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Muro de Alcoy, el pueblo entre el Serpis y el Agres adonde se va el tío Pep

Muro de Alcoy es un municipio de El Comtat entre los ríos Serpis y Agres, rodeado de pinos y almendros, con un origen árabe que todavía se nota en las calles estrechas de su casco antiguo. Es también el pueblo que da nombre, capitalidad y estructura administrativa a aldeas como Turballos, Setla de Nunyes y Benàmer.

De Çalema Hoto a Roger de Llúria

Antes de la conquista, Jaume I concedió la villa de Muro a Çalema Hoto, un musulmán de Xàtiva. Más adelante, Jaume II cedió Cocentaina y sus aldeas -Muro incluido- a Roger de Llúria, el almirante que tantos servicios prestó a la Corona de Aragón. Las calles estrechas y el casco antiguo reflejan todavía ese pasado de convivencia de culturas, con nombres de barrios y trazas arquitectónicas de raíz árabe.

“El tio Pep se’n va a Muro”: la canción que sacó al pueblo de paseo

Hay pueblos que salen en los libros y pueblos que salen en las canciones. Muro sale en la canción valenciana más cantada de todas, y el motivo es bien prosaico: la gente de la contornada venía aquí a la feria a comprar ganado y carro. La letra la recogió Manuel Sanchis Guarner en Els pobles valencians parlen els uns dels altres -la versión que anotó en Alcoi dice así-:

El tio Pep se’n va a Muro.
De Muro què em portarà?
Una tartana i un burro
per a anar a passejar.

El tio Pep ja té el burro,
que molts quinzets li ha costat,
i tota la gent de Muro
diuen que l’han enredat.

La canción continúa, y acaba como suelen acabar estas cosas: «el ruc li ha dat tres patades i l’han dut a l’hospital; té tres costelles trencades i tot lo cos li fa mal». Lejos de ofenderse por la fama de tratantes espabilados, en Muro se la han hecho suya: el tío Pep tiene escultura propia a la entrada del pueblo -con burro y tartana incluidos- y un parque que lleva su nombre, y la canción se canta como un himno en el acto de apertura de la feria. Según la tradición local, detrás del personaje habría un hombre real, una especie de recadero que a finales del siglo XIX llevaba encargos entre Alcoi, Cocentaina y Muro.

La Fireta de Sant Antoni, desde 1738

La feria de la canción existe todavía y es una de las citas más veteranas de todo el territorio: la Fireta de Sant Antoni se celebra desde 1738 y ocupa tres días de enero, cuando las calles del pueblo se convierten en mercado y muestrario de oficios. A lo largo de los años ha ido sumando el Aplec de Danses -que organiza el Grup de Danses Baladre-, el concurso de composición para dulzaina y percusión y espectáculos de calle. En Diània TV hemos contado las últimas ediciones en “Muro obre la Fireta de Sant Antoni”. Muro ha sido también sede del Festitró, el festival de música infantil en valenciano de l’Alcoià y El Comtat, y de la Trobada d’Escoles Valencianes de la comarca.

Fiestas: la Virgen de los Desamparados y las Entradas de mayo

La fiesta grande de Muro son los Moros y Cristianos en honor de la Virgen de los Desamparados, la patrona a quien está dedicada la ermita neoclásica del pueblo. Los días grandes caen en mayo -en 2026, del 9 al 11-, con la Entrada Mora el sábado y la Entrada Cristiana el domingo, las dos a las cinco de la tarde. Son desfiles multitudinarios: las últimas ediciones han llegado a reunir más de cuatro mil festeros entre las dos entradas, una cifra enorme para un pueblo de unos nueve mil habitantes. La música la ponen la Unió Musical de Muro y la colla La Xafigà, que cada año estrenan piezas dedicadas a los cargos festeros.

La ermita, la iglesia y los parajes del término

Entre el patrimonio de Muro destacan la ermita de la Mare de Déu dels Desemparats, de estilo neoclásico, y la iglesia de Sant Joan Baptista, un templo renacentista. Por el término municipal se encuentran parajes de interés natural para el senderismo y el paseo como la Penya del Frare, Fontanars, la font del Baladre y el Racó Llobet, mientras que las aldeas de Turballos, Setla de Nunyes y Benàmer conservan todavía el carácter morisco de su origen.

Senderismo: el Estret del río Agres y la font del Baladre

El río Agres atraviesa el término de Muro por un desfiladero conocido como l’Estret, encajonado entre los riscos de la Penya del Frare. Justo debajo de esta peña, el etnobotánico Joan Pellicer documentó la font del Baladre, bautizada por las matas de adelfa (baladre) que crecen a la orilla del agua. Es, de hecho, el primer topónimo que Pellicer anota en su catálogo cuando llega al baladre -“dins el riu Agres al seu pas per l’Estret, just davall del cèlebre penyal del Frare”-, por delante de la partida del Baladre de Oliva, la font del Baladrar de Pego, la de Beniatjar o el toll dels Baladres de Ebo. Es uno de los rincones más frescos y menos conocidos del término, ideal para combinar con los parajes de Fontanars y el Racó Llobet en una salida a pie corta pero bien sombreada. En el término queda también, como nombre, la Cova de les Pruneres, no lejos del barranc de la Cabrantà de Manola.

