Eventos en: Benimassot

Actualment no hi ha esdeveniments en Benimassot.

No obstant, et convidem a visitar i estimar Benimassot i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Benimassot, el balcón de la Serrella

Al casco antiguo de Benimassot todavía se entra por un túnel, entre calles blancas y empinadas de raíz árabe con los balcones llenos de tiestos de flores, en un pueblo conocido como «el balcón de la Serrella» por su privilegiada situación paisajística en el Vall de Seta.

Qué visitar en Benimassot

La iglesia de la Purísima Concepció, del siglo XVII, preside el casco urbano. En los alrededores del pueblo se pueden visitar formaciones rocosas como los Frares, el Tossal Blanc o el peñal de Cantacuc, y las Covetes Roges, un abrigo de la serra de l’Esmolaora con arte rupestre de siglos de antigüedad.

El olivar milenario premiado de España

Bajo Benimassot se esconde uno de los árboles más venerables del país. La Olivera de les Quatre Soques —también conocida como la Olivera de Sam, por su propietario— fue proclamada Olivera Monumental de España 2022 por la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO). Es un coloso de cerca de mil años, unos 7 metros de altura y casi 15 de perímetro, que debe el nombre a los cuatro troncos que tenía originalmente, hasta que un antepasado del dueño, a principios del siglo XIX, taló uno y la dejó con tres. A su alrededor, la partida de l’Olivar reúne una cuarentena más de olivos centenarios —como la olivera de la Camoera, la del Mussol o la de la Navaixa, o las de la Torreta y l’Engolidor que documentó Joan Pellicer—, en una de las mayores concentraciones de olivos milenarios de todo Diània.

Las visitas al olivo y la cata de aceites a su sombra se organizan a través del oleoturismo de Castell de la Costurera (de la vecina Balones) y la plataforma Essències, y se pueden completar con la almazara de Millena, en el mismo Valle de Travadell.

El robo de Benimassot

El domingo 22 de febrero de 1874, Benimassot —entonces uno de los pueblos más ricos de los contornos— vivió el golpe de mano más sonado del bandolerismo valenciano del siglo XIX. Mientras el vecindario estaba en misa mayor, treinta y cuatro bandoleros enmascarados de la Companyia de Segrestadors de la Marina irrumpieron en la iglesia de la Purísima y retuvieron a la gente a punta de arma. El cabecilla, Josep de la Tona, sacó un papel del bolsillo y llamó uno a uno a los más adinerados: cada rico salía acompañado de dos ladrones hacia su casa a recoger el dinero y las joyas. Se llevaron unos 55.000 reales, un botín que pasó a la leyenda. El líder de la banda, un labrador de Pedreguer nacido en 1835 que siempre robaba a los poderosos y nunca a los pobres, moriría a tiros de la Guardia Civil al año siguiente. El historiador Manel Arcos, el gran especialista del bandolerismo valenciano, reconstruyó el caso real —lejos de la leyenda— en los libros El robatori de Benimassot y Conflicte d’interessos, y lo contó en la misma plaza Mayor del pueblo.

La Noche de San Juan, la higuera y el niño quebrado

Hay rituales que parecen inventados y que están documentados en medio mundo. En Benimassot, los niños quebrados —los que padecían una hernia— se curaban la Noche de San Juan pasándolos por una rama de higuera borde abierta en dos. Lo cuenta Joan Pellicer en su catálogo, y el detalle que lo hace inolvidable es el diálogo que debían decir los hombres que lo pasaban, uno llamado Joan y el otro Pere:

Dona’m, Pere; pren, Joan.

Otro vecino del pueblo lo recordaba más sencillo: «pasaven els xiquets trencats per dalt de la figuera borda a les dotze de la Nit de Sant Joan; entre tres o quatre, d’un costat a l’altre». Después se ataba la rama, y se creía que, a medida que el árbol se cerraba, se cerraba también el cuerpo de la criatura. Pellicer señala que la misma costumbre, con fresno en lugar de higuera, la describió James G. Frazer en La rama dorada: de Benimassot a Inglaterra, la misma idea.

