Eventos en: Castalla

Actualment no hi ha esdeveniments en Castalla.

No obstant, et convidem a visitar i estimar Castalla i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.

Castalla, el castillo de Enric Valor

Castalla es la capital de la Foia que lleva su nombre y el pueblo donde nació Enric Valor i Vives (1911-2000), el gran maestro de las Rondalles valencianes. Un castillo de 780 metros corona el pueblo y domina todas las entradas y salidas naturales de la comarca; desde allí arriba, Valor escribió una de las mejores páginas que se han escrito jamás sobre una procesión valenciana.

El Conjunto Patrimonial del Castillo

El Castillo de Castalla corona un cerro estratégico a 780 metros, casi en el centro de la comarca, en una posición que le permite controlar las tres puertas naturales de la Foia: la Canal Ibi-Alcoi al noreste, el cauce del riu Verd al sur y la Vall de l’Arguenya al noroeste. No es un castillo cualquiera, sino el que el Ayuntamiento gestiona como Conjunto Patrimonial: todo el conjunto de bienes culturales y naturales del cerro, entendidos como una unidad.

En el Patio de Armas se lee la historia entera del lugar por capas: la fase andalusí taifal (siglo XI), la almohade (desde el siglo XII hasta 1244), la cristiana medieval (1244-1299 y los siglos XIV y XV) y la moderna (siglo XVI). De lo que fue la vida cotidiana de una fortaleza quedan almacenes -algunos con hogar-, abrevaderos, cobertizos y establos para los animales, viales de tránsito, canalizaciones y depósito de agua. Dos lienzos de muralla, uno a poniente y uno a levante, unen el Palacio con la Torre Grossa; el de poniente conserva almenas, aspilleras y los huecos de los antiguos manteletes, y el de levante guarda la puerta de acceso, de sillería, con arco de medio punto por fuera, marcas de cantería y restos de un matacán arriba.

La Torre Grossa, al sur del recinto, es de hacia 1529: planta circular, dos alturas y cubierta con almenas aspilleradas. Tiene troneras para arma de fuego en la planta baja -tan incómodas y con tan poca visibilidad que resultan funcionalmente inútiles- y, en cambio, detalles de intención puramente artística: una ventanita con arco conopial que ilumina la escalera, una gárgola y un ihesus. El mejor secreto es, sin embargo, constructivo: las dos plantas se cubren con bóvedas semiesféricas resueltas con un encofrado perdido de cañas. La caña del barranco, sosteniendo una bóveda de piedra.

Castalla se cambió por Xest y Vilamarxant

Castalla aparece dos veces en el Llibre dels fets de Jaime I, y las dos son decisivas. La primera, en el capítulo del Tratado de Almizra (1244), firmado muy cerca, en el Camp de Mirra: cuando se reparten las tierras entre la Corona de Aragón y Castilla, Castalla encabeza la lista de lo que se queda el rey Jaime.

Aquest fo lo departiment de les terres: que l’infant que hagués Almansa e Sarafull, e el riu de Cabriol, e nós que haguéssem Castalla e Biar e Relleu…

La segunda es más jugosa, y explica cómo el rey consiguió de verdad el castillo. Jaime I reclamó al Azeyt el derecho que le debía sobre Castalla, pero don Ximén Peris de Arenós le contestó que no hacía falta: que la tenía él, por medio de don García Peris de Castalla, y que ya se avendrían. Y se avinieron, pero pagando:

E fo la avinença aytal, quant molt ne haguéssem parlat: que li’n donàssem Xest e Vilamarxant, e donam-los-li; e en aquesta manera haguem Castalla.

Dos pueblos de l’Horta y el Camp de Túria por un castillo de la Foia. Pocas veces una crónica real deja tan claro el precio exacto de un pueblo.

Castalla, la patria literaria de Enric Valor

Ningún escritor ha amado tanto este paisaje como Enric Valor (Castalla, 1911 – Valencia, 2000). Valor convirtió la Foia de Castalla en un espacio literario de precisión geográfica extraordinaria: el Maigmó, l’Alt de Guisop, los masos de Planisses -entre Castalla y Tibi– son escenarios reales de novelas suyas como Temps de batuda. Así describía su pueblo en Narracions de la Foia de Castalla:

Castalla, nou i vell, camperol i senyorívol. Del crestall on s’assenta, mou cap a l’oest la serra de Castalla, barbuda i selvàtica, que, en grandiós amfiteatre, es detura per fi bruscament en el pic del Maigmó, acerat, esmolat com un blavenc ganivet, ple de boscos mil·lenaris i precipicis de malson, allà passat el punt cardinal de migjorn.

Cada 22 de agosto, aniversario del escritor, sus lectores suben de madrugada desde el Portell de Catí hasta el Alt de Guisop (1.250 m), en plena sierra del Maigmó, para recibir la salida del sol. Es la Albada de Valor, una cita literaria y senderista que se celebra ininterrumpidamente desde 2011 y que reúne a gente de todo el país. La edición de 2023, con más de un centenar de personas, homenajeó también a Manolo Miralles de Al Tall.

