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No obstant, et convidem a visitar i estimar Moixent i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Moixent, el pueblo del guerrero de bronce y la ciudad íbera perdida

Moixent es un municipio de la Costera conocido en todo el País Valenciano por un tesoro arqueológico: la Bastida de les Alcusses, uno de los yacimientos ibéricos más importantes del territorio valenciano, y el bronce del Guerrero de Moixent que allí apareció. Un pueblo donde la Prehistoria y la Edad del Hierro pesan tanto como el paisaje de las Terres dels Alforins que lo rodea.

La Bastida de les Alcusses, una ciudad íbera abandonada de golpe

En la cima alargada de la Serra Grossa, a 741 metros de altitud, se alzó durante el siglo IV aC una gran ciudad íbera: la Bastida de les Alcusses, amurallada, de 650 metros de largo por unos 150 en el punto más ancho. Su importancia viene, en buena parte, de cómo acabó: hacia el 330 aC la ciudad fue destruida y abandonada de súbito, y eso permitió que quedara “congelada” en el tiempo, con objetos cotidianos in situ que la convierten en uno de los yacimientos ibéricos mejor conservados del territorio valenciano. Entre los hallazgos destacan una lámina de plomo con escritura ibérica y numerosos utensilios de hierro y cerámica.

El Corral de Saus, la otra ciudad de los íberos

La Bastida no es el único tesoro íbero de Moixent. En el llano, lejos de la cima de la Serra Grossa, se extiende la necrópolis ibérica del Corral de Saus, un gran cementerio de aquella misma civilización que ha aportado buena parte de las piezas que hoy se exponen en el Museo Arqueológico Municipal de Moixent. Entre la ciudad amurallada de arriba y el campo de tumbas de abajo, el término guarda así los dos extremos de la vida íbera: el lugar donde se vivía y el lugar donde se honraba a los muertos. (Fuente: Museo Arqueológico de Moixent.)

El Guerrero de Moixent, símbolo de un yacimiento

El 21 de julio de 1931, el obrero Vicente Espí encontró, en el departamento 218 del yacimiento, una pequeña figura de bronce de un jinete con escudo montado a caballo. Este “Guerrero de Moixent” se convirtió en símbolo del yacimiento, del municipio y del Museo de Prehistoria de Valencia, donde se conserva. El Museo Arqueológico Municipal de Moixent organiza visitas y talleres educativos sobre la cultura íbera y el guerrero, y el pueblo aparece citado incluso en canciones populares: La Gossa Sorda canta “els guerrers de Moixent” en “Farem Saó”.

El castillo, la Torre dels Coloms y la cueva del Pare Moreno

Moixent no es solo íberos. Sobre el pueblo, encima de los restos de un poblado de la Edad del Bronce, se alza el castillo de Moixent, de época almohade y de finales del siglo XII, con dos recintos —el superior del castillo y uno inferior rodeado de murallas con torres de planta cuadrada— y un foso que lo defendía por levante. Pasó a la Corona de Aragón en 1244 y sufrió dos asedios que lo dejaron en ruinas: el de 1351, en las guerras entre Aragón y Castilla, y el de 1521, durante las Germanías.

Al lado, aislada y restaurada, está la Torre dels Coloms, una gran torre albarrana de base cuadrada y tres plantas que vigilaba el camino del Bosquet y que hoy es uno de los monumentos más reconocibles del pueblo. Y entre las escaleras que suben al castillo se abre la cueva del Pare Moreno, un abrigo amplio ligado a la memoria de fray Cristòfol Moreno, hijo ilustre de Moixent: la tradición cuenta que fue abandonado allí de niño cuando se contagió de peste bubónica, y que sobrevivió. Enfrente, en lo alto de un montículo de pinos, está la ermita de la Virgen de la Cueva, del siglo XIX, con los restos del acueducto de un antiguo molino harinero detrás.

La Escalera de la Doncella

Camino del Bosquet, el desfiladero del barranco guarda una formación rocosa natural con nombre y leyenda: l’Escala de la Donzella (la Escalera de la Doncella). Cuenta la tradición que un mago mostró al señor musulmán de Moixent y a su hija cómo se entraba, por aquella escalera de piedra, al interior de un palacio escondido. Un día la hija entró sola y la puerta ya no se pudo volver a abrir jamás. Dicen que cada cien años se entreabre un instante, para que la doncella salga a comprobar si hay alguien capaz de desencantarla. Por el mismo desfiladero se conservan dos abrigos con pinturas rupestres esquemáticas, protegidos con reja, donde destacan unas figuras humanas.

El Bosquet: un lago hecho a mano en el siglo XVIII

Al sur del término, en medio de una hoya cerrada por el Picaio, la sierra de la Talaia, Covatelles y la Balarma, está el Bosquet, el paraje más querido de Moixent: un pantano artificial de dimensiones modestas —unos 100 metros de ancho por 200 de largo— rodeado de pinares y de un bosquecillo de carrascas que es lo que le dio nombre. La presa, de gravedad y hecha con dos muros de contención con contrafuertes que parecen los de una fortaleza, se terminó hacia 1775. En pleno carrascal se conservan los restos de una nevera del siglo XVIII, y junto al agua, la casa de la Bassa, donde vivía el personal de mantenimiento. El embalse está incluido en el Catálogo de Zonas Húmedas del País Valenciano desde 2002 y la presa es Bien de Interés Cultural, con categoría de monumento, desde 2005. Un camino ancho lo rodea entero, entre pinos, arces y carrascas, y baja hasta un bosque de chopos en el fondo del barranco.

