocían como la Moreneta de les Eres. El cura y el consejo de la villa accedieron, al día siguiente la sacaron en rogativa por las calles y, según la tradición local, a partir de aquel día no hubo más muertos por peste en Onil, mientras que en los pueblos de alrededor la enfermedad continuaba.

Aquella misma noche del 22 de abril se quemaron los muebles y las ropas que se pensaba que estaban infectados, y de ahí viene que las fiestas se abran todavía hoy con la Nit de les Fogueres. El 23 de abril todo el pueblo baja a recibir a la patrona al portal de Onil —uno de los momentos más emotivos del año—, y la Mare de Déu de la Salut pasa de la ermita a la parroquia de Sant Jaume Apòstol. Del 24 al 26 vienen las danzas y las retretas; el 27, la Nit de l’Olleta; y del 28 de abril al 1 de mayo, los Moros y Cristianos: Dia de l’Entrà, dos días de Trons y, para terminar, la procesión de despedida que devuelve a la patrona a su ermita.

El Nostre Senyor Robat: un hecho de 1824 que aún se celebra

De las tradiciones de Onil, la más novelesca es la del Nostre Senyor Robat, que se celebra los días 28, 29 y 30 de noviembre desde 1824. Aquel año, en la madrugada del 4 al 5 de noviembre, un hombre de Tibi, Nicolàs Bernabeu, robó de la iglesia el viril de oro que guardaba la Sagrada Forma consagrada por el rector Francesc Tormo. La escondió primero en el paraje de la Volta Blanca y después, sin fiarse, en la Pedrera, ambas en el término de Tibi; y se fue a Alicante a vender las piezas. En la platería de Amérigo el comerciante sospechó que le estaban vendiendo una pieza robada, y el ladrón acabó encerrado en el calabozo del Palacio de Onil.

Mientras todo el pueblo buscaba la Forma por los alrededores, quien la encontró en la Pedrera fue Teresa Carbonell, vecina de Tibi. Avisados los pueblos de la comarca, la gente de Onil, Tibi y Castalla subió hasta allí para acompañarla de vuelta. De aquella procesión improvisada salen los tres días de fiesta que todavía se celebran, y el 28 de noviembre es fiesta local en el pueblo.

La Nit dels Fatxos, el 24 de diciembre

La noche de Nochebuena, la más larga del año, las calles de Onil se llenan de fuego: es la Nit dels Fatxos. Los fatxos son antorchas de esparto seco recogido en la Sierra de Onil, de más de tres metros y medio de largo, que hay que agarrar con las dos manos para hacerlas girar encendidas. Pequeños y mayores las confeccionan ellos mismos los días previos, con talleres y excursiones al monte a buscar el esparto. Al hacerlas rodar, el movimiento circular desprende una lluvia de chispas que recuerda a un enjambre de abejas —de ahí, posiblemente, el nombre de aixames que reciben en otros pueblos.

Onil añade competición: se hace concurso al fatxo más grande, al más pequeño y al más artístico, y se premia también a la persona más mayor y a la más pequeña que lo rueden. El etnólogo Àlvar Monferrer señala que aquí «se ha revitalizado la costumbre de rodar el fatxo antes de cantar las estrenes».

Onil no está solo: al menos once pueblos de Diània ruedan el fuego cada 24 de diciembre —con Tibi, Xixona, Relleu, la Torre de les Maçanes, l’Orxa, Gaianes, Fageca, Benimassot, Beniarrés y Millena—, aunque en cada lugar le llaman de una manera: fatxos, aixames, xamel·les, atxes o maixameles. Para el etnobotánico Daniel Climent, que lo ha explicado en «Botànica Festiva: Hivern», la fiesta «es un canto pagano al crecimiento del sol». Podéis verlo en La Nit dels Fatxos a Onil.

Tapats i carasses

Las Fiestas de Invierno de Onil mantienen viva la tradición de los Tapats i les Carasses, personajes disfrazados con ropa vieja y la cara tapada que participan en las danzas populares y molestan —en tono festivo— a los bailadores, una tradición compartida con Ibi, Castalla y Petrer.

El Fandango d’Onil: una discusión de enamorados que viene de una revista de 1911

El Fandango es el otro gran signo de identidad musical del pueblo, y tiene una historia mucho más concreta de lo que suele suponerse. La partitura más antigua que se conserva es de 1911, y no viene de un trabajo de campo sino de un escenario: clausuraba el segundo acto de la revista musical Fiestas de Abril, obra del compositor colivenc Pedro Quilis Prats con libreto de Andreu Amant Arques. Hay indicios, sin embargo, de que el Fandango d’Onil ya existía antes de aquella obra y que se bailaba en las danzas locales, tal vez interpretado con dolçaina e instrumentos de cuerda pulsada.

