Eventos en: Camp de Mirra
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No obstant, et convidem a visitar i estimar Camp de Mirra i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.
Campo de Mirra, donde se trazó la frontera del reino de Valencia
Campo de Mirra (el Camp de Mirra) es un pueblo pequeño del Alcoià (poco más de 400 habitantes) que guarda un papel enorme en la historia valenciana: aquí, el 26 de marzo de 1244, se firmó el Tratado de Almizra, el acuerdo entre Jaime I el Conquistador y el infante Alfonso de Castilla (el futuro Alfonso X el Sabio) que fijó la línea Busot-Biar-Villajoyosa como frontera entre las conquistas aragonesas y castellanas. Aquella raya decidió, en buena parte, los límites del futuro reino de Valencia.
El Tratado de Almizra
El tratado puso fin a una etapa de conquista compartida entre la Corona de Aragón y la de Castilla sobre el antiguo territorio musulmán, y dejó fuera del futuro reino de Valencia poblaciones como Orihuela y parte del sur actual, que quedaron en manos castellanas. Sin este acuerdo, el mapa valenciano sería hoy bien distinto.
El propio Jaime I lo dejó escrito en su Llibre dels fets, y la lista de pueblos que aparece es toda de casa:
Aquest fo lo departiment de les terres: que l’infant que hagués Almansa e Sarafull, e el riu de Cabrivol, e nós que haguéssem Castalla e Biar e Relleu…
El pueblo grande más próximo, Biar, forma parte precisamente de esa línea fronteriza pactada en 1244, y conserva todavía su castillo como testimonio de aquella frontera medieval. También aparecen Castalla y Relleu.
Un nombre que ya hablaba de límites
El propio topónimo parece hecho a medida de la historia que aquí se escribió. El filólogo Joan Coromines, en su Onomasticon Cataloniae, relaciona el nombre de Almizra —que el tiempo ha reducido a «Mirra»— con la raíz árabe miṣr, ‘límite’ o ‘frontera’. Es decir: el campo donde las dos coronas dibujaron la raya llevaba ya, mucho antes de que Jaime I y el infante Alfonso se sentaran a pactar, un nombre que hablaba de fronteras. Que precisamente aquí se consagrara «l’antiquíssim límit del Regne» —en palabras del propio Coromines— es una de esas casualidades que la toponimia regala de vez en cuando.
El día que Jaime I mandó ensillar
Lo que no suele contarse es que en Almizra el acuerdo estuvo a punto de estallar. La discusión no era por la frontera, sino por Xàtiva: los castellanos insistían en que el infante Alfonso debía quedarse la villa y llegaron a decirle al rey que, si no la daba, la tendría igualmente porque el alcaide se la entregaría. La respuesta de Jaime I, tal como la hizo escribir él mismo, no admite dos lecturas:
Qui en Xàtiva volrrà entrar, sobre nós haurà a passar.
Acto seguido el rey mandó ensillar las caballerías y preparar las acémilas para marcharse. Quien evitó la ruptura fue la reina Violante, que se echó a llorar diciendo que había venido precisamente a hacer las paces entre su marido y su yerno. El rey se quedó, y al día siguiente llegaba el acuerdo: el infante renunciaba a Xàtiva, la Corona de Aragón le entregaba Villena, Sax, los Casdets y Bugarra, y Castilla devolvía Énguera y Moixent. Todo esto, en un campo de este pueblo de cuatrocientos habitantes.
El yacimiento del Puig d’Almisrà y otro patrimonio
El castillo y yacimiento arqueológico del Puig d’Almisrà, donde se cree que se firmó el tratado, es el testimonio físico más directo de aquel episodio. Completan el patrimonio del pueblo la ermita de San Bartolomé, la Torre del Conjurador —del siglo XVI— y la iglesia parroquial neoclásica, construida entre 1820 y 1888. En el Tossal de Sant Bartomeu, en el propio castillo de Almisrà y en el poblado ibérico del Cabeçet de la Fantasmeta se han localizado también restos de la Edad del Bronce.
La Torre del Conjurador: donde se plantaba cara a las tormentas
El nombre de la Torre del Conjurador esconde una de las tradiciones más entrañables del mundo rural valenciano. Cuando las nubes negras se acercaban amenazando con arruinar las cosechas con una granizada, el cura subía a este tipo de construcciones —torretas o porches abiertos a los cuatro vientos, cerca de la iglesia— y, con oraciones y conjuros, «conjuraba» el mal tiempo para que pasara de largo. Era un ritual a medio camino entre la fe y el miedo ancestral al hambre, y la torre de Campo de Mirra es uno de los testimonios mejor conservados de toda la comarca.
Senderismo: la ruta de la frontera
Campo de Mirra es una puerta natural hacia la ruta de los castillos de frontera: el paisaje de cerros y valles que rodea el pueblo enlaza con el castillo de Biar —«la llave del reino»— y con los términos vecinos de Beneixama, la Canyada y el Fondó, en un itinerario sencillo que combina arqueología, secano y las vistas abiertas hacia la Sierra de Mariola y la del Fontanar. Es un recorrido ideal para entender sobre el terreno por qué esta raya fue tan disputada hace ocho siglos.
Una conmemoración viva desde 1976
Cada 25 de agosto, Campo de Mirra revive el tratado con una recreación histórica representada por los propios vecinos del pueblo, dentro de sus fiestas de Moros y Cristianos. Es una tradición que se mantiene ininterrumpidamente desde 1976 y que convierte al pueblo, por un día, en el escenario de uno de los episodios fundacionales de la historia valenciana.
Más información, en la web municipal de Campo de Mirra.
