Eventos en: Alcoleja

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No obstant, et convidem a visitar i estimar Alcoleja i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Alcoleja, el pequeño pueblo del valle del Frainós

Es el municipio con menos habitantes de toda la Mancomunitat de l’Alcoià i el Comtat, y también uno de los mejor situados: Alcoleja se aferra a la falda del Aitana, entre las sierras de la Serrella y el Aitana, donde el clima se refresca y las calles aún respiran el origen morisco del pueblo.

Qué visitar en Alcoleja

El símbolo del pueblo es el Palau dels Marquesos de Malferit, señores de Alcoleja desde 1547: de él se alza una torre circular con tejado cónico, azulejos moriscos y un escudo nobiliario. El palacio pertenece hoy a la familia dels Fenollar, descendientes de aquellos marqueses. Según el fascículo de toponimia de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, el nombre del pueblo proviene del árabe al-qulaia, «el castillete», y los cristianos lo conquistaron en 1256. Alcoleja fue alquería musulmana hasta que, en 1574, se constituyó como parroquia independiente; en 1563 era todavía una aldea morisca de una decena de familias, que llegaron a ser cuarenta antes de la expulsión de 1609. La repoblación posterior fue notable: en 1640 ya había 42 casas habitadas, y la población fue creciendo hasta los 695 habitantes de 1787 y los 964 de 1900, muy lejos de los poco más de 190 que tiene hoy.

Arqueología en Alcoleja

En el extremo del Carrascal y junto al río Frainós se conservan pinturas rupestres del Neolítico y varios poblados al aire libre del bronce levantino, testimonio de una ocupación humana muy anterior a la llegada de los musulmanes. Los nombres de las cuevas del término —la Cova del Crist, la Cova dels Catalans, la Cova de Constància, la Cova del Tio Ginés— apuntan, aunque sea de forma indirecta, a este largo pasado de un pueblo pequeño pero bien habitado desde hace milenios.

Senderismo en Alcoleja

Alcoleja es parada de la ruta de los pueblos del valle del río Frainós, que enlaza Alcoleja con Benasau, Ares del Bosc, Beniafé y Penàguila por un entorno de montaña con sierras que superan los mil metros: la Serrella, el Aitana, el Benicadell, la Serreta o la sierra de Alfaro se divisan todas alrededor del pueblo.

El pueblo es, además, uno de los puntos de salida clásicos para subir al Aitana (1.558 m), el pico más alto de toda la Marina. La ruta del PR-CV 20 arranca en el Port de Tudons y sube hasta la cumbre por la Font Forata, y desde arriba se puede bajar por la otra vertiente hacia la Font de Partagat, ya en el término vecino de Benifato. Esta misma cumbre y su entorno aparecen documentados en el volumen VI (1997) de Montañas Valencianas del excursionista Rafael Cebrián, el mismo libro que ya hemos citado en las guías de Beniardà y Tàrbena para la Serrella, la Xortà y el Bèrnia.

Fiestas en Alcoleja

Las Fiestas Patronales, en honor de Sant Vicent Ferrer y la Mare de Déu dels Desamparats, se celebran la última semana de agosto. Uno de los actos más emblemáticos, que se ha mantenido vivo a lo largo del tiempo, es el cant de l’Aurora: una canción religiosa entonada de madrugada por las calles del pueblo para despertar a los vecinos y anunciar la fiesta, una tradición que en muchos pueblos de la comarca ya se ha perdido y que en Alcoleja sigue haciéndose cada año.

Cultura en Alcoleja

Alcoleja participa cada verano en propuestas culturales comarcales de la Mancomunitat de l’Alcoià i el Comtat, como las rutas de cuentacuentos o las exposiciones itinerantes, y mantiene una economía agrícola centrada en el aceite y la almendra —aún los dos cultivos básicos del término, mientras que los frutales y las hortalizas de antes han quedado reducidos al uso doméstico.

Curiosidades de Alcoleja

El etnobotánico Joan Pellicer, en su tesis doctoral sobre el territorio diánico, entrevistó al labrador Salvador Soler Serra, que resumía así toda una vida en el pueblo:

He nascut açí, he viscut açí i crec que em soterraran açí com als meus pares.

Del mismo trabajo de campo surgen dos remedios caseros muy curiosos recogidos en Alcoleja: contra la tos ferina de los niños se cortaba una caña joven al atardecer, se llenaba el canuto de azúcar y, al día siguiente, se administraba a cucharadas el jugo azucarado que se había formado durante la noche; y para la tos se hacía jarabe de algarroba. La algarroba, de hecho, servía para muchas más cosas en el pueblo: molida y mezclada con el tabaco, se usaba para aromatizarlo.

Otro remedio de la medicina casera que Pellicer recogió en Alcoleja: para curar la ictericia, había que ponerse al cuello un collar de dientes de ajo pelados. La señal de que el tratamiento estaba haciendo efecto era tan visual como inconfundible: si los ajos se volvían amarillos, era signo de que la enfermedad iba curándose.

Más información en la ficha de Alcoleja de la Mancomunitat de l’Alcoià i el Comtat y en el fascículo de toponimia de la Acadèmia Valenciana de la Llengua.