La pieza completa tiene once coplas y dos estribillos, de los cuales hoy solo se interpretan tres: la undécima, la décima y la cuarta. Y el hilo que las cose es una discusión de enamorados. Quiquet i Marieta —personajes de Fiestas de Abril— han reñido por un malentendido: Quiquet está haciendo el servicio militar en Melilla y, al volver, se encuentra a Marieta presidiendo la danzà al lado de otro hombre. Lo que Quiquet no sabe es que aquel hombre es el primo de ella.

Marieta té un cosinet,
que el trau a ballar quan vol,
en Melilla està Quiquet,
deixa-lo que prenga el sol,
i que es faça morenet.

Deixa estar a Marieta,
sense por, sense por,
que ella gent té de sobra,
que la vol, que la vol.

Tres coses té Onil que vore,
els divendres el mercat,
els dijous joc de pilota,
i quan plou la barrancà.

Deixa estar a Marieta,
sense por, sense por,
que ella gent té de sobra,
que la vol, que la vol.

Adiós xiques del Serrallo,
fadrinetes del Raval,
adiós fandangos i jotes,
que a servir al rei me’n vaig.

Són les onze tocades,
jo tinc son, jo tinc son,
acabem el fandango,
i apaguem el cresol.

La tercera copla vale por un retrato entero del pueblo de entonces: «tres coses té Onil que vore: els divendres el mercat, els dijous joc de pilota, i quan plou la barrancà». Mercado, trinquete y el barranco bajando lleno: la vida de un pueblo en cuatro versos.

Como baile, el Fandango tiene cuatro pasadas con nombre propio: una i bolta, l’enginollà, el paseig y els votets. Del Fandango y de la Colivenca —la otra pieza de repertorio del pueblo— vale la pena saber, además, que la versión que hoy se baila en los festivales acabó de fijarse en la época de los grupos de Coros y Danzas: según el estudio sobre los grupos de danzas valencianos publicado en la revista Caramella, tanto el «Fandango d’Onil» como la «Jota colivenca» —al lado de la «Jota de Banyeres» o el «Baile de tres de Villena»— fueron montados musical y coreográficamente por las agrupaciones locales a partir de material de la tradición popular o de aportaciones de música culta.

El Fandango d’Onil de 1963, filmado por el NO-DO

La grabación más famosa de la pieza es de 1963 y se hizo en los jardines de la Casa de Campo de Madrid. Participaron la Rondalla Colivenca, el grupo de Coros y Danzas y la Coral Polifònica d’Onil, que hizo una adaptación original de la letra. Por motivos de duración solo se bailan dos de las cuatro pasadas —la tercera, el paseig, y la última, els votets—, y se cantan la primera copla y la de despedida.

Aquel año el grupo se llevó el tercer premio del XV Concurso Nacional de Canciones y Danzas, en la modalidad de mixtos, en el Teatro María Guerrero de Madrid; lo recogía La Vanguardia Española del 22 de mayo de 1963. No era la primera salida: en 1959 el grupo y la rondalla ya habían bailado por primera vez en la Casa de Campo. La pieza está hoy catalogada, con partitura y letra, en el Fondo de Música Tradicional del IMF-CSIC.

Un detalle que solo ve quien conoce la ropa: antes de 1963 el chaleco bordado del colivenc todavía no existía. Los hombres bailaban con camisa blanca, faja y los pantalones del traje de número de la Comparsa d’Estudiants —se puede comprobar en fotografías como la de 1954, de la segunda visita de la Mare de Déu de la Salut a Valencia por la coronación de la Mare de Déu del Puig. En el vídeo de 1963 todavía se aprecia que la espalda del chaleco era blanca; los chalecos nuevos ya se hicieron con la espalda de satén negro, y los pantalones con abertura en la rodilla.

El Fandango ha seguido teniendo vidas nuevas: el compositor Joan Alborch Miñana ha hecho una reinterpretación para banda y coro; Pep Gimeno “Botifarra” y Hilari Alonso lo han vuelto a hacer canción cantada fuera de los festivales de folclore; y El Diluvi ha hecho una versión con los mismos cantantes, “Quin Fandango!”, con autotune y sonoridades electrónicas.

Curiosidades

  • Las xameles —las figuritas de pan dulce que se hacen para Navidad— son en Onil una tradición compartida con Balones y Gaianes, según la recopilación de Joan Pellicer; en Famorca las llaman ximeles.
  • En Onil, a las palomitas de maíz les llaman roses i tostons, como en Alcoi, Benilloba, Gorga, Ibi y Tibi —todo un mapa comarcal dibujado con un solo nombre.
  • El traje de colivenca se reconoce por el corpiño de terciopelo negro, el refajo plisado de colores vivos —de telar casero y con más de diez metros de tela, todo plisado— y el mantón de Manila recogido sobre los hombros.

Más información, en la web del Ayuntamiento de Onil.