El legado del autor tiene una segunda cita en el calendario: la Fira de la Fantasia, que se celebra en octubre con cuentacuentos, conciertos, rutas literarias, talleres, juegos y mercado. La edición de 2025, la octava, se hizo del 17 al 19 de octubre e incluyó una escape route por el centro histórico titulada «La rondalla perduda».

La Baixà vista desde el castillo, por Enric Valor

Hay una página de Enric Valor que debería ser de lectura obligada antes de ir a las fiestas de Castalla. En el capítulo XI de Sense la terra promesa, un personaje sube al pie de las torres ruinosas del castillo -«el puig de Cassana», lo llama la novela- y mira la fiesta desde arriba. Estamos hacia 1916, «aquel tercer año de la Guerra Europea», y lo que ve es la procesión de la Baixà:

(…) se’n solia pujar al peu de les torres ruïnoses del castell que corona el puig de Cassana, i, d’allà dalt estant, tot sol o només acompanyat d’algun amic del seu mateix pensament, contemplava com a formigues (…) els festers, les desfilades, els simulacres de les guerrilles i fins les processons. Aquestes, des d’allà amunt, al fer-se de nit, oferien una fantasmagòrica bellesa: en els carrers visibles, llumenetes dels ciris en llargues tireres, la resplendor de la imatge de la Mare de Déu damunt la seua peanya, les fogonades constants dels arcabussos i el seu estrèpit; de sobte, silencis que no duraven gaire i que permetien per uns moments distingir ben clar alguns compassos de la marxa que tocava la música darrere la imatge de la Patrona.

L’espectacle de conjunt, meravellós com sempre: (…) la tronada dels arcabussos, les harmonies intermitentment ofegades de la música, i, de tard en tard, una disminució increïble del rebombori, que es diria que deixava sentir fins la fressa sorda de les petjades de la multitud.

La conversación que acompaña la escena podría decirla cualquier castalludo de hoy: «— Què li sembla, don Joan? Quin espectacle presenta la nostra gent!»

Lo que Valor describe se sigue haciendo igual. La Baixà es, en palabras del programa oficial, un acto ancestral y el embrión de las fiestas de Moros y Cristianos: la noche del 1 de septiembre, la imagen de la Mare de Déu de la Soledad baja desde la ermita hasta la iglesia parroquial acompañada por las comparsas, que van disparando salvas de arcabucería todo el camino. Pocas veces se puede leer un acto de hace más de un siglo y reconocerlo, palabra por palabra, todavía vivo.

Fiestas: los Moros y Cristianos de la Soledad

Las fiestas de Moros y Cristianos de Castalla se celebran a caballo entre agosto y septiembre en honor de la Mare de Déu de la Soledad, patrona de la villa, con los días grandes del 1 al 4 de septiembre. Tienen más de dos siglos de historia y están declaradas Fiesta de Interés Turístico Provincial.

El calendario tiene una lógica de hierro, y cada día lleva su nombre:

  • La Nit de l’Olleta abre la fiesta, con la entrada de las bandas oficiales, la cena de comparsas y un desfile por todo el pueblo. El plato da nombre a la noche, igual que en la vecina Onil.
  • L’Entrada, el 1 de septiembre: a mediodía, el Ángelus, el saludo de la reina de fiestas y del alcalde, una mascletà y l’Arranc de las bandas que participan en el Concurso de Interpretación; por la tarde, la Entrada de Moros y Cristianos; por la noche, la Baixà.
  • Los dos Días de Trons (2 y 4 de septiembre): volteo general de campanas y diana, misa de comparsas -un bando en la parroquial y el otro en el convento, y al revés al día siguiente-, desfile con alardo de arcabucería que confluye en la Plaza Mayor y, al acabar, la Ballada de Banderes. Por la tarde, la guerrilla: las comparsas salen de la Plaça Era dels Cavalls y del Portal d’Onil para encontrarse en la Plaza Mayor, donde ante la Casa del Fester se dice l’Ambaixada del Moro (y, el día 4, la del Cristiano).
  • El Día de l’Ofrena (3 de septiembre), con desfile infantil, Ballada de Banderes de los capitanes pequeños y Ofrenda de Flores a la patrona.
  • La Pujada cierra el ciclo: la procesión de despedida devuelve a la Mare de Déu desde la parroquial, y al llegar a la Placeta del Carreter se hace el Cant de l’Adéu.

Las siete comparsas -Cristianos, Marineros, Moros Amarillos, Mudéjares, Piratas, Masers y Moros Viejos- se reparten los dos bandos. La fiesta tiene medio año de vuelta: el Mig Any Fester, en marzo, vuelve a hacer bailar las banderas en la Plaza Mayor. Y la música festera se hace aquí mismo: la Agrupación Musical Santa Cecilia ha estrenado obras como ‘Al-Sabil Blau’, la marcha mora de Marcos Pérez Herrero para la Capitanía de Alà Ke Tajà.

