Eventos en: La Llosa de Ranes
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No obstant, et convidem a visitar i estimar La Llosa de Ranes i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.
La Llosa de Ranes, la ermita gótica de los Borja
La Llosa de Ranes es un pueblo tranquilo de la Costera, alzado sobre un pequeño montículo, que guarda una joya poco conocida: la ermita de Santa Anna, de estilo gótico flamígero de mediados del siglo XVI, con los escudos heráldicos de Xàtiva, del reino de Valencia y de los Borja.
Un pueblo que se compró a sí mismo
De la Llosa se tiene constancia documental al menos desde 1373, cuando los papeles hablan de «l’alqueria appellada la Losa d’en Berenguer Fort». Las listas de pagadores del morabatí muestran una rareza: en el siglo XV sus pobladores ya eran cristianos, mientras que el resto de lugares y alquerías del entorno estaban habitados casi exclusivamente por musulmanes. Y en 1520 ocurrió algo aún menos corriente: el lugar se hizo realengo porque doce labradores —seis de la Llosa y seis de Xàtiva— se lo compraron al noble Joan Sanç. Un pueblo que, literalmente, se pagó su propia libertad.
Ni “lugar sano” ni nada: de dónde viene el nombre
El fascículo de Toponímia dels pobles valencians que la Acadèmia Valenciana de la Llengua dedica al municipio, redactado por Francesc-Lluís Esteve Gómez, desmonta la explicación más repetida. El nombre de la Llosa viene, con toda probabilidad, de la vía romana que iba hacia Saetabis —la Xàtiva romana— y haría referencia a las piedras planas que la conformaban. La etimología «lloc sa» (lugar sano), que ha hecho fortuna, «és una suposició que va llançar el ja referit Cabanilles sense cap fonament, perquè no hi ha cap document que en done testimoni». El determinativo de Ranes viene de la subcomarca de la Costera de Ranes y, en concreto, de la alquería de Rahana, que aparece en el Llibre del Repartiment y que estaba al final de la acequia de Ranes, dentro del término actual de Rotglà i Corberà.
La ermita de Santa Anna y el Calvario
La ermita de Santa Anna corona el cerro desde donde se dominan unas vistas espléndidas sobre toda la comarca, y es el destino de un corto pero agradable paseo desde el casco urbano que vale la pena hacer a la caída de la tarde. Es un edificio pequeño —cinco metros de ancho por trece de largo—, de bóveda de crucería en cuatro tramos y tejado dentado, con claves y ménsulas de motivos ligados a Xàtiva y a los Borja, que pagaron la obra. Llegó a un estado de ruina tan tremendo que en 1920 el erudito Carles Sarthou lo describió como «un niu de corbs i un cau de feres» (un nido de cuervos y una guarida de fieras); la restauración modélica de los años 1983-1986 le devolvió la cúpula de color lapislázuli con estrellas doradas, y hoy la llave para visitarlo se pide en la oficina de turismo de Xàtiva. En el Calvario se puede visitar también la ermita del Crist del Miracle, del siglo XVIII. Por la calle Doctor Cajal se conserva un pequeño tesoro del siglo XVIII: un retablo cerámico de calle dedicado a Sant Jaume.
«Una de las mejores vistas del reino»
Cuando Cavanilles subió a Santa Anna a finales del siglo XVIII no se quedó corto. Anotó que en menos de una hora se llega a la cima, «donde está la ermita de Santa Ana, y una de las mejores vistas del reyno», y acto seguido hizo inventario del horizonte: al sur, la huerta de Xàtiva, la ciudad y el castillo, y por encima, Mariola a la derecha y el Benicadell a la izquierda, y más lejos aún la Serrella y el Aitana; a levante, los arrozales que rodean el Puig y, más allá, las montañas de Barxeta y de la Valldigna; al norte, la vista llega hasta la Albufera, el Júcar y los pueblos de la Ribera; y a poniente, el valle que continúa hasta el puerto de Almansa y la multitud de montañas de Énguera.
En menos de una hora se llega á su cumbre, donde está la ermita de Santa Ana, y una de las mejores vistas del reyno.
La tradición añade que fue desde aquí desde donde Jaume I vio Xàtiva por primera vez. En la cima hay una rueda de molino convertida en rosa de los vientos con los nombres de los pueblos; en un día claro el horizonte llega a un centenar de kilómetros hacia el norte.
