Eventos en: Barx

Actualment no hi ha esdeveniments en Barx.

No obstant, et convidem a visitar i estimar Barx i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Barx, el balcón del Mondúver sobre la Valldigna

Los días claros, desde la cima del Mondúver se puede ver hasta Ibiza. Barx es la única población asentada íntegramente sobre este macizo, entre la Safor y la Valldigna, y su término guarda dos de los yacimientos prehistóricos más importantes de todo el Mediterráneo peninsular.

Qué visitar en Barx

Las cuevas del Parpalló y de les Malladetes, en la ladera del Mondúver, son yacimientos paleolíticos de referencia, con materiales arqueológicos que documentan una ocupación humana continuada desde hace 29.000 años hasta hace 11.000. Entre el patrimonio religioso destacan la iglesia parroquial de Sant Miquel Arcàngel (s. XVII-XIX) y la ermita de Sant Pere Màrtir de la Drova, en lo alto del macizo. Vale la pena también llegar al mirador de la Visteta, con vistas panorámicas sobre todo el valle de la Valldigna, y a las basses de la Drova, construidas en el siglo XIX por los monjes para regar las tierras del entorno.

Senderismo en Barx

Diversas rutas de montaña salen de Barx hacia el Mondúver, con tramos expuestos y pendientes pronunciadas pero vistas que compensan el esfuerzo: desde la cima, los días claros, se ve la costa desde Sagunt hasta el Montgó, e incluso Ibiza. Otro itinerario sube desde la Font Nova, en la zona de les Foies, hasta el Puntal de la Font Nova y el Penyalba.

Fiestas en Barx

Las fiestas patronales se celebran en honor a la Divina Pastora y a Sant Miquel Arcàngel, en la segunda quincena de agosto, con procesión y ofrenda de flores como actos centrales. El pueblo celebra también la festividad de Sant Antoni Abat, el 17 de enero.

Curiosidades en Barx

El etnobotánico Joan Pellicer, en su tesis sobre el territorio diánico, entrevistó a Carles Ripoll Serrano, pastor de montaña nacido en Simat de la Valldigna y habitante de Barx, que le explicó por qué había dejado el oficio de bar para subir a vivir a la montaña:

M’ha criat dins d’un bar tota la vida, fins que vaig dir ja està bé, io me’n vaig a la muntanya, perquè io pesava 110 quilos i ara 78 i estic millor, i em guanye la vida a qui em lloguen.

Del mismo repertorio de remedios caseros que Pellicer recopiló en Barx, quedó uno curioso que le contó Tomàs de Barx: hervir hoja de caña «para fortalecer la sangre».

Pellicer anotó en Barx un nombre popular de planta de una poesía excepcional: la trenzilla —un pequeño helecho de hojas planas que crece en las fuentes húmedas— se conoce allí como guarda-llibres (‘guardapáginas’), porque sus hojas finas se metían dentro de los libros para señalar las páginas. Un nombre humilde y tierno, de escuela y lectura, que convive en el macizo con el del sumidero de la Donzella de Barx (‘la Doncella’): uno de esos pozos naturales que engullen el agua de la lluvia y la devuelven, convertida en fuente, al valle de la Valldigna —los mismos sumideros que Cavanilles describía maravillado.

Cavanilles sobre Barx y el Buixcarró

El macizo del Buixcarró, que se extiende entre los términos de Quatretonda, Simat de la Valldigna, Pinet y el propio Barx, ha sido cantera de piedra ornamental desde tiempos romanos. Cavanilles ya hablaba de ello en sus «Observaciones» del siglo XVIII:

En aquellos barrancos y a una legua de la citada fuente están las canteras de Buixcarró… Vistas de lejos semejan un gran castillo arruinado por los vivos colores y cortes que resaltan sobre lo pardo del monte y matas que allí crecen.

Cavanilles subió también hasta el propio valle de Barig, donde se asienta Barx, y dejó allí una de las escenas más vivas de todo su recorrido por el Reino de Valencia: la riada repentina que presenció el 1 de octubre de 1791, tras tres días de lluvias, cuando el macizo entero parecía desbordarse de agua.

Subí a aquella altura para ver el espectáculo que dio la naturaleza en 1.º de octubre de 1791 después de un diluvio de tres días. Apenas entré en el valle vi que la montaña opuesta de Puigmola brillaba por las anchas cascadas que desde muy alto se precipitaban.

Cavanilles explica que las aguas de la lluvia se tragaban por unos pozos naturales que allí llamaban avencs, para reaparecer después, con fuerza de río, mucho más abajo, en el valle de la Valldigna.

Más información en la web del Ayuntamiento de Barx.