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No obstant, et convidem a visitar i estimar Otos i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Otos, el pueblo que vistió sus calles de relojes de sol

Otos es un pequeño municipio de la Vall d’Albaida que, tras siglos de baronía y despoblamiento, ha encontrado en el arte una manera propia de mostrarse: una ruta de relojes de sol por las calles del pueblo, firmados por algunos de los artistas valencianos más reconocidos.

De la baronía de los Milà i Aragó a la carta puebla de 1611

En 1553, Cristòfor del Milà i Aragó, segundo conde de Albaida, adquirió la baronía de Otos a su cuñado Ferran Proixida. Tras la expulsión de los moriscos, el pueblo quedó casi desierto, y no se repobló hasta la carta otorgada en 1611. En el siglo XX, el cultivo y la comercialización de la uva trajeron una etapa de prosperidad económica, que la filoxera primero y la Guerra Civil después acabaron cortando de raíz.

Una ruta de relojes de sol firmados

La idea nació en 2005 con un nombre que lo dice todo, «Otos, el pueblo de los relojes de sol», y con ocho relojes encargados a artistas valencianos de primera fila: Arcadi Blasco, Rafael Armengol, Manuel Boix, Antoni Miró, Andreu Alfaro, Artur Heras, Elisa Martí y Rafael Amorós. Funcionó tan bien que hoy el pueblo pasa de los treinta, repartidos por fachadas y esquinas, con visitas guiadas. La ruta ganó el primer Premio de Turismo de la Diputación de Valencia en 2006 y un reconocimiento de Cultura en 2019. Es una manera de llenar de creatividad un pueblo pequeño, en la línea de otros municipios de la Vall d’Albaida como Benissoda, que tiene sus propios relojes gnomónicos en el Parc de les Moreres.

Joan Olivares, el escritor que hace hablar al sol

Detrás de los relojes de Otos hay un nombre de la casa: Joan Olivares (Otos, 1956), licenciado en Física, profesor de matemáticas durante más de treinta años en el instituto de Albaida y, sobre todo, diseñador de relojes de sol. Él, junto con el artista Rafael Amorós, coordinó el proyecto que llenó el pueblo de gnómones y publicó el libro Rellotges i calendaris solars a la Vall d’Albaida; un reloj suyo de doble gnomon, en el Parc de Benissoda, fue premiado en el Congreso Internacional de Gnomónica de Brescia en 1999.

Pero Joan Olivares es también uno de los novelistas valencianos más reconocidos de su generación. Empezó a escribir pasados los cuarenta años y ha ganado algunos de los premios más importantes de las letras valencianas: el Ciutat d’Alzira con Anys de sang (1999), el Andròmina de los Premis Octubre con L’estrep (2005) y el Premio Enric Valor con El metge del rei (2014), entre otros. Que un pueblo de poco más de cuatrocientos habitantes tenga su propio escritor -y que ese escritor sea quien ha enseñado al sol a marcar las horas por sus calles- dice mucho de Otos.

Los Santos de la Piedra, doscientos años de fiesta

Los patrones de Otos son San Abdón y San Senén, los Santos de la Piedra, los protectores de los labradores contra el pedrisco -una advocación que dice mucho de un pueblo que ha vivido del secano y de la viña. Las fiestas patronales cumplieron el bicentenario en 2016: se documentan desde 1816. El día grande de los patrones es el 7 de agosto, segunda jornada de las fiestas; hasta 1969 se les dedicaban dos días, y la fecha oficial de su martirio en Roma es el 30 de julio.

Senderismo: la umbría del Benicadell

El sendero SL-CV 10, de 8,5 km y unas 2,5 horas, atraviesa el Paraje Natural Municipal de la Umbría del Benicadell saliendo del Palau d’Otos. El pueblo forma parte también de la ruta temática de los ocho pueblos del Benicadell, que enlaza Atzeneta d’Albaida, Carrícola, Bèlgida, Otos, Beniatjar, Ràfol de Salem, Salem y Castelló de Rugat, todos a los pies de la misma montaña.

Las algarrobas de Otos y las hierbas de la montaña

El etnobotánico Joan Pellicer documentó en Otos dos variedades locales de algarroba que todavía se distinguen por el nombre: la xopa, bastante larga, y la vera o melera, igual de larga pero más gruesa -un matiz que refleja la importancia que tuvo este fruto de secano en la economía tradicional de toda la Vall d’Albaida, junto con la uva.

Pero lo que hace de Otos un pueblo especialmente rico en el catálogo de Pellicer es la cantidad de nombres y usos de hierba que se recogieron allí. Unos cuantos, para abrir boca:

  • Herba-fam (hierba-hambre): la pelosilla. Y el porqué del nombre, tal como lo cuentan en Otos: «si desayunas tres días seguidos con esta hierba te entra hambre».
  • Ajoca-perdius (acuesta-perdices): así llaman al cardo santo, «porque las perdices van a acostarse sobre la planta». Es de los nombres más bien hallados de todo el catálogo.
  • Gramónica para fumar: en Otos fumaban sus hojitas «cuando no había tabaco, como en la guerra» -un recuerdo que Pellicer recoge también en Terrateig, la Pobla del Duc y Ràfol de Salem.
  • Calabacín de vino con tapón de zuro de maíz: la calabaza vaciada hacía de bota para ir al bancal, y el tapón era una panocha. De la calabaza decían que «ni da ni quita».
  • El cardo panical de los herbolarios: «aquí los herbolarios de antes recogían las raíces del panical», contaban en Otos -la misma raíz que en medio territorio se colgaba al cuello dentro de un canutillo contra las quemaduras del sol.
  • Y una manera de decir muy de aquí: tomar coronela para limpiarse la sangre en primavera «haciendo una novena», nueve días seguidos, como las de la iglesia.

Más información, en la web del Ayuntamiento de Otos.