Eventos en: Benicolet
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No obstant, et convidem a visitar i estimar Benicolet i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.
Benicolet, los riu-raus de la Vall d’Albaida
De origen andalusí y con apenas 620 habitantes, Benicolet conserva aún sus riu-raus, las construcciones tradicionales donde se secaba la pasa al sol, junto con un patrimonio hidráulico que recorre todo el término.
Qué visitar en Benicolet
La iglesia de Sant Joan Baptista, del siglo XVI, y el carrer d’en Mig, usado tradicionalmente para competiciones de pelota valenciana, marcan el centro del pueblo. Un monumento recuerda «la Poassa», el antiguo abrevadero comunal para el ganado. Por el término se conservan aún restos de riu-raus e infraestructuras hidráulicas como los azudes de Blai y de la Font del Tap, y el Arcadeta de la Séquia Nova.
El origen de un nombre, dos leyendas
El nombre de Benicolet aparece ya en documentos de la Cancillería Real de 1261. El arabista Asín Palacios lo hace derivar de Banu Khulayd, ‘los hijos de Khulayd’, mientras que Joan Coromines propone un origen latino muy diferente: Pinna Collecti, ‘la peña del depósito de cosechas’. Dos caminos —el árabe y el latino— que confluyen en el mismo topónimo y dibujan la complejidad de un país que ha pasado por muchas manos.
Sea cual sea el origen, Benicolet guarda un honor concreto: fue el primer término municipal de la Vall d’Albaida en caer en manos de Jaume I, ya en 1239, cuando el resto de castillos y términos de la comarca continuaron en manos musulmanas hasta 1244. El rey concedió la alquería al caballero aragonés Martín López de Belchite, franca de impuestos, y de aquí viene su antigua condición de pueblo de caballería antiquísima.
Benicolet en los pergaminos de Jaume I
El nombre del pueblo desfila varias veces por los papeles de la conquista. El 31 de agosto de 1251, Ramon de Malla, ciudadano de Barcelona y señor de la alquería de Benicolet, la devuelve al rey Jaume I. El 24 de enero de 1261, el mismo rey autoriza al caballero Martí Lopes de Belxit a vender la alquería, que entonces pertenece al término del castillo de Vilella. Y el 19 de febrero de 1278, Jaume I entrega al noble siciliano Joan de Pròxita el castillo y la villa de Llutxent con las alquerías de Quatretonda, Pinet y Benicolet: el núcleo de la futura baronía de Llutxent, a la que el pueblo quedará ligado durante siglos. Mucho más tarde, el 25 de mayo de 1648, el duque de Béjar y de Mandas aún modificará la carta puebla de Benicolet. Todas estas fechas proceden del censo de señoríos históricos valencianos de la Universitat de València, que cita los documentos originales del Archivo de la Corona de Aragón.
El territorio quedó ligado eclesiásticamente al convento de Corpus Christi de Llutxent desde 1535 hasta 1835. Uno de sus priores más distinguidos fue, en el siglo XVII, el benicoletano fra Joan Canet.
Senderismo en Benicolet
La Vía Verde del Serpis, conocida como la ruta del Racó del Duc, sigue el cauce del río por su cañón y es apta para bicicleta de montaña. Desde el pueblo sale también una ruta circular de 10,5 km y unas 4 horas, de dificultad media-baja, que pasa por la Font de l’Esbarzer, la Cova del Frare, la Cova Fonda y el Castillo de Vilella: una fortaleza almohade de los siglos XII-XIII considerada la más aislada de toda la Safor, alzada sobre el Coll de Llautó, el paso natural que une la Vall d’Albaida con la Safor. Entre los parajes de agua del término también destaca la Font de la Murta, resguardada en las umbrías de la sierra.
Los barrancos de la murta
Esa Font de la Murta no lleva el nombre por casualidad. Cuando llegaban las fiestas, la murta era mercancía: se encargaban cargas enteras para alfombrar las calles del Corpus y las procesiones, y los barrancos de Benicolet eran uno de los lugares a los que se iba a buscarla. Un vecino de Oliva le contaba así a Joan Pellicer:
Per festes t’encarregaven una càrrega de murta com un lujo, i la pagaven bé. Mon pare i io anàvem a fer-la a la muntanya de la font de l’Orn i sobretot als barrancs de Benicolet.
La cultura de la pasa
Los riu-raus del término no son un capricho arquitectónico: son la memoria de un oficio. Junto a los secaderos, donde la uva moscatel se escaldaba en calderas y se extendía al sol sobre los cañizos, los pórticos arqueados servían para levantarlos de prisa cuando amenazaba lluvia. Se da por hecho que esto es cosa de la Marina y la Safor, pero la banda oriental de la Vall d’Albaida tuvo su propia tradición pasera: Benicolet, Terrateig, Montitxelvo, Llutxent, Aielo de Rugat y Rugat.
Lo ha documentado el investigador Carles V. Fuster Montagut en Panses a l’ombria del Benicadell. Riuraus i sequers a la Vall d’Albaida (Institució Alfons el Magnànim, 2020), galardonado con el IX Premio de Investigación del Institut d’Estudis de la Vall d’Albaida. El libro remonta el oficio hasta el atzebib andalusí —la uva secada al sol— y lo sigue hasta 1972, el último año en que se escaldó pasa con finalidad comercial en la comarca. También catalogaba los 25 riu-raus valldalbaidinos mejor conservados y reservaba un espacio a la Festa de l’Escaldada, que cada año vuelve a encender las calderas como muestra etnográfica.
La filoxera de 1910 rompió de raíz ese ciclo de prosperidad: la enfermedad arruinó las viñas y obligó a emigrar a más de un cuarto de la población hacia Barcelona, Valencia y Argentina —una diáspora que Benicolet comparte con muchos otros pueblos de tradición pasera de la Vall d’Albaida.
Antoni Ferrando, un filólogo de Benicolet
El prólogo de aquel libro lo firma Antoni Ferrando i Francés, nacido en Benicolet el 9 de septiembre de 1947 y uno de los filólogos valencianos más influyentes del último medio siglo: catedrático de Filología Catalana de la Universitat de València, director del Institut Interuniversitari de Filologia Valenciana, miembro de la Secció Filològica del Institut d’Estudis Catalans desde 1985 y académico fundador de la Acadèmia Valenciana de la Llengua desde 2001. Un pueblo de seiscientos habitantes con uno de los grandes estudiosos de la lengua entre sus hijos.
Las danzas de Benicolet
El pueblo ha dado nombre a una de las danzas tradicionales recuperadas de la Vall d’Albaida, un baile llano que hoy vuelve a sonar con dolçaina y tabalet en el Aplec de Danses de la Vall d’Albaida. El etnobotánico Joan Pellicer recogió la cancioncilla que lo acompañaba, en la que hasta se cuela la huerta:
A ballar les danses de Benicolet,
una tomaqueta i un pimentonet.
Canten i ballen a la Pobla del Duc.
Ese último verso hermana Benicolet con la Pobla del Duc, señal de cómo las tonadas de baile pasaban de pueblo en pueblo por toda la comarca.
Fiestas en Benicolet
Las fiestas patronales, el primer fin de semana de agosto, honran a la Inmaculada, la Divina Aurora y el Crist de la Fe, con desfiles de Moros y Cristianos.
Más información en la web del Ajuntament de Benicolet.
