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No obstant, et convidem a visitar i estimar Palmera i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.
Palmera, el pueblo llano que fue capital de la huerta de la Safor
Palmera es uno de los municipios más pequeños de la Safor, asentado sobre la llanura aluvial que ocupa casi toda la huerta de Gandia. Un pueblo absolutamente llano que, pese a su tamaño, llegó a ser capital de la huerta saforense en un momento clave de la historia valenciana.
Del despoblamiento morisco a la capital de la huerta
La historia de Palmera quedó mucho tiempo inmersa en la del ducado de Gandia, a cuyo señorío perteneció hasta las leyes desvinculadoras de las Cortes de Cádiz, en 1814. Antes, entre 1280 y 1320, la Safor vivió una etapa de prosperidad agrícola y demográfica en la que las alquerías emplazadas dentro del término de la villa real de Gandia -Palmera era una de ellas- proliferaron como pequeños señoríos.
Con la expulsión de los moriscos, Palmera quedó completamente despoblada. No sería hasta el siglo XIX, superada la crisis de la sedería y reconvertida la agricultura hacia el cultivo de la naranja, cuando la población se duplicaría hasta alcanzar los 458 habitantes en 1900. Durante el período de la Revolución Burguesa (1811-1837), Palmera se convirtió en capital de la huerta de la Safor, pese a ser un municipio pequeño y zona fronteriza entre los términos de Gandia y Oliva.
Fiestas de Sant Joan: tres días y tres advocaciones
En Palmera la fiesta no es de agosto, sino de solsticio: cae la tercera semana de junio, coincidiendo con Sant Joan, y se reparte en tres jornadas con tres titulares. El 23 de junio es el día de la Purísima Concepción, patrona del pueblo; el 24, el de la Divina Aurora; y el 25, la fiesta mayor, dedicada al Santísimo Cristo de la Salud -el mismo Cristo que es patrón del vecino Palma de Gandia, una coincidencia que dibuja bien cómo viajan las devociones por la huerta.
Senderismo: la Vía Verde de la Safor
La Vía Verde de la Safor, de 7 km sobre la antigua vía del tren Carcaixent-Dénia, atraviesa el término de Palmera entre Bellreguard y Oliva: los primeros 3 km discurren entre naranjales hasta Bellreguard y su playa, y justo después de pasar por Palmera el camino se aleja del tráfico y cruza por debajo de la carretera hacia Piles y Oliva, en un recorrido llano apto para caminar, ir en bici o en silla de ruedas.
El arrop i tallaetes de Palmera
El etnobotánico Joan Pellicer documentó en Palmera la elaboración artesanal del arrop i tallaetes, un dulce tradicional de toda la Safor: trozos de calabaza panesca se pelan y se endurecen en agua de cal viva, se lavan a fondo y finalmente se cuecen dentro del mosto de uva hervido (el arrop) hasta que cogen color, en una técnica que se transmitía de casa en casa en un pueblo que, como tantos otros de la huerta, vivió también de la venta ambulante de fruta y verdura por pueblos tan lejanos como los de la Marina de Murcia.
El Motor de Bartolí, patrimonio del agua
El patrimonio hidráulico de Palmera tiene en el Motor de Bartolí, construido en el siglo XIX, su elemento más representativo: una instalación que extraía agua para regar los campos de las partidas de Bartolí, Rafelsineu y Dijous. El proyecto “Palmera Turisme”, impulsado con el apoyo de la Diputación de València, trabaja por poner en valor este y otros recursos patrimoniales y turísticos del municipio.
Curiosidades
- La informante de Palmera en el trabajo de campo de Joan Pellicer fue Amèlia Femenia Muñoz, nacida el 2 de enero de 1916, mujer de Josep Todolí Català, «el Melero».
- De ella sale uno de los remedios más visuales de todo el catálogo: dejar tres bolitas verdes de ciprés en la cocina, a la vista, y mirarlas cada vez que se entra para no sufrir de almorranas -«hay que cambiar las bolas por unas nuevas verdes cuando se secan las viejas».
- En Palmera, como en Ondara, al rusco lo llaman «llengua de dona» (lengua de mujer), «porque tiene un pincho en medio».
Más información, en la web del Ayuntamiento de Palmera.
