Eventos en: Benimeli
Actualment no hi ha esdeveniments en Benimeli.
No obstant, et convidem a visitar i estimar Benimeli i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.
Benimeli, al pie de la Sierra de Segària
Un oppidum ibérico con un tramo de muralla aún en pie, ocupado entre los siglos V y I antes de Cristo, corona la Sierra de Segària sobre Benimeli, un pequeño pueblo de calles blancas y empinadas de la Marina.
Son 3,5 km² de término y poco más de 400 vecinos, a 92 metros de altitud, pero la cima de Segària —508 metros— también es suya. Pocas veces un pueblo tan pequeño mira desde tan alto.
Qué visitar en Benimeli
Los restos del oppidum ibérico de Segària, con un tramo de muralla bien conservado, testimonian una ocupación que se prolongó entre los siglos V y I antes de Cristo. En el núcleo, la iglesia de Sant Andreu Apòstol y la Font de Sant Andreu; en la Placeta Gil se conserva una vieja prensa de aceite, y en lo alto de la sierra se puede buscar la Cadireta del Rei Moro. En el término se encuentran también la Font de Català y la Font de Campillo.
De Bani Malik a los apellidos mallorquines
El pueblo actual nace en época andalusí, probablemente como una alquería de principios del siglo XI perteneciente a alguna familia acomodada. El nombre proviene de la forma antigua Bani Malik, y la documentación lo ha escrito de mil maneras: Benimelich, Benimelig, Benimelique, Abenameli, incluso Venimelin. ‘Hijos de Màlik’, ‘hijo del rey’ o ‘caserío de los hijos de Màlik’: todas las hipótesis coinciden en la raíz árabe.
Expulsadas las familias moriscas, la repoblación llegó con una carta pobla concedida el 19 de febrero de 1612, con gente venida sobre todo de las Islas Baleares. De aquello aún queda el rastro más tenaz de todos, los apellidos: Llull y Ginestar aún se dicen en el pueblo. Lo mismo ocurre en Tàrbena o en Beniardà, donde la huella mallorquina es igual de reconocible.
La Rectoria fue también tierra de agermanados: en la Segunda Germanía de 1693, los labradores de Benimeli, Sagra, Sanet i els Negrals y el Ràfol se rebelaron contra los abusos señoriales y llegaron a organizar tropa propia. (Fuente: MACMA.)
Los 55.000 reales escondidos en Benimeli
En febrero de 1874, la banda de los Secuestradores de la Marina asaltó la iglesia de Benimassot en plena misa mayor y se llevó un botín de 55.000 reales. Lo que poca gente sabe es adónde fue a parar el dinero: según la MACMA, se escondió en casa la tia Xima, aquí en Benimeli —suegra de Joan Francès, alcalde del pueblo y primo del jefe de la banda. La casa aún se conoce por su nombre y está catalogada como patrimonio local. Un pueblo de 400 habitantes con un escondite de leyenda.
Senderismo en Benimeli
El sendero PR-CV 415 y SL-CV 109 «La Segària de Benimeli» sube desde el pueblo hasta el mirador de Segària (508 m), con rico patrimonio ibérico y árabe señalizado a lo largo del camino, y se comparte con Beniarbeig, el Verger, Ondara y Pego. La Ruta de la Bolata, más llana, recorre los cinco pueblos de la Rectoria junto al río Girona.
La palma de Segària y la tierra de cardos
En las laderas de Segària, donde aún crece el margalló silvestre, los mayores de Benimeli recuerdan el oficio de recoger ullols —los brotes tiernos de la palmera enana— para trenzar la llata con la que se hacían capachos, senaes y escobas. Joan Pellicer recogió en el pueblo el testimonio de estos ullols, que se hacen en julio, se secaban a la sombra y se recogían de mañana por la sierra.
De la misma sabiduría de la tierra viene un dicho que Pellicer documentó en Benimeli, donde el cardo espinoso no es una mala hierba sino señal de suelo fértil, un patrimonio que se guardaba para las hijas:
Terra de calcides, guarda-la per a les filles.
La enramada de Corpus
Pellicer dejó constancia de otra cosa que se hacía en Benimeli y que vale la pena no perder: la enramada de Corpus se adornaba aquí con santjoanets y caña joven. Cada pueblo tenía su fórmula —en Fleix era hiedra y manzanilla; en el Castell de Guadalest, helecho y arcos de murtonera—, y la calle cambiaba de olor por un día.
La Rectoria, cinco pueblos vecinos
Benimeli forma parte de la antigua subcomarca de la Rectoria, junto con Tormos, Sagra, el Ràfol d’Almúnia y Sanet i els Negrals, agrupados en torno al curso medio del río Girona.
Fiestas en Benimeli
- Fiestas patronales del Ecce Homo y la Purísima: la tercera semana completa de agosto.
- Fiestas del Corazón de Jesús: un fin de semana a mediados de junio.
- Sant Andreu Apòstol: el último domingo de noviembre.
- Rosario de la Aurora: el primer domingo de octubre.
(Fuente: MACMA.)
Gastronomía en Benimeli
Las cocas al horno de pimiento y tomate son las más apreciadas por el vecindario; el espencat, el clásico de la picadita de verano; y los arroces, el fondo de despensa: el arroz caldoso con judías, pencas y nabos, y el arroz al horno con costilleja, butifarra, garbanzos, tomate y patata. Pellicer documentó también el bollet de pasta escaldada, redondo como las coquetes de verdura, de anchoas o de salazón.
Curiosidades de Benimeli
- Un Ginestar que hacía versos. Entre los informantes de Benimeli que entrevistó Joan Pellicer está Andrés Ginestar Ribes, nacido en el pueblo el 27 de diciembre de 1917, casado en 1951, de quien el médico anotó tres palabras: «fa versos». El apellido, precisamente, es uno de los de origen balear que dejó la repoblación en el pueblo.
- Higueras con nombre. En el pueblo se distinguían la blanqueta, «la más tempranera»; la bacorera, que da dos cosechas; la poletana, que da pocas pero muy buenas; la ratllaeta, la vernesca y la de la gota de miel.
- Contra las pulgas del corral se echaba la joca-sapos, que tiene un olor fuerte; y la cebolla porrera se colgaba donde había animales.
- Cómo pescar sin caña. Cuando hacía falta pescar sin herramienta, algunos mayores de Benimeli picaban las raíces del matapoll, las tiraban a una poza y esperaban. Al cabo de una hora, las anguilas y los peces salían hacia arriba. «No les matava, les atabollava o adormia», anotó Joan Pellicer.
- El azafrán de la abuela. «Ma iuela collia tota la floreta de les safraneres; les secava en una llanda, i després de sec, separava el safrà per a la cuina», le dijo una vecina a Joan Pellicer. Una imagen del trabajo doméstico que hoy cuesta imaginar pero que hace cien años era rutina de otoño.
Más información, en la web de la MACMA.