Cavanilles: «la Foia de Castalla, que ha dado y da la ley a todo el reino»

Cuando Antoni Josep Cavanilles recorrió el País Valenciano a finales del siglo XVIII, encontró un pueblo que hacía las cosas tan bien que lo convirtió en su vara de medir. No por el castillo, sino por los olivos. En las Observaciones sobre el Reyno de Valencia, elogiando los olivares bien cuidados de unos cerros de la Plana, escribe que «en nada ceden a los de la Foia de Castalla, que han dado y dan la ley a todo el reino». Y explica por qué:

Té cada un tres branques principals ben obertes, sense rames mortes ni rebrots, perquè el sol i l’aire hi entren amb llibertat.

La comparación le sale una y otra vez. En Nules lamenta que los labradores «ignoran lo que se practica en la vall d’Albaida y en la Foia de Castalla respecto a los olivos». Y de los de Algemesí dice, con una puñalada seca, que tienen los olivos cargados de leña inútil «por no haber visto la Foia de Castalla». En el siglo XVIII, saber podar quería decir haber estado aquí.

El mismo libro deja otro dato curioso del término: en los montículos de Castalla, como en los de Xixona y Cullera, Cavanilles encontraba conchas marinas fosilizadas -la prueba, decía, de que todo aquello había sido fondo de mar.

Las Seguidillas de la Foia

En Castalla el baile tradicional tiene casa propia: el Grup de Danses i Cançons de Castalla, que ya ha pasado de los sesenta y cinco años, mantiene un repertorio donde conviven las Seguidillas de la Foia de Castalla con l’U de Biar, el Trompot de Ibi, la Jota de Xixona y la Pedreguera de Benissa: medio territorio bailando en una misma velada.

La pieza más castalluda es, sin embargo, la Jota del Castellut, que Pep Gimeno «Botifarra» y la soprano Maria Vidal han revisitado con la Agrupación Musical Santa Cecilia. Por Navidad, la rondalla del grupo canta la Nadala del Tio Pequeño, dentro del disco colectivo «Nadales a Castalla». Y en invierno salen los Tapats, esos personajes de cara cubierta y ropa vieja que molestan a los bailadores y que Castalla comparte con Onil, Ibi y Petrer.

El pueblo ha sido también anfitrión del Aplec de Danses dels Pobles de la Mariola, con grupos de dulzaineros y bailadores de Alcoi, Agres, Banyeres, Beneixama, Beniarrés, Bocairent, Cocentaina, Muro, Penàguila y Planes armando jarana por las calles.

El árnica de Castalla, remedio para heridas y golpes

De las peñas del Maigmó y la sierra del Frare salía una de las hierbas más valoradas de la medicina popular: el árnica o té de roca, que nace en las grietas de la roca. Joan Pellicer recogió en Castalla su fórmula de uso, tan corta como práctica:

Molt bona per a curar ferides: es pica i es fa un micapament i es posa damunt. La ferida es llava amb l’aigua de l’àrnica bullida.

— testimonio de Castalla recogido por Joan Pellicer

La misma planta es, además, uno de los ingredientes del herberet de Banyeres de Mariola, en la otra punta de la comarca. Y de aquí mismo viene la cancioncilla que Pellicer recogió sobre las almendras de la Foia:

Don Xotxim se’n va a Xixona; / de Xixona, què em dura? / Ametles de la marcona / i un bon penjoll de raïm.

Senderismo en Castalla

Castalla es un punto de partida inmejorable para explorar la Sierra del Maigmó y la Sierra del Frare. Tres itinerarios clásicos:

  • La subida al Castillo, corta y desde el mismo centro del pueblo, con toda la Foia a los pies.
  • El Maigmó y el pantano de Tibi, que combina el paisaje de la sierra con el pantano más antiguo de Europa todavía en servicio.
  • La Sierra del Frare, la ruta más tranquila para la fauna y la flora autóctonas.

Hacia el norte, el Alt de Guisop (1.250 m) y el Portell de Catí son el camino de la Albada de Valor y, a la vez, el corazón de la geografía de sus novelas.

Un pueblo que hace pueblo

La Fira de Sant Isidre, a finales de mayo, es la otra gran cita del calendario castalludo: una feria de centenares de expositores y actividades que llena el pueblo un fin de semana entero. Y desde hace poco, el Col·lectiu Arraïls trabaja para reavivar y conectar los pueblos de la Foia de Castalla y la Vall de Biar con encuentros, talleres, conciertos, caminatas y jornadas de pilota.

Más información, en la web oficial de Turismo de Castalla y en la del Ayuntamiento de Castalla.