Cavanilles: «una de las villas más recomendables del reino»

Pocos pueblos tienen un retrato tan personal como el que le hizo Antoni Josep Cavanilles. El botánico pasó aquí unos meses en 1759, cuando Moixent tenía 350 vecinos, las lomas de levante eran áridas y el barranco del Bosquet estaba abandonado. Cuando volvió, años después, no se lo creía:

Es Moixént una de las villas mas recomendables del reyno por el grande aumento que en pocos años ha tenido en agricultura y vivientes.

El pueblo se había estirado con edificios nuevos «y aun calles enteras» para alojar a los 800 vecinos que ya tenía, y contaba con más de noventa masías repartidas por los distritos de Garmoixent, Bosquet, Alcusses y Badillo. Cavanilles atribuye el milagro a Pasqual Caro, que administraba el patrimonio de su sobrino el marqués de la Romana: «hizo el pantano que se ve en el barranco del Bosquét, recogió aguas, y aumentó el riego». En una nota al pie, el botánico todavía le da las gracias por los documentos que le facilitó sobre las aguas del Turia y del Júcar.

Curiosidad: los jacintos de Compostela

El propio Cavanilles dejó aquí un hallazgo que sigue sorprendiendo a quien camina por el Bosquet. En el fondo de los barrancos y, sobre todo, en las fuentecitas del Bosquet, hay «gran número del quarzo cristalizado, que se conoce vulgarmente con el nombre de jacintos de Compostela»: cristales blancos, amarillentos y, la mayoría de las veces, de un rojo encendido, en forma de prismas de seis caras acabados en punta piramidal por los dos extremos. En los mismos terrenos encontró también glossopetras, el nombre antiguo de los dientes fosilizados de animales marinos. Según Cavanilles, cristales como estos solo se encontraban, en el reino, cerca de Moixent, de Planes y de Ayòdar.

Senderismo: el barranco de la Bastida y la Falaguera

La ruta circular más conocida del pueblo sale del Albergue de les Alcusses, en la CV-652, y sube hasta el yacimiento ibérico siguiendo el barranco de la Bastida, entre campos de cereal, girasoles, viñas y olivos según la época del año; es una salida de dificultad moderada-baja recogida en varias fichas de Wikiloc. El término comparte también, río abajo, el soberbio barranco de la Falaguera, tributario del río Cànyoles, que baja desde la Font de la Figuera atravesando Moixent, tal como lo documentó el etnobotánico Joan Pellicer entre los grandes barrancos “falagueraires” del territorio diánico.

Les Penyetes dels Diablets

En la vertiente de la Solana, encima de ese barranco, hay unas peñas dispersas que parecen talladas por mano humana. Pellicer preguntó su nombre a un vecino de la Font de la Figuera y se llevó una de las mejores leyendas que recogió jamás. Se llaman les Penyetes dels Diablets de la Falaguera (las Peñitas de los Diablillos), y el nombre se lo explicó el abuelo del informante, un hombre criado en les Alcusses de Moixent: la noche de San Juan el helecho hace flor y semilla, y quien las recogía dentro de un canuto de caña tapado con corcho y lo guardaba hasta el verano, cuando empezaba la siega, tenía la ayuda de los diablets, unos seres diminutos que salen al destapar el canuto y que solo quieren faena y más faena. Un amo, cuando ya le habían segado todo y no sabía qué mandarles, los envió monte arriba a cortar piedra y a allanarla. Y allí quedaron las piedras talladas, tal como las dejaron.

Terres dels Alforins

Moixent forma parte, junto con Fontanars dels Alforins y la Font de la Figuera, de las Terres dels Alforins, la “toscana valenciana” de viñas y masías. Por el camino que une Moixent con Fontanars, en el kilómetro 8, se conserva aún la ermita de la Puríssima, dentro de la finca agrícola de la Casa Rabosa.

Fiestas: el Cristo del Calvario y unos Moros y Cristianos jóvenes

La fiesta grande de Moixent es la última semana completa de agosto, en honor del Santísimo Cristo del Calvario —el patrón del pueblo— y de las Veneradas Santas Reliquias. Los Moros y Cristianos, con bandos como los Al-kahúsins, los Bantúes o los Almogàvers, se celebran en cambio el fin de semana previo a Todos los Santos: una fiesta relativamente joven, nacida en 2008, pero ya bien arraigada en el calendario del pueblo.

La cocina moixentina

En la mesa, el gazpacho con hierbas de monte y conejo de bosque, les farinetes y el arroz “al fo” (cocido al fuego con judías y nabos) son los platos que mejor identifican la cocina de Moixent.

Más información, en la web del Ayuntamiento de Moixent.