Eventos en: Altea
- Las Fiestas Patronales de Altea: Moros y Cristianos, Muixeranga y fuegos sobre el mar del 25 al 29 de septiembre on 25 de septiembre de 2026
Altea, la cúpula azul de la Marina Baja
La imagen más fotografiada de toda la costa: la cúpula de tejas azules y blancas de la Iglesia de la Mare de Déu del Consol, coronando el casco antiguo de Altea. Refugio histórico de artistas e intelectuales, el pueblo desciende en callejones blancos desde el templo hasta el mar, con la Serra de Bèrnia como telón de fondo. No es extraño que la revista National Geographic la haya elegido entre los 20 pueblos más bonitos de España.
¿Qué visitar en Altea?
El casco antiguo de Altea se recorre desde el Portal Vell, una de las antiguas entradas a la muralla, subiendo por la calle Salamanca —con edificios de los siglos XVIII y XIX— hasta la rotonda del Aragonés, con vistas espectaculares sobre la bahía, y bajando después por el Portal Nou, la otra antigua puerta de la villa. La Torre de la Bellaguarda, torre de vigía del siglo XVI, todavía vigila la costa. Para los amantes de los museos, Altea cuenta con el Museo Kritikian de Ciencias Naturales, el Museo Navarro Ramón y el Museo Rocafort, dedicado al automóvil antiguo.
Senderismo en Altea
La Serra de Bèrnia ofrece algunas de las rutas más espectaculares de la comarca, como la subida al Forat de Bèrnia, un paso natural excavado en la roca que atraviesa la sierra de lado a lado y termina en un mirador impresionante sobre el mar. La cresta de Bèrnia hace de linde con el término de Benissa, de modo que la ruta circular al Forat puede encararse desde las dos vertientes, la marinera de Altea y la del interior. En las guías de senderismo aún se la llama «la sierra de los bandoleros», en recuerdo del refugio que ofrecía a los forajidos de siglos pasados en un relieve tan abrupto y agreste.
Fiestas en Altea
Cabe destacar las Fiestas de Moros y Cristianos, en honor de la Mare de Déu del Consol, patrona de Altea, que se celebran a finales de septiembre, con la Ofrenda de Flores como uno de los actos que abren el programa, seguida de desfiles, música y fuegos artificiales.
Mucho más singular es la Plantà de l’Arbret, una de las fiestas más peculiares del territorio: por el solsticio de verano, los labradores plantan un chopo en la plaza de la Iglesia como símbolo de agradecimiento a San Juan por las cosechas. Es el mismo rito ancestral del culto al árbol que pervive en pueblos como El Palomar o Millena. Diània TV lo recogió en vídeo:
Altea, el Mediterráneo hecho canción
Pocas imágenes resumen tan bien lo que entendemos por mediterráneo como las casas blancas de Altea bajando hacia el agua. Por eso no es casualidad que el grupo de Alzira La Fúmiga rodara aquí el videoclip de «Mediterrània», una de las canciones más populares de la música en valenciano de los últimos años, grabada con la colaboración de Flora (El Diluvi) y Man (VaDeBo). La letra convierte el nombre del mar en una definición de identidad: el Mediterráneo como fiesta y como tempestad, como ternura y como grito, y sobre todo como la certeza de haber nacido aquí y seguir aquí. Los callejones blancos y la cúpula azul que aparecen son la traducción visual exacta de esa idea.
Mediterrània és la tendresa
d’unes carícies al meu llit.
Mediterrània és la certesa
que ací em pariren i ací estic.— La Fúmiga, «Mediterrània»
Interpretación nuestra, pero difícil de evitar: cuando Obrint Pas canta en «Si tanque els ulls» —del disco Coratge (2011), con letra de Xavi Sarrià— ese país de casas blancas que abraza el mar, cualquiera que haya subido desde el puerto hasta la plaza de la Iglesia de Altea sabe qué imagen le viene a la cabeza. Altea es, en ese sentido, uno de los máximos exponentes de la mediterraneidad de Diània.
mirar per la finestra i veure despertar
un país de cases blanques abraçant la mar— Obrint Pas, «Si tanque els Ulls»
Curiosidades en Altea
El etnobotánico Joan Pellicer, en su tesis sobre el territorio diánico, entrevistó aquí al labrador Pere Joan Martínez Martí, “Polaco”, con padres, abuelos y bisabuelos de Altea, que resumía así su vida de oficios:
A mi em diuen Pere Joan però tots em diuen Polaco. He pasturat, he llaurat, he segat, he netejat i en Maó vaig ser jardiler 23 mesos.
El mismo Pellicer, al hablar del malví (Althaea officinalis), la hierba remediera de borde de acequia y marjal, anota una resonancia poética del nombre del pueblo: recuerda que Robert Graves, en el capítulo XVIII de La diosa blanca, relaciona el nombre Althaea con Altea, “la que hace crecer”, uno de los nombres de la diosa lunar de los órficos, y añade que el malví era su flor. Una casualidad bonita entre el topónimo de la Marina y el nombre científico de una planta de nuestro marjal.
Del mismo trabajo de campo en Altea, Pellicer recogió también un placer bien sencillo y gastronómico: la manera de comerse el cúdol, la vaineta tierna que se recoge antes de granar del todo, frita como si fuera una tortillita.
Per a fregir i fer tortilles és boníssim el cúdol a més no poder. M’estime més el cúdol que l’espárrec.
Dónde dormir y comer en Altea
En la calle Mayor del casco antiguo, en un edificio de más de 200 años que fue convento y escuela, se encuentra el Oustau de Altea: un restaurante de cocina francesa y de autor con 20 años reconocido en la Guía Michelin, que funciona también como galería de arte.
Más información en la web del Ayuntamiento de Altea.
