Eventos en: Beniarbeig

Actualment no hi ha esdeveniments en Beniarbeig.

No obstant, et convidem a visitar i estimar Beniarbeig i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Beniarbeig, a la sombra de la Segària

A los pies de la Serra de Segària, Beniarbeig guarda todavía balsas, molinos, acequias y norias que recuerdan cómo el agua ha modelado este pueblo de la Marina a lo largo de los siglos.

¿Qué visitar en Beniarbeig?

El Antic Ajuntament es uno de los edificios más emblemáticos del núcleo urbano, junto con la iglesia de Sant Joan Baptista, de arquitectura sencilla pero notable. Por los caminos del término se conservan restos de la infraestructura hidráulica tradicional: balsas, molinos como el de Benihome y el del Pla, el Cano del Molí y la Cava dels Plans. El término guarda también yacimientos arqueológicos de distintas épocas: la cova de Bolumini (prehistoria), el Passet de Segària (época ibérica) y numerosos restos romanos dispersos.

El puente que se llevó el río

Beniarbeig vive partido en dos por una línea de agua: el río Girona, que nace en Alcalà de la Jovada y baja hacia el mar entre las sierras de Segària y el Seguili. Durante más de un siglo las dos mitades del pueblo se dieron la mano por un puente de piedra de arcos bien dovellados, construido probablemente entre 1880 y 1890 como parte de la calzada real de la costa que después sería la N-332.

El 12 de octubre de 2007, tras caer más de 400 litros por metro cuadrado sobre la cuenca del Girona, la riada más grande documentada del río se lo llevó ante las cámaras de la televisión. Hoy, una parte del antiguo puente se alza en el parque fluvial como memoria de aquel día, mientras el tráfico pasa por el puente nuevo, de tirantes suspendidos, bautizado Meridià 0: el meridiano de Greenwich cruza el término de Beniarbeig casi rozando el pueblo, que queda a pocas décimas de segundo de la longitud cero.

Senderismo en Beniarbeig

La Serra de Segària, que Beniarbeig comparte con el Verger, Benimeli y Sanet i els Negrals, se puede recorrer por la PR-CV 415 y la SL-CV 109, que enlazan cuevas, cingles y miradores sobre el río Girona y la Vall de Gallinera. Desde el pueblo sale también un camino que atraviesa naranjales y campos de cultivo hasta Sanet i els Negrals.

La Cadireta del Rei Moro y la repoblación

En la Serra de Segària, entre cingles y caminos de altura, hay un punto que la gente de Beniarbeig conoce como la Cadireta del Rei Moro (‘la sillita del Rey Moro’): una roca elevada desde donde, en otro tiempo, alguien debía vigilar la llanura. El nombre recuerda una presencia que la toponimia ha conservado donde los archivos han callado: Beniarbeig proviene de bani ‘arbaj (‘los hijos de Arbaj’, en árabe), ya documentado en 1249 por Chabàs y en 1402 como Beniharbex. Era una alquería del marquesado de Dénia, incorporada a la corona cristiana entre 1244 y 1245, y en 1535 su parroquia se desmembró de la de Dénia para atender a los moriscos forzados a convertirse durante las Germanies.

En 1609, la expulsión vació el pueblo de golpe: 82 familias moriscas marcharon, incluidos los habitantes de las alquerías de Beniomer y Benicadim (una docena de casas cada una), que resistieron hasta 1643 antes de despoblarse definitivamente e integrarse al término de Beniarbeig. El lugar fue reocupado por gente de la comarca, pero con una presencia balear que los apellidos han conservado hasta hoy: Boronat, Moll y Llull —inequívocamente mallorquines— hablan de las familias que cruzaron el mar para rehacer el pueblo entre naranjos y algarrobos.

Fiestas en Beniarbeig

Las fiestas patronales en honor a Sant Roc se extienden por la última decena de agosto, con pregón desde el balcón del Ayuntamiento, ofrenda de flores, mascletà y la procesión que acompaña al patrón por las calles del pueblo con la música de la Unió Musical.

Curiosidades en Beniarbeig

El etnobotánico Joan Pellicer, en su tesis sobre el territorio diánico, entrevistó a Ximo Roig Llorens, que se describía así:

Sóc obrer però sóc més del camp que Sant Isidre.

Otro vecino, Vicent Rosselló Ballester, aparece como melero, limpiador e injertador: oficios de un pueblo de huerta y naranjales. De aquellas conversaciones quedó también la memoria de la cocina de secano, cuando un pellizco de hierbas de borde de camino bastaba para dar sabor a los guisos y a los caracoles:

Quatre brins de fenoll enmig de les herbes i dóna bona saboreta.

Y todavía una expresión bien del pueblo, también recogida por Pellicer: en Beniarbeig, de alguien un poco distraído o abstraído, se dice que está «besneula» —el nombre de una hierbecita de flor azul de borde de camino—, o simplemente que «li falta un regó» (‘le falta un surco’). Del granado tenían otra palabra propia: badoc, la granada menuda que cae antes de hora. «Mira quants badoquets!», decían mirando al suelo.

La pita, el naranjal y una canción

Cuando había que entoldar el huerto para proteger la cosecha, los labradores de Beniarbeig no gastaban vigas: aprovechaban el palo seco de la flor de la pitera, largo y ligero, para pasar las lonas de un naranjo a otro. La pita daba también un hilo resistente y lustroso que se hizo famoso por todo el País Valencià, hasta el punto de entrar en la canción popular que Pellicer recoge junto a este testimonio:

L’alegria del fadrí
és un mocador de pita,
una manteta d’Alcoi