Eventos en: Oliva

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No obstant, et convidem a visitar i estimar Oliva i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Oliva, el pueblo de la Safor que canta La Maria y que celebra los Moros y Cristianos desde 1921

Oliva es uno de los municipios más grandes de la Safor, con un casco antiguo de raíz andalusí, casi 12 kilómetros de playas vírgenes junto a la Marjal de Pego-Oliva y una vida cultural que hoy tiene una voz bien presente: la cantante Maria Bertomeu, “La Maria”.

Pocos pueblos del territorio pueden presumir de haber dado, en dos siglos y medio, al hombre que ayudó a definir el metro, al gran erudito de la Ilustración valenciana y a un premio Cervantes. Oliva sí.

Del castillo de Rebollet al condado de Oliva

Durante la dominación islámica, Oliva era ya el núcleo principal de una zona defendida por el castillo de Rebollet, que aseguraba la salida sur de la Safor y pertenecía al reino musulmán de Dénia. Tras la conquista, Jaume I la entregó a la familia Carròs. El castillo fue destruido en 1240 a raíz de los conflictos entre Castilla y Aragón, reconstruido por Berenguer de Vilaragut en 1368 y finalmente destruido por un terremoto en 1598, sin volver a habitarse nunca más. En 1448, Alfonso el Magnánimo concedió a Oliva el título de condado en la persona de Francesc Gilabert de Centelles, y a mediados del siglo XVI el matrimonio entre Carles de Borja y Magdalena de Centelles unió Oliva al ducado de Gandia.

Sant Roc, la Cripta y l’Enginy

La iglesia de Sant Roc se levantó sobre el emplazamiento de una antigua mezquita, con un primer templo de 1534 y el edificio actual de 1696, restaurado en 1958; tiene anexo el Arc del Fossar, antigua entrada al cementerio cristiano. La iglesia de Santa Maria la Major conserva un museo parroquial con piezas de orfebrería, mientras que la Cripta de Santa Maria y l’Enginy -un antiguo trapiche de azúcar- se han convertido en espacios expositivos que recuerdan el peso que tuvo la caña de azúcar en la economía local.

Senderismo: del Cim de Covatelles al castillo de Rebollet

Desde el casco antiguo de Oliva sale una ruta circular de unos 9 km que enfila el Cim de Covatelles, la Mola, la ermita de Sant Antoni y el Parc del Calvari antes de llegar a las ruinas del castillo de Rebollet, bien señalizada y sin pérdida posible. El itinerario se puede alargar hacia el interior siguiendo el sendero local SL-CV 60, que atraviesa la urbanización del Tossal Gros y conecta con la Font d’en Carròs.

El pueblo del hombre que midió el metro

En Oliva nació, el 17 de marzo de 1760, Gabriel Ciscar i Ciscar, marino, matemático y político. Dejó los estudios de leyes en la Universidad de Valencia para entrar de guardiamarina en 1777, fue director y profesor de navegación y matemáticas en la Academia de Guardiamarinas de Cartagena desde 1788 y, sobre todo, presidió la comisión española que el 27 de agosto de 1798, en París, participó en la fijación del sistema métrico decimal. En 1800 publicó una divulgación, la Memoria elemental sobre los nuevos pesos y medidas fundados en la naturaleza. Murió exiliado en Gibraltar en 1829.

Sesenta años antes que él, el 9 de mayo de 1699, había nacido Gregori Maians i Siscar, jurista, historiador y filólogo, la figura más representativa de la primera Ilustración hispánica junto con el padre Feijoo, bibliotecario real y corresponsal de media Europa. Su hermano Joan Antoni, canónigo y rector de la Universidad de Valencia, fue el guardián de su legado.

Francisco Brines y el paisaje de l’Elca

Oliva es también el pueblo de Francisco Brines (1932-2021), premio Cervantes en 2020, uno de los poetas mayores de su generación. Toda su obra sale del mismo lugar: l’Elca, la finca familiar de la montaña de Oliva, mirando al mar, donde Brines convirtió el paisaje mediterráneo —naranjos, luz, mar al fondo— en materia poética durante sesenta años. La casa, construida por la familia Avargues en el siglo XVII, pasó por los Trénor a finales del XIX y la adquirieron los Brines a principios de los años cuarenta; en 2023 fue declarada Bien de Interés Cultural, y la Fundación Francisco Brines, creada en 2018, la mantiene abierta como casa de la poesía.

