Eventos en: Benidoleig
Actualment no hi ha esdeveniments en Benidoleig.
No obstant, et convidem a visitar i estimar Benidoleig i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.
Benidoleig, la cueva de las Calaveras
Entre Benidoleig y Pedreguer se abre la Cova de les Calaveres, más de 900 metros de galerías que deben su nombre a los restos de doce personas encontrados en 1768, cuando un grupo de vecinos decidió llegar hasta el fondo de aquel agujero que nadie había sabido medir.
De alquería árabe a pueblo de mallorquines
Benidoleig nació como una alquería árabe que, tras la conquista de Jaume I, tuvo como primer señor a Hug Folch de Cardona, antepasado de los futuros marqueses de Guadalest. Hasta 1404 formó parte de la Vall de Laguar, cuando se independizó como pueblo propio.
Tras la expulsión de los moriscos, la carta de población del 12 de septiembre de 1611 ya deja constancia de que alguno de los colonos era mallorquinus o venido de la insule de Mallorca. Los investigadores Antoni Mas y Joan Lluís Monjo clasifican Benidoleig entre los pueblos de repoblamiento mixto desde el primer momento —valencianos e isleños a la vez—, a diferencia de vecinos como Tàrbena o Beniardà, donde los mallorquines fueron prácticamente el único elemento repoblador. En el censo de 1646 aún constan apellidos de raíz manacorina como Vaquer y Llull.
Qué visitar en Benidoleig
La Cova de les Calaveres es el atractivo principal del pueblo: una cavidad con una zona inundada de 500 metros y otra seca, abierta al público, con estalactitas, estalagmitas y cúpulas de más de 20 metros de altura, además de fósiles y restos óseos. También habita una pequeña colonia de murciélagos. En el núcleo urbano, la iglesia parroquial de la Santíssima Sang, del siglo XIX, es el referente religioso del pueblo.
Cien mil años dentro de una cueva
Pocas cuevas de Diània guardan tantos estratos de vida humana. El hombre paleolítico se refugió aquí hace más de 100.000 años, y de aquellos tiempos queda el osario interior, con restos de grandes mamíferos y las herramientas de piedra con que los descarnaban. Hace 5.000 años, los recodos del fondo acogieron enterramientos neolíticos de la gente del valle. En época íbero-romana la cavidad funcionó como santuario donde se depositaban ofrendas, en rituales ligados a la fertilidad y al culto a la tierra. Y aún en 1936, durante la Guerra Civil, sirvió de almacén de explosivos. Hasta los años sesenta no se urbanizó y abrió al público como cueva turística.
La leyenda de la Cova de les Calaveres
La cueva no solo es un prodigio geológico: también guarda una de las leyendas más contadas de la Marina. A principios del siglo XVIII aún se decía de ella que era «molt gran i sense haver-li trobat el cap», y esa fama impulsó las primeras expediciones documentadas. En 1768, un grupo de vecinos encontró los restos óseos de doce personas —probablemente labradores musulmanes de época medieval que quedaron atrapados haciendo trabajos de captación de agua—, y el relato nos ha llegado escrito por el botánico Antoni Josep Cavanilles hacia 1795.
De ese descubrimiento nació el nombre de la cueva y, enseguida, la leyenda. La versión que aún cuenta el Ajuntament del pueblo es esta:
El rei Ahl-í Moho va buscar refugi a la cova amb el seu gran tresor i les 150 dones del seu harem, fugint del Cid Campeador, i hi van quedar atrapats i van morir tots.
Reyes moros, tesoros fabulosos y princesas: el folklore hizo el resto.
Senderismo en Benidoleig
La Senda del Seguili (PR-CV 445) atraviesa la sierra que Benidoleig comparte con Orba, Pedreguer y Alcalalí, con más de treinta paneles informativos sobre la flora local por el camino, pasando por la Lloma de la Cova y la Font del Marqués, hasta el Tossal Gros (518 m), el punto más alto de la sierra. Los ciclistas conocen bien también el Coll de Rates, un ascenso mítico de cerca de 7 kilómetros que sale del pueblo.
Cultura en Benidoleig
La gastronomía local se basa en tapas tradicionales como las pilotes, el bull amb ceba, el capellà torrat, la sang amb ceba o la gamba amb bleda.
Curiosidades de Benidoleig
El etnobotánico Joan Pellicer recogió en Benidoleig la buena fama que tenía la madera del almez para hacer bastones y mangos de herramientas, valorada por su resistencia porque no se abría ni se rompía:
Per a fer els millors gaiatos, els que duraven més; no dóna, no esclafix, no es trenca.
Del mismo trabajo de campo salen dos detalles muy del pueblo: la manera de referirse al algarrobo macho, que «no en fa i en fa fer» (no produce pero hace producir a otros), y el pellizco de hojitas de hinojo que aquí nunca falta «quan faig caragols».
Pellicer documentó también en Benidoleig el remedio tradicional contra las varices y los pies hinchados: «Banys d’estepa negra per a desinflamar i desinfectar els peus unflats» y «Aigua d’estepa negra per a llavar-se els peus i per a les varícies». La estepa negra (Cistus monspeliensis), que viste de blanco las laderas de la Marina en primavera, era uno de los recursos de la medicina casera del pueblo.
La misma tesis llega hasta la veterinaria casera: cuando moría el cabrito dentro de la madre y la cabra no podía parir, en Benidoleig tenían el recurso:
Bulliem quatre soques d’esparreguera quan es moria el cabrit dins de la mare i no movia. Trau el cabrit mort, a trossos i la cabra queda estèril però no mor.
Un remedio amargo y pragmático: no salvaba el cabrito, pero dejaba la cabra viva para seguir trabajando. Una veterinaria rural casi desaparecida que Pellicer dejó fijada en papel.
Más información en la web del Ajuntament de Benidoleig.