El otro solsticio: las antorchas de Nochebuena

Si el solsticio de verano tenía la higuera, el de invierno tiene el fuego. Benimassot es uno de los once pueblos diánicos que la noche del 24 de diciembre salen a la calle con antorchas encendidas —xameles aquí y en el resto del Vall de Seta, aixames o fatxos allí donde se hacen de esparto— para despedir la noche más larga del año.

En el pueblo, la faena era de los pequeños: cuando Joan Pellicer preguntó por las xameles, le respondieron que era «cosa de xiquets de nou o deu anys». Se hacían con manojos de espliego segado y seco, atados con cordel y empalmados hasta tener una antorcha larga; en Gorga, cuando no había espliego, las hacían de belatge, y en Fageca la noche acababa entrando en los corrales a espantar los pájaros dormidos.

Allí donde se hacen de esparto, el gesto es el mismo: hacerlas girar en círculo hasta que lanzan una lluvia de chispas que recuerda un enjambre de abejas, de donde probablemente viene el nombre de aixames. Lo hacen también Tibi, Xixona, Onil, Relleu, la Torre de les Maçanes, l’Orxa, Gaianes, Beniarrés y Millena. El etnobotánico Daniel Climent lo define como «un canto pagano al crecimiento del sol». Todos los detalles, en la Rodà de les Aixames de Diània.

Senderismo en Benimassot

La ruta circular por la Serra d’Almudaina sale del pueblo, pasa por el balcón de la Serrella, la font de Baix y la font de Frau, y llega hasta las Covetes Roges y el despoblado de la Torreta. Una variante muy popular pasa expresamente por la Olivera de les Quatre Soques.

Las hierbas de la Serrella

Los matorrales y las umbrías del término son buena tierra de hierbas medicinales, y Benimassot es uno de los pueblos donde la melisa recibe el nombre de tarongina —como en Almudaina, Benilloba o Penàguila—, una planta de umbría húmeda que se usa para los nervios, para aderezar guisos y como ingrediente del herberet. En los pueblos vecinos de la Serrella, como Castell de Castells, de esas mismas hierbas hacían tisanas de catorce plantas.

Curiosidades de Benimassot

  • Colmenas de belatge. Antes de que llegaran las cajas de madera, aquí las colmenas se hacían con el albelaje de la montaña. Un vecino lo explicaba a Pellicer con la precisión de quien lo ha hecho: se pasaba la hierba por un cordel hasta tener como un cañizo, se doblaba, se cosía, y después se le hacía la capucha. «Jo encara he conegut fer bucs de belatge ací, i encara en deu quedar algun per alguna pallissa.» En Benimassot, además, también hacían con él los tejadillos de las colmenas.
  • «Ací no n’hi han margallons. A Tollos, sí.» La frase, recogida en el pueblo, vale como lección de geografía botánica: el palmito no se aleja demasiado del mar ni sube donde hace demasiado frío, y entre Benimassot y Tollos, tan cerca el uno del otro, ya hay frontera.
  • El melocotón Maredeueta de Gorga. Entre las variedades de melocotón que se conocían en Benimassot —la agostenca, la tardana, la brasilera— hay una que lleva el nombre de la patrona del pueblo vecino: la maredeueta de Gorga. Los frutos también tenían calendario de fiestas.
  • Del recetario del pueblo: el alcohol de romero para frotarse las rodillas, los vapores de tomillo y espliego para los resfriados, y los ojillos de zarza, «boníssims, a soles o mesclats en verdura».

El Vall de Seta, seis pueblos y una montaña

Benimassot forma parte, junto con Gorga, Balones, Tollos, Quatretondeta y Fageca, del Vall de Seta, un enclave único en el interior de la comarca, lleno de almendros y olivos, donde la serra de la Serrella hace de frontera natural entre la Marina y El Comtat.

Más información, en la web de la Mancomunitat d’El Comtat.