Eventos en: Bolulla
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No obstant, et convidem a visitar i estimar Bolulla i a navegar per les mil i una meravelles de Diània.
Bolulla, el Estret de les Penyes y las leyendas secretas de la Marina
Bolulla es un pueblo pequeño (poco más de 400 habitantes) de la Marina, encajado entre las sierras de Aixortà y Bèrnia, que guarda uno de los rincones más espectaculares de la comarca: el Estret de les Penyes, un desfiladero estrecho y umbrío donde el río de Bolulla se abre paso entre paredes de roca vertical. Pueblos como este, sin grandes monumentos, a menudo esconden lo mejor en sus barrancos, en sus caminos y, como se descubrió hace poco, también en su memoria oral.
Qué visitar: el Estret de les Penyes
El desfiladero del Estret de les Penyes es la joya natural de Bolulla: un tramo del río donde la montaña se ha resquebrajado en dos, dejando un paso estrecho que se puede recorrer caminando, a menudo con el agua hasta los tobillos, entre pozas naturales que invitan a un baño fresco en verano. Es uno de los barrancos más fotografiados de la Marina, y todavía conserva ese aire salvaje que otras rutas más transitadas ya han perdido.
El pueblo tiene también su propio barranco del Infierno —topónimo que se repite en otros puntos de Diània, como el de Alcoi, sin relación entre ellos— con una subida que ofrece vistas panorámicas sobre el valle y las sierras del entorno.
Senderismo entre Aixortà y Bèrnia
Bolulla queda amparado por la sierra de Bèrnia y la sierra de Aixortà, dos macizos que dibujan el horizonte de buena parte de la Marina y que ofrecen rutas de dificultad media con panorámicas que llegan hasta el mar. Los amantes del senderismo encuentran aquí un punto de partida tranquilo, lejos de las aglomeraciones de otras rutas más conocidas de la comarca.
Fiestas y patrimonio
La iglesia parroquial de San José, del siglo XVIII, es el centro de la vida festiva del pueblo, con las celebraciones de San Francisco de Paula y de la Virgen del Rosario marcando el calendario anual. Son fiestas de carácter familiar y religioso, sin grandes aparatos, que mantienen viva la identidad de un pueblo pequeño pero orgulloso de su paisaje. De la memoria de aquel pasado morisco de los valles aún queda el rastro en las rondallas: en Bolulla, para asustar a los niños, «les mares els deien que eixirà el Moro» (las madres les decían que saldría el Moro).
Bolulla, el pueblo de las leyendas secretas
Hacia 1928, una folklorista de Pineda de Mar, Sara Llorens i Carreres, recogió en Bolulla un conjunto de sesenta y cinco leyendas que presentó al tercer y último Concurso del Llegendari Popular Català. Aquel manuscrito quedó inédito durante casi noventa años, hasta que el filólogo Joan Borja i Sanz lo localizó y editó en 2016 con el título Les llegendes secretes de Sara Llorens: llegendes alacantines (Universitat d’Alacant). Gracias a aquel azar, este pueblo pequeño es hoy una de las fuentes de etnopoética valenciana más ricas que se conocen: leyendas de orígenes, apólogos de animales, cuentos de brujas y explicaciones de dichos populares, todas contadas por los bolulleros de principios del siglo XX.
Una de las más entrañables es la versión local de la fábula del cuervo y la zorra, con un juego de palabras que solo se entiende en la geografía de la Marina:
—Còrb…! oh, Còrb…! De on ets? L’altre, que era de Xàbia, contestà content: —De Xàaabia! —En dient-ho, va obrir la boca, i li va caure la carn.
La gracia está clara: decir «Xàbia» obliga a abrir la boca, mientras que Dénia se puede pronunciar con los dientes cerrados —y por eso la zorra, que era de Dénia, no soltó la suya. Un chiste geográfico que los niños de Xàbia y Dénia, vecinos de la costa, todavía sabrían encajar.
La Penya Alta y el cuervo del pico negro
Del mismo conjunto sale la explicación de un dicho que todavía se dice: «No ens enganyaràs, corb, que tens el pic negre» (no nos engañarás, cuervo, que tienes el pico negro), la frase que se usa cuando uno no se fía de alguien. La leyenda sitúa la escena bien cerca: en la Penya Alta, junto a Bolulla, había un cuervo tan viejo y tan pelado que ya no podía buscarse el alimento. Esperó a que los padres de un nido de pajarillos salieran a cazar, se metió en medio y, cuando volvieron, abría el pico como los demás: «¡Piu, piu!».
Los padres pensaron que era un hijo suyo que había crecido antes de hora, y le llevaron comida durante semanas, hasta que los gusanos, las ranas de las balsas y los pececillos de las rieras se acabaron. Entonces el cuervo viejo se delató solo, recomendándoles un lugar donde él iba a comer cuando volaba. La respuesta de los pájaros es el nacimiento del dicho:
Ja ho havíem d’haver conegut abans, que no eres fill nostre sinó corb, amb aquest bec negre que tens!
Las brujas que tocaban las castañuelas
Entre las leyendas de brujas del conjunto hay una que ocurre dentro de una casa de Bolulla y que lleva nombre y apellido de vecino. El tío Francisco vivía solo y, las veladas de invierno, se sentaba junto al fuego. Al cabo de un rato oía una voz que lo animaba a hacer música con las tenazas:
Tio Francisco Dora, toca amb les estenalles del foc, que nosaltres ja tocarem les castanyoles i la pandereta. —Catxac, catxac, catatxac…
Eran brujas que bajaban por la chimenea y lo querían engañar. El tío Francisco, cuenta la leyenda, tenía mucho miedo y nunca las quiso creer. Pocas imágenes resumen mejor qué era una noche de invierno en un pueblo de montaña antes de la luz eléctrica: el fuego, el humo, y unas castañuelas que no se sabe de dónde salen.
Por qué vuela el murciélago
No todos los cuentos de Sara Llorens hablan de brujas: unos cuantos explican el origen del mundo con el desparpajo de una fábula. El más breve y memorable cuenta que, cuando Dios creó los animales, el Diablo quiso demostrar que él también sabía:
—Pxè! això també ho sé fer jo! I va treballar, treballar… fins que li va sortir un aucell. Era la rata pinyada.
Es un relato etiológico de la «competición de la creación» entre Dios y el Diablo, un motivo bien conocido en toda Europa que, según hizo notar Joan Borja al editar el conjunto, hasta entonces nunca se había documentado en la tradición oral valenciana. Que se conservara en Bolulla dice mucho de la memoria de este pueblo del valle.
Gastronomía
La cocina de Bolulla es la del interior de la Marina: el arroz caldoso, el puchero con pelotas y los dulces de almendra aparecen en las mesas en las fechas señaladas, a menudo acompañados de un zumo de naranja bien fresco, fruta que todavía se cultiva en los bancales de alrededor.
Más información turística, en la web oficial del Ayuntamiento de Bolulla.