Más de dos mil cortinas de adelfa

Esa misma adelfa del río no era solo paisaje: era materia prima. En Muro, Pellicer entrevistó a un hombre que se había hecho una especialidad, la de fabricar cortinas de baladre para las puertas de las casas -esas cortinas de trocitos de tallo ensartados que colgaban en verano para espantar las moscas-. Iba a buscarla él mismo al río «en unes estisoretes manuals», eligiendo las varas que podía agujerear con un hierro; las cortaba un día para el siguiente, porque la adelfa tenía que “morir-se el cor” -mustiarse- antes de dejarse ensartar. Después venía el trabajo de precisión:

Me’ls tallava els canuts a mida de 7 o 8 o 10 cm… M’ho enrastrava en rastres de dos metres o dos metres i mig, segons l’altura de la portalada, perquè la portalada té 1’80 o 1’90 i hi ha portalades de 2 m, i aixina fea rastres, i en una portalada entraven 40 o 50 rastres. I llavors io penjava la cortina, i les venia prou bé perquè em guanyava prou diners en elles. Eixa era la meua especialitat, les fea aixina per a que la cortina tinguera joc i auixara les mosques, perquè llavors hi havia molta mosca i la cortina s’estilava molt. Io en tinc moltes, moltíssimes fetes… en tindré fetes més de dos mil de cortines de baladre.

Para la misma guerra contra la mosca, en Muro colgaban en el corral ramos de julivarda (la olivarda) “per a auixar les moscardes”. Y todavía hay un tercer truco de casa: las mujeres que hacían queso blanquet partían un brote de lecheruela, echaban unas gotas de leche dentro del perol y “quallava de seguida la llet de les cabres”.

Baladre, la palabra que acabó siendo el nombre del pueblo bailando

La fuente, el río y las cortinas no son los únicos lugares donde aparece la palabra. Desde 1979, el grupo de danzas de Muro se llama, precisamente, Grup de Danses Baladre, y con él la Rondalla Baladre y una escuela propia que ha ido pasando el repertorio de una generación a otra. Organiza el Aplec de Danses de la Fireta de Sant Antoni y la danzada de calle del “Palacio”, y desde los años ochenta ha llevado los bailes de Muro a intercambios por medio mundo -Italia, Alemania, Francia, Polonia, Portugal, Galicia, las Islas, las Canarias-, además de acompañar musicalmente a otros pueblos del alrededor, como la muestra de bailes tradicionales de Gaianes. Un árbol de río, una fuente, una cortina de puerta y un grupo de danzas: al final, todo en Muro lleva el mismo nombre.

El aceite de Muro: blanqueta, alfafarenca, genovesa, cuquello y queixalet

En el catálogo de Pellicer, cada pueblo de la comarca tiene su lista de aceitunas, y la de Muro es de cinco nombres: blanqueta, alfafarenca, genovesa, cuquello y queixalet. De la primera, la más extendida, el informante deja un juicio sincero: el aceite de la blanqueta «arrapa una miqueta» y es inestable, se enrancia enseguida. La alfafarenca -la de Alfafara, que en Agres ocupa el 95% del término- tiene la hoja más estrecha y alargada, y el queixalet, largo, es el que en Benimarfull reservan para el agua-sal. Un mapa de olivos que cambia de nombre cada dos kilómetros.

Y todavía un árbol singular: Pellicer incluye entre los árboles remarcables del territorio el esbelto almez del Hort de la Batà de Muro, que da sombra a un tejo espigado -un tejo, aquí abajo, no es cosa de cada día.

El terremoto olvidado de 1644

Medio siglo antes de que el terremoto de 1748 arrasara el castillo de Montesa, otra sacudida ya había golpeado esta comarca: el naturalista Cavanilles recoge, en una nota a pie de página, que en 1644 “fuertes terremotos” sacudieron la Baronía de Planes, los valles de Perputxent y Travadell, el condado de Cocentaina y Alcoi, derribando pueblos enteros. En Setla de Nunyes -la “Selva de Núñez” que cita Cavanilles- solo quedaron en pie tres de las cincuenta casas que tenía, mientras que en Alcoi y en Muro “cayeron calles enteras”. Los temblores se alargaron meses, y durante siete años se observó cómo humeaba un barranco del azufre de la zona.

Más información, en la web del Ayuntamiento de Muro de Alcoy.