Eventos en: Ador

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No obstant, et convidem a visitar i estimar Ador i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Ador, el balcón de la Safor

A los pies de la Serra d’Ador, con el huerto de naranjos extendiéndose hacia el río Serpis y el mar dibujándose al fondo, Ador es conocido popularmente como “el balcón de la Safor”. Desde la Ermita de Sant Josep, en lo alto de un cerro que corona el pueblo, se abre uno de los panoramas más amplios de toda la comarca, desde las montañas hasta el Mediterráneo. Un pueblo pequeño y tranquilo, de raíz agrícola y apícola, con un pasado romano que aún guarda sorpresas.

Qué visitar en Ador

El punto de referencia del pueblo es la Ermita de Sant Josep, del siglo XVI y restaurada en 1972, que corona un cerro y regala las mejores vistas de toda la Safor. Es, por este motivo, el lugar que le ha valido a Ador el sobrenombre de “balcón de la Safor”. En el centro del pueblo, la Iglesia de la Mare de Déu de Loreto, de los siglos XVI-XVII, es el principal monumento religioso del casco urbano y da nombre a la patrona local.

Muy cerca, la Casa de l’Alfàs se alza literalmente sobre los restos de una villa romana, donde se han encontrado vestigios de una villa con sistema de calefacción, uno de los yacimientos romanos más importantes de la comarca. Junto al río Serpis crece, además, un monumental almez centenario en la bassa de la casa de Merlich, uno de los árboles notables que el etnobotánico Joan Pellicer documentó en todo el territorio diánico. Y si queréis ver una pieza verdaderamente singular, no os perdáis el Museu Etnològic d’Ador: además de su colección de herramientas agrícolas y domésticas y de una sección dedicada a la apicultura (Ador fue uno de los grandes productores de miel de la comarca durante el siglo XX), custodia un reloj de sol romano descubierto en una villa del término. Según el investigador Joan Olivares, que dio a conocer su existencia, se trataría de el único reloj de sol romano conservado en el País Valenciano, probablemente del siglo III.

El término guarda mucha más historia de la que se ve desde la carretera. En las cuevas del barranco del Figueral y dels Ossos se han encontrado puntas de flecha y restos humanos de época neolítica; el poblado de la Navesa documenta la presencia íbera, y la villa del Reconc, la romana. La casa de l’Alfàs, de hecho, no solo se alza sobre una villa: después fue trapig —molino de caña de azúcar— en los siglos del azúcar valenciano, y a su alrededor los condes de Ròtova, un linaje originario de Ador, levantaron una gran propiedad. También hay un oratorio privado en la Canaleta, y el propio nombre del pueblo, según una de las interpretaciones más aceptadas, sería de origen árabe con el significado de ‘las casas’ o ‘ruedo de casas’.

Senderismo en Ador

La Serra d’Ador, con sus barrancos, fuentes y cuevas, es terreno natural para caminar. El sendero local homologado SL-CV 59 atraviesa la Font de la Murtera, el Terrer y la Font del Sester hasta llegar al Piló del Ventura, a 352 metros. Es también el origen de la ruta de la Creu d’Ador i la Font del Sester, una salida circular corta y sencilla desde la piscina municipal. La Serra d’Ador enlaza, además, con el circuito más amplio que une Alfauir, Palma y Ador por la Font del Pintat, el castillo de Palma y la Creu d’Ador. Por el camino, la Cova de l’Alcalde y el Aula de Natura Serra d’Ador (que hace también de albergue para grupos de scouts y asociaciones) son paradas habituales de los excursionistas. En Wikiloc se pueden encontrar otras salidas cortas que parten directamente del pueblo.

El trozo de Ador que está en Marxuquera

Hay una rareza en el mapa de Ador que desorienta a cualquier excursionista: una parte del término municipal no toca el pueblo. Cuando Ador y Palma de Gandia se separaron en 1841, después de siglos de gobierno compartido, aún quedaba lo más difícil: repartir la tierra. La delimitación se fijó en 1844, a raíz de una concordia que asignó a Ador un tercio de la partida de Marxuquera —un enclave apartado del resto del término, que limita con Gandia y Llutxent— y que obligó a Palma a dar paso a los vecinos de Ador y a designarles los caminos para llegar hasta allí. Lo explica el fascículo Toponímia dels pobles valencians: Ador de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (2005), con texto de Jesús E. Alonso y recogida toponímica de Josep-Ramon Millet.

