Eventos en: Dénia

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No obstant, et convidem a visitar i estimar Dénia i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Dénia, la Daniya que fue capital de un reino

Dénia es, con cerca de 45.000 habitantes, la capital de la Marina Alta: una ciudad con un castillo que fue corazón de un reino taifa independiente en el siglo XI, un parque natural que se lanza al mar en acantilados, y una gamba roja que le ha dado fama de capital gastronómica.

El castillo y la Daniya musulmana

En el siglo XI, bajo el gobierno de Alí ibn Mujahid, Dénia —entonces llamada Daniya— se convirtió en capital de un reino de taifa independiente que incluía las islas Baleares, acuñó moneda propia y vivió una época de esplendor cultural. De aquel tiempo es la ciudadela del castillo, levantada en lo alto del cerro que domina la ciudad. Siglos después, los duques de Lerma y marqueses de Dénia construyeron allí el Palacio del Gobernador, del siglo XVI-XVII, que hoy acoge el Museo Arqueológico con piezas que van desde la época ibérica hasta la musulmana.

Aquella corte taifa dio figuras de primer nivel. La más brillante fue Abu-l-Salt Umayya (Dénia, 1068 — Túnez, 1134), poeta y científico universal: médico, botánico, astrónomo, matemático y músico, autor de más de veinte obras. Su tratado de medicamentos simples lo tradujo al latín, siglo y medio después, el médico valenciano Arnau de Vilanova, prueba de que la ciencia de la Dénia andalusí viajó por toda la Europa medieval. La ciudad todavía lo recuerda con una calle, y los historiadores han llegado a bautizar aquella Daniya del siglo XI como «una Florencia del Mediterráneo».

El último rey de Valencia acabó en Dénia

Cuando Valencia cayó en 1238, su último gobernante musulmán, Zayyan ibn Mardanix —el Zaén de las crónicas—, se retiró a Dénia. Y desde aquí hizo una jugada de ajedrez que Jaume I dejó escrita en su Llibre dels fets: pidió verse con el rey, llegó en una galera armada a la ràpita de Bairén, mandó montar dos tiendas y le propuso un intercambio que hoy suena a novela.

Zaén le ofrecía el castillo de Alicante —del que aún era señor— y cinco mil besantes, a cambio de que le dejara Menorca en feudo. La respuesta del rey, esa misma noche, fue que no; y el motivo es pura geopolítica de fronteras:

Nós havíem covinences ab lo rey de Castella, e havíem partides les terres ja en temps de nostre pare e de son avi, e aquell castell era en la sua partida.

Es decir: Alicante caía del lado castellano del reparto, el mismo que años después se remataría en el Camp de Mirra con el Tratado de Almizra. Zaén lo encajó con elegancia —«pus per ell no romania, que no li’n tenia tort»— y se volvió. Dénia, la capital de un reino que había llegado hasta Mallorca, fue también el último lugar desde donde un rey musulmán negoció con la Corona de Aragón.

El Montgó, una de las Maravillas de Diània

El Parque Natural del Montgó, la montaña que vigila Dénia y Xàbia, tiene su centro de interpretación en la propia Dénia, con rutas de senderismo de todos los niveles. Hacia el mar, la Reserva Marina del Cap de Sant Antoni ofrece acantilados de más de 150 metros, fondos marinos de una biodiversidad excepcional y la Cova Tallada, una cavidad a pie de mar muy popular entre buceadores y excursionistas. La zona de les Rotes, con su paisaje agreste, completa una de las costas más espectaculares de toda Diània.

La cima del Montgó es un jardín botánico silvestre que fascinó a Joan Pellicer, que lo incluyó entre las Maravillas de Diània, su libro de caminos y paisajes de las comarcas centrales valencianas: en sus acantilados crece el hinojo marino de les Rotes y, entre las matas de la solana, el setge o fumana, una hierba que la memoria popular tenía por remedio. Un dístico recogido en el mismo Montgó lo resumía en cuatro palabras:

Amb el setge, no cal metge.

Por las sendas de la cima, entre los matorrales secos, se da también la santónica o hierba de San Blas, que se usaba para las heridas de difícil curación, para la inflamación y para el dolor de garganta, y que entra en muchas de las recetas de herberet del territorio. Diània Televisió le dedicó un capítulo entero en la serie Herbero Diànic, junto con la salvia y la oreja de liebre.

La pedanía de Jesús Pobre, a la sombra poniente del Montgó y del formidable barranco de l’Hedra, es una buena puerta de entrada a la montaña desde el interior.

La herba santa, la flor que solo se da en el Montgó

Si el Montgó tiene una flor propia, es la herba santa. Bajo ese nombre —también card sant o herba santa del Montgó— los dianenses conocen un cardo de peñasco que solo se da en los cantiles de esta costa y en la banda norte de Ibiza: un endemismo rarísimo, catalogado en el Libro Rojo de especies amenazadas y considerado raro por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Joan Pellicer, que lo tenía por la «flor emblemática» del macizo, recogía en Jesús Pobre la manera exacta de encontrarlo:

Ací no la voràs l’herba santa, sinó allà darrere del Montgó, a l’ombria i en llocs de penyes.

La gamba roja y el Mercado Municipal

La gamba roja de Dénia, yodada, dulce y de cabeza llena, es el producto estrella de la gastronomía local, y el Mercado Municipal es su escaparate: aquí se celebra cada año el Concurso Internacional de Cocina Creativa de la Gamba Roja, que ha convertido al crustáceo en seña de identidad culinaria de la ciudad. La distinción de Dénia como Ciudad Creativa de la Gastronomía por la UNESCO ha acabado de sellar esa reputación.

Dénia en la palabra: Maria Ibars, la novelista de la pasa

Antes de la gamba y del turismo, Dénia vivió de la pasa: durante décadas, el puerto exportaba toneladas hacia medio mundo y los almacenes marcaban el ritmo de la ciudad. Aquel mundo lo inmortalizó Maria Ibars i Ibars (Dénia, 1892 — Valencia, 1965), maestra y escritora, una de las voces femeninas pioneras de la literatura valenciana del siglo XX. Creció cerca de los almacenes de pasa, y esa memoria late en sus dos novelas en valenciano: Vides planes, premiada en los Jocs Florals de Valencia en 1949, y L’últim serf (1965), donde retrata el nacimiento de la conciencia obrera entre los trabajadores de la pasa dianense. La Acadèmia Valenciana de la Llengua la nombró Escritora del Año 2024, un reconocimiento que ha vuelto a poner su nombre en el lugar que merece.

Fiestas patronales de julio

Las fiestas patronales de Dénia, en honor de la Mare de Déu de Loreto, tienen un origen legendario muy curioso: nacen del recuerdo de un barco italiano que en 1850 encalló en el Cap Prim llevando una imagen de la Virgen de Loreto. El programa combina el castillo de fuegos artificiales, la cabalgata de carrozas y los correfocs, en unas fiestas de carácter marcadamente marítimo que llenan de gente las calles del centro histórico cada verano.

Dénia es, además, un buen punto de partida para descubrir los pueblos vecinos: els Poblets, el Verger, Ondara y Pedreguer, todos a un paso hacia el interior.

Más información turística, en la web oficial del Ayuntamiento de Dénia.