Eventos en: Benillup

Actualment no hi ha esdeveniments en Benillup.

No obstant, et convidem a visitar i estimar Benillup i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Benillup, la torre árabe que hoy es campanario

La torre árabe de Benillup no se ha perdido: forma parte, todavía hoy, del campanario de la iglesia parroquial de la Mare de Déu del Roser, en el corazón del pueblo más pequeño del Vall de Travadell.

Qué visitar en Benillup

La torre árabe de Benillup, Bien de Interés Cultural, se reconoce en el campanario de la iglesia de la Mare de Déu del Roser, en la plaza de la Iglesia. En los alrededores del pueblo se conservan también los restos, hoy en estado ruinoso, del castillo de la Billeneta o Milleneta, una fortaleza de origen musulmán levantada probablemente a finales del siglo XII. El término de Benillup linda con Almudaina, Cocentaina y Millena, en el mismo Vall de Travadell.

Un pueblo que costó volver a llenar

Que Benillup sea hoy uno de los municipios más pequeños de Diània tiene una explicación que viene de lejos. La expulsión de los moriscos de 1609 dejó vacía esta alquería del Vall de Travadell, y volver a poblarla no fue nada sencillo: los nuevos colonos iban y venían, las condiciones de las cartas pueblas se renegociaban y el lugar estuvo décadas sin acabar de recuperarse. El caso es tan ilustrativo que el historiador Primitivo J. Pla Alberola le dedicó un estudio monográfico, Benillup 1609-1630: alternativas y dificultades de una repoblación (Anales de la Universidad de Alicante. Historia Moderna, 1981), que ha acabado siendo una referencia para entender qué pasó en toda la comarca después de la expulsión. No es poca cosa para un pueblo de poco más de cien habitantes: su historia menuda explica la de El Comtat entero.

Senderismo en Benillup

La ruta entre Benillup y Benimarfull une los dos pueblos más pequeños del Vall de Travadell por caminos entre bancales, mientras que los barrancos de la Font Vella y del Sofre invitan a explorar el paisaje agrícola y montañoso que rodea el pueblo, junto con Millena, el otro vértice del valle.

En los brocales de los pozos, dentro de los alcavons y rodeando las balsas del término crece la frenzilla —el culantrillo de pozo—, un pequeño helecho que solo se agarra donde hay humedad constante: una buena pista, para quien camina con los ojos abiertos, de por dónde pasa el agua escondida de Benillup.

La flor de Corpus

En Benillup, la flor amarilla y seca de la Helichrysum stoechas que crece por los márgenes se conoce precisamente como flor de Corpus, y tiene una razón muy concreta: el gran etnobotánico Joan Pellicer recogió en el pueblo el recuerdo de una tradición que unía el campo con la fiesta mayor religiosa. Los niños llenaban cestitas con esta florecilla y, el día de Corpus, la lanzaban a puñados desde los balcones por donde pasaba la procesión.

La flor de Corpus es cria en els marges. La feien els xiquets i omplien les cistelletes, i en la processó, des de dalt del balcó, quan passava el pal·li, la tiraven a grapats.

En el pueblo vecino de Millena, la misma fiesta se preparaba saliendo a recoger plantas para adornar las calles: costumbres gemelas de dos pueblos pequeños que compartían valle, caminos y calendario.

Curiosidades de Benillup

De la misma fuente surge una escena de escuela que cualquiera reconocerá. Los niños de Benillup cogían cirolillas del pastor —los frutos rojos del majuelo—, se llenaban los bolsillos y, con un cañutito, se dedicaban a otra cosa:

En un canudet, tuf, eixia pel forat el pinyol; i en l’escola tiraven, i el mestre els castigava.

El mismo juego se hacía en Benilloba, en l’Orxa y en Murla, señal de que la cerbatana de caña era patrimonio común de los niños de Diània. Y aún un remedio doméstico muy ingenioso: en Benillup cogían la flor de la zanahoria silvestre para colgarla en el corral, para que se pegaran las moscas.

Una nota de remedios de campo: la santaura —nombre que en Benillup daban a la centaurea— tenía en el pueblo una reputación muy clara: «La santaura dóna molta gana de menjar.»

La cocina de Benillup

Entre los platos de casa que Pellicer anotó en el pueblo hay un espencat muy propio: de bajoca y tomate asados, con bacalao o atún, ajos cortados en lonchas y un chorro de aceite crudo. Aquí, además, al pimiento picante le llaman vitet antes que visolet.

Uno de los ingredientes de temporada eran los cüols —los tallos tiernos del ajo—, y en el pueblo sabían exactamente cómo debían recogerse para no echar a perder la cosecha:

Els cüols per a fregir-los i fer tortilla. Abans quan plantaven una taula d’alls, diem, anem a collir els cüols. I els havíem d’estirar sense aleñar per a qué no es trencaren i es quedara dins del canut la canya, i després no servia per a trenar les cabeces dels alls.

«Sin respirar»: con ese pulso de orfebre que hace falta para no romper la caña interior y dejar el ajo válido para trenzarlo.

Fiestas en Benillup

Las fiestas patronales, en honor a Sant Llorenç y Santa Àgueda, se remontan a comienzos del siglo XVIII, y todavía conservan bailes populares como la dansà, fiel a antiguas tradiciones musicales y coreográficas.