A pie a Santa Anna: el camino y la cañada
Subir es sencillo y se puede hacer de varias maneras: por el camí de Santa Anna, asfaltado en buena parte, o por el assagador de Santa Anna, que sale hacia poniente bordeando la Alabastrera y la sierra Cavada. La montaña no llega a los 350 metros, pero es un cono esbelto y aislado, y el paisaje cambia a cada tramo: naranjal al pie, después bancales estrechos de olivos, almendros y algarrobos siguiendo las curvas de nivel, y arriba un pinar con el remate pelado de la ermita. En enero y febrero, los almendros en flor son el espectáculo. En la umbría, la que sube desde los antiguos baños, el pinar se hace espeso y selvático. Quien quiera alargar la caminata tiene cerca el barranc del Salt, el puerto de Càrcer —el paso histórico hacia la Ribera— y los caminos viejos hacia Sorió y hacia Rotglà i Corberà.
Yeso, alabastro y muelas: el pueblo que vivía de la piedra
El término de la Llosa es corto —siete kilómetros cuadrados— y los frutos nunca habrían bastado para mantener al pueblo. La solución estaba bajo los pies. Cavanilles lo vio enseguida: el término «encierra muchas minas de yeso», y más de cien familias vivían de trabajar el yeso y de llevarlo a Xàtiva y a los pueblos de alrededor. El oficio duró hasta prácticamente ayer: a los pies de Santa Anna hubo explotaciones de yeso hasta los años sesenta, y de la misma montaña se sacó roca caliza para hacer muelas, bordillos y jambas hasta los años cincuenta. El mapa del término todavía lo canta: la Alabastrera, la Lloma de les Moles, el Teular, el Rajolet.
El habla de la Llosa: cómo llueve aquí
El etnobotánico Joan Pellicer recogió en la Llosa de Ranes todo un vocabulario propio para decir cómo llueve, una prueba de la finura con que la gente del campo observaba el cielo. Aquí, cuando cae una lluvia finísima, no llueve: hace muix muix. Si apenas moja, es una boira pixona; cuando empieza a chispear, dicen prunejar o xispejar; y cuando justo empieza a caer aguanieve, es el calabuix.
Ploure muix muix o plore cement.
El propio Pellicer anotó aquí una palabra bien expresiva: a un niño medio verde, ni hecho ni por hacer, en la Llosa le dicen un nyófla, lo mismo que a un higo todavía verde. Y una cantinela que los niños se pasaban de boca en boca sobre el mata-conills, una hierba que los labradores nunca daban al ganado menudo:
El mata-conills mata les mares que no tenen fills.
Del mismo recopilatorio salen dos cosas más de la Llosa: el algarrobo de la Venta del Baró —también llamado de Carbonell—, uno de los árboles viejos y venerables que Pellicer catalogó en el territorio, con la creencia de que «en els forats dels garrofers s’amaga el dimoni» (en los agujeros de los algarrobos se esconde el diablo); y el nombre local del calabacín de vino, que aquí es carabassa porriquera o carabassa d’aigua, la de cuello largo y estrecho que servía de recipiente para llevar agua al bancal.
Fiestas: la Mare de Déu del Naixement y el Crist del Miracle
Las fiestas patronales se celebran en la segunda quincena de agosto y tienen dos días grandes consecutivos: el de la Mare de Déu del Naixement y, al día siguiente, el del Santíssim Crist del Miracle, patrón del pueblo, con misas solemnes, mascletà y procesión. Los actos se abren días antes con la ofrenda al Crist del Miracle y una novena en el Calvario. La otra cita del calendario es de primavera: la romería a Santa Anna del 1 de mayo, cuando el pueblo sube en comitiva hasta la ermita.
El Museu Casa del Pou
El Museu de la Casa del Pou reúne una colección de objetos relacionados con la vida cotidiana, los oficios y la historia del pueblo, una parada obligada para quien quiera conocer cómo era la vida en La Llosa de Ranes hace generaciones.
Fuentes y baños
El lavadero de la Font de la Glorieta es uno de los rincones más entrañables del casco urbano. Cerca de la ermita de Santa Anna, los antiguos baños de Santa Anna —un balneario con más de un siglo de historia, con su piscina y su propio barranquito en el mapa— se han convertido en área recreativa, un lugar perfecto para disfrutar del frescor de la vegetación.
Alrededores
La Llosa de Ranes queda a un paso de otros pueblos pequeños de la Costera con un origen parecido de alquería repoblada, como el Genovés y Rotglà i Corberà, todos a la sombra de Xàtiva y con un paisaje de huerta y secano muy parecido. Una curiosidad administrativa: el término de la Llosa está rodeado casi por todas partes por el de Xàtiva, tiene enclaves dentro de este en el puerto de Càrcer, y, al revés, el trozo de cima donde se alza la ermita de Santa Anna es término de Xàtiva aunque esté rodeado de tierra de la Llosa.
Más información, en la web oficial del Ayuntamiento de La Llosa de Ranes.
