Eventos en: Famorca

Actualment no hi ha esdeveniments en Famorca.

No obstant, et convidem a visitar i estimar Famorca i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Famorca, el pueblo más pequeño bajo la Serrella

Famorca, con apenas medio centenar de habitantes, es uno de los pueblos más pequeños de El Comtat, un refugio de tranquilidad entre calles estrechas y casas de piedra a la falda de la Serrella, el anticlinal calcáreo de 15 km que separa la Marina y El Comtat.

Qué visitar

La iglesia parroquial de Sant Cayetà es el elemento patrimonial más destacado del pueblo, testimonio de la fe y la historia de sus vecinos a lo largo de los siglos. Los corrales tradicionales de Famorca, todavía en pie en el término, forman parte del patrimonio etnológico de la Vall de Seta.

Senderismo por la Serrella

Desde Famorca se puede subir hasta la Mallà del Llop, en la cima de la Serrella, o visitar la font de l’Anouer y el Avenc, una antigua cueva de más de treinta metros de profundidad con estalactitas, todo un aliciente para los amantes de la espeleología y el senderismo de montaña. La Serrella comparte cresta con Beniardà, Confrides, Castell de Castells, Benasau y Quatretondeta, e incluye la famosa ruta de los Frares de Quatretondeta, un bosque de agujas calcáreas de 10 a 100 metros.

La Vall de Seta

Famorca forma, junto con Fageca, Tollos, Quatretondeta, Benimassot y Balones, la Vall de Seta, uno de los rincones más tranquilos y menos masificados de todo El Comtat.

«Són la flor de la contornà»: un pueblo que canta

En Famorca se ha cantado siempre: yendo al trabajo, al volver, en la siega, en la trilla, pelando almendras y en el lavadero. A principios del siglo XX, cuando acababa el trabajo, los mozos del pueblo daban la vuelta por las calles y en cada esquina soltaban una canción; el problema era que en el pueblo solo había un hombre que supiera tocar algo —Quico Nelo y su acordeón—, así que la ronda se hacía de verdad cuando subían quintos de otros pueblos con instrumentos. El musicólogo Salvador Seguí recogió unas cuantas en el pueblo para su cancionero de 1973. Una de las más recordadas, cantada con música de zarzuela, presumía sin complejos:

Les xiques i els xics de Famorca
són la flor de la contornà,
i encara que els forasters
diguen que no serà veritat.

Las canciones alegres se cantaban en valenciano y las serias en castellano, una regla no escrita que también se observaba en Balones. Y como aquí todo acaba en broma, en tiempos de la Guerra Civil los jóvenes de Famorca, que subían a bailar a la peña de Fageca con acordeones y guitarras, le sacaron una cancioncilla burlona al portero de la sala. Todo ello recogido en el blog Històries de Famorca.

Famorca, tierra de montañeros y sabiduría del campo

El botánico y divulgador Joan Pellicer, en sus Recerques etnobotàniques al Territori Diànic, contó a Vicent Maçanet, «Vicent el Pastor de Famorca» (nacido en el pueblo en 1923), entre los últimos montañeros diánicos: esos conocedores de cada hierba y cada rincón de la sierra que él tanto admiraba. De este mundo de pastores y labradores recogió recuerdos tan vivos como el de los niños que iban a buscar moras de zarza y las ensartaban en un tallo de segaissa para poder llevarlas a casa:

Amb els ramets de segaissa, que són llarguets i finets, passàvem les mores d’albarzer com si fora un fil, i féiem un rastre de mores per a transportar-les.

Pellicer también dejó constancia de que en Famorca, como en Fageca y Castell de Castells, se recogía el marrubio verde de las solanas, «per davant dels corrals», para enramar las calles la noche del Corpus. Y de él viene también una creencia compartida por todo el territorio diánico, que en Famorca se contaba así: «quan li mossega la serp, el sarvatxo es rebolca damunt del panical», el cardo espinoso que la gente tenía por contraveneno.

Curiosidades de Famorca

  • Les ximeles. Las antorchas de espliego que los niños encendían en Nochebuena —las xameles de Balones, Gaianes y Onil— aquí se llaman ximeles, con i. Un cambio de vocal que vale por toda una frontera dialectal.
  • La falzia de los pozos. De esa hierbecita de hoja fina que nace en las paredes húmedas, en Famorca daban la explicación más bonita: «es cria a les parets dels pous, que sent la frescor de l’aigua».
  • Capcingles de sabina. Las raíces de sabina servían para hacer cinchas: «es calfaven al foc i es doblaven». Y el cayado se hacía de fleje, «perquè no pesen tant».
  • Cuando recogían cerezas ponían una rama encima de las cestas para taparlas; y, como remedio casero, el ajo machacado contra la picadura de alacrán.

Fiestas de Sant Cayetà

Las fiestas patronales de Sant Cayetà, en agosto, llenan las calles de música, bailes tradicionales y actividades comunitarias en un pueblo donde todos los vecinos se conocen.

Más información, en la web oficial del Ayuntamiento de Famorca.