Y vale la pena subir hasta allí, porque en ese trozo de Ador desplazado hay uno de los rincones más queridos de la Safor. Joan Pellicer lo sitúa con precisión de botánico y de poeta en su catálogo del territorio diánico:

El Barranc dels Llidoners de la serra de la Marxuquera, al terme d’Ador, en el més ombriu de la vora dreta del qual naix la generosa i encisadora font de Lloret.

La Senda de la Font de Lloret aún figura con ese nombre en el mapa toponímico municipal, junto con el Camí del Pla de Lloret y el Camí Real de Xàtiva. Es una salida corta y umbrosa, ideal para hacer con niños cuando el barranco lleva agua.

Fiestas en Ador

Las Fiestas Patronales se celebran en la tercera semana de agosto, en honor de Sant Josep, la Divina Aurora, la Mare de Déu de Loreto y el Santíssim Crist de l’Empar, con una procesión nocturna que termina en la ermita. Ador vive también sus fiestas de Moros i Cristians, con desfiles, música y color por las calles del pueblo. Todo el año, las calles de Ador acogen partidas de pilota valenciana en la modalidad de raspall, una tradición deportiva muy arraigada en el pueblo.

Cultura en Ador

Más allá del Museu Etnològic, la vida cultural de Ador gira en torno a sus tradiciones: la apicultura, que todavía se reivindica como parte de la identidad local, y la gastronomía propia de la Safor, con el putxero y la paella como platos de referencia y el pa beneït por Sant Antoni. Cada año, el pueblo celebra también un concurso de dulces navideños que se ha convertido en cita fija del calendario local.

Curiosidades de Ador

Ador y el vecino Palma de Gandia caminaron juntos más de cinco siglos bajo un mismo gobierno municipal, hasta que en 1841 ambos pueblos pidieron y consiguieron independizarse como municipios separados. Todavía hoy se mantiene muy vivo ese vínculo histórico entre los dos pueblos vecinos.

Ese vínculo ha dejado huella incluso en el lenguaje popular: como recoge el etnobotánico Joan Pellicer en su catálogo del territorio diánico, los habitantes de Palma llaman a los de Ador orengos, y estos, a su vez, apodan a los de Palma palmissons —dos motes vecinales que toman su nombre, precisamente, de dos plantas bien conocidas en el término: la orégano y el margalló.

El mismo Pellicer recogió en Ador otra muestra de esa relación entre los dos pueblos: la rondalla popular La Nit de les Ànimes, uno de los cuentos de miedo más extendidos por toda la comarca sobre el zarzo —el arbusto que engancha la ropa en la oscuridad y hace creer a quien vuelve de noche que lo ha agarrado algún fantasma o ladrón—. La versión recogida en Ador, debida a Josep Bataller Calderón, tiene por protagonistas a un mozo de Ador, Pepet del Rei, y una chica de Palma de Gandia, Teresa de Palma, y el propio Pellicer añade que el escritor pallarés Pep Coll describe una variante, “amb més gràcia encara”, en Les Muntanyes Maleïdes (1993), referida al asustadizo sastre Mancurro de Castilló de Sos.

La historia señorial de Ador conecta el pueblo con medio territorio. Después de la conquista, la alquería —que ya aparece en el Llibre del Repartiment— pasó por las manos del siciliano Joan de Pròixita y, en 1460, de los Tolsà. El casamiento de Àngela Tolsà i Ripoll con Joan de Montcada i Cardona hizo que sus descendientes, marqueses de Aitona desde 1536, fueran señores durante generaciones: la misma casa que, en 1610, otorgaría la carta de población de Tàrbena a los repobladores mallorquines. Al final del Antiguo Régimen todo acabó en manos de los duques de Medinaceli. La parroquia, por su parte, no se separó de la de Palma hasta 1574, en tiempos del patriarca Ribera, y tanto el archivo parroquial como el municipal se perdieron durante la Guerra Civil.

Del catálogo de Pellicer sale también un remedio casero recogido en Ador contra el reuma que parece más una escala musical que una receta: comer ajos crudos en ayunas, un vaso de agua en mano, subiendo de uno el primer día hasta nueve el noveno, y volviendo a bajar hasta uno otra vez. Curiosidad etnográfica de un tiempo sin farmacias, no consejo médico.

En el verano de 2015, el alcalde de Ador emitió un bando por los altavoces municipales pidiendo a los vecinos que respetaran el silencio entre las 14 y las 17 horas durante una ola de calor, para proteger la siesta tradicional de los labradores y prevenir golpes de calor. La noticia acabó dando la vuelta al mundo, recogida por medios como The Olive Press y The Local, y hasta mereció un estudio académico en la revista Sleep Health sobre bandos municipales y salud del sueño.

Más información en la web del Ayuntamiento de Ador y en la ficha de Ador en Saforturisme.