El Porrat y las Calderes de Sant Antoni

El porrat es una de las tradiciones más antiguas y más valencianas que conserva Oliva: un mercado de fiesta —frutos secos, torrados, dulces— arrimado a la iglesia, que en el pueblo está documentado ya en el siglo XVII junto a Sant Roc y que hoy se celebra en enero en el barrio del Raval-Gerreria, entre la calle de Sant Vicent y la plaza dels Ganguis. Lo que lo hace singular son las calderes: una comida popular colectiva nacida para apaciguar el frío y la escasez del invierno, recuperada a finales del siglo XX y convertida en uno de los grandes símbolos festivos de la ciudad, con feria modernista, exhibiciones de danzas y visitas guiadas alrededor.

Moros y Cristianos desde 1921

Los Moros y Cristianos de Oliva, en honor al Crist de Sant Roc, se celebran tradicionalmente la tercera semana de julio desde 1921, con desfiles, carrozas, caballerías y, en alguna ocasión, incluso elefantes, además de gran cantidad de pirotecnia. La playa de Oliva, con cerca de 12 km de arena fina y dunas que separan los naranjales del mar, y el Parque Natural de la Marjal de Pego-Oliva completan la oferta turística del municipio.

“El meu fill ni sap sembrar un fesol”

Cuando el etnobotánico Joan Pellicer recorrió Oliva en busca de los últimos conocedores de las hierbas y las costumbres del campo, uno de sus informantes, el labrador Miquel Llorca Tur -nacido en el pueblo el 14 de mayo de 1931-, le dejó una frase que el propio Pellicer eligió para ilustrar, ya en la introducción de su tesis, la ruptura de la cadena de transmisión oral del saber rural valenciano:

El meu fill té quaranta anys i ni sap sembrar un fesol.

La marjal que se extiende entre Oliva y Pego -el Pla d’Arròs, hoy protegido dentro del Parque Natural de la Marjal de Pego-Oliva- fue precisamente uno de los grandes escenarios de ese mundo rural que Pellicer quiso dejar por escrito antes de que se perdiera del todo.

La hierba que engañaba a los arados

Del mismo trabajo de campo de Pellicer sale una de las palabras mejor encontradas de todo el catálogo. A la rabaniza, la hierba que nacía sin fin bajo los naranjos, en Oliva la llamaban enganyaforcats (‘engaña-arados’), y los labradores explicaban por qué:

Li diuen enganyaforcats perquè les orelloles de la rella no la tallaven, les enganyava.

En Alfauir lo decían aún más corto: «passa el forcat i no la talla» (‘pasa el arado y no la corta’). Y en la misma Oliva, la rabaniza se arrancaba a mano para los animales, «per a que no li xuple la licor de la terra» (‘para que no le chupe el jugo a la tierra’). En el inventario olivense hay también un maíz con nombre propio: la dacsa borlera.

La pitereta contra los celos de los niños

Todavía del mismo trabajo de campo sale uno de los remedios mágicos más tiernos que se recordaban en Oliva. Cuando un niño tenía celos de un hermanito recién nacido, se colgaba de una viga de la casa una pitereta —un brote pequeño de pita arrancado con la raíz y todo—, y si eran varios los celosos, se colgaban tres con un cordel:

Si n’hi havia tres xiquets, en penjaven en un cordonet tres piteretes en les bigues de casa, i llevava els zels dels xiquets.

Cuando los pequeños se peleaban, los padres solo tenían que señalarla: «mira la pitereta». La misma creencia se recogió en Bellreguard y en Tibi, donde se amenazaba al niño con la vergüenza de declarar en público su debilidad.

La Maria, la voz de Oliva

Oliva ha dado a la música valenciana una de sus voces más personales de los últimos años: Maria Bertomeu, “La Maria”, que debutó en 2023 con el álbum “L’Assumpció” y que después ha publicado canciones comprometidas como “Gall Roig, Gall Negre” (versión del himno antifranquista de Chicho Sánchez Ferlosio) y el disco “Robina”, dedicado a la salud mental. Su voz puso el momento más emotivo del funeral de Estado por el primer aniversario de la DANA, con “Mon vetlatori”, y en 2026 ha compuesto “La Mentida” para la película Eixam.

Más información, en la web del Ayuntamiento